P O R T A D A       Rostro2, obra digital de Eldígoras.    
      Manuel Garrido Palacios   punto de encuentro
  34 fuego - miscelánea     Metáfora   índice de autores
             
         

 

 

El individuo se levantó esa mañana de marzo, se miró al espejo con idea de verse reflejado y cual no sería su asombro al comprobar que lo que estaba en el cristal era una metáfora. «¡Oiga! -fue a protestar a la Oficina de Inutilidades-, mire lo que me acaba de pasar, que en vez de salir yo en el espejo, sale una metáfora» El de la ventanilla abrió mucho los ojos y le respondió: «¡No me diga! Ahí donde lo ve, su problema tiene que ser cosa de la política. Firme aquí», y le dio un impreso EA245 barra 12 para que estampara nombre y rúbrica con tal de hacer efectiva la protesta. Cerró: «Por lo menos, ya tenemos algo»

Al día siguiente vino un político al pueblo a dar un discurso adormecedor y nada más abrir el turno de preguntas para la prensa, el individuo se adelantó y se lo puso crudo: «¡Oiga, sepa que usted es el culpable de que yo parezca una metáfora!» El de la tribuna quedó confuso. Sabía por sus correligionarios que era plomizo en sus exposiciones y que por más que se frotara las manos no mejoraba, pero, vaya, de eso a convertir en metáfora a un contribuyente y posible votante, mediaba un océano. Así que quedó perplejo y sin habla hasta que los de la porra sacaron del local al metafórico subversivo.

Cuando durmió su metáfora fue de nuevo a la Oficina de Inutilidades y le contó al de la ventanilla lo que le había pasado: «Fíjese» añadió para que el otro catara lo que imponía decir las verdades a quien se terciara. Y allí mismo le propuso formar un nuevo grupo político para luchar contra estas arbitrariedades y presentarse a las elecciones con siglas frescas, uno como líder y otro como lo que fuera. El de la ventanilla lo miró atentamente y pensó en voz alta: «Ese espejo es la leche; sabe más que nadie; este señor es una metáfora andante». Y para ayudarlo a desmetaforizarse le dio a firmar otro impreso, el 786g barra 44, con lo que lo despidió «Adiós, muy buenas» y le dijo que volviera por allí pasada una década en horario de mañana.

*

Al cabo de los diez años el individuo regresó, ya acompañado de su santa y de sus retoños, futuros metaforitos y leales pagadores de impuestos, a preguntar qué había de lo suyo. El de la ventanilla lo reconoció y, como parece ser que, a pesar del tiempo, le había tomado afecto, abandonó su puesto de trabajo para ir a tomar un cafelito con aquella metafórica familia. Pero al volver cada mochuelo a su olivo, o sea, el hombre metáfora a su cola y el de la ventanilla a su marco oblongo, éste buscó en los archivos la resolución habida y le dijo con gesto mustio: «Lo siento; aún no ha sido resuelta su queja porque hay delante de usted millones. No se preocupe y espere otra década, a ver si se desmetaforiza esto, porque el buen desmetaforizador que lo desmetaforice, buen desmetaforizador será». Él respondió: «No, si ya me lo figuraba. Vine mayormente a presentarle a mi santa y a los niños por si ellos pudieran ir firmando los impresos y así adelantar fechas para el día que se sientan metáforas y vengan a protestar»

El de la ventanilla aceptó tan inteligente medida y todos se felicitaron por esta solución que prometía un futuro esperanzador.

   
             
          Manuel Garrido Palacios Datos sobre el autor   foro de opinión
  PORTADA                       fuego - miscelánea   inicio de la página