P O R T A D A                 Detalle de una fotografía de Carmelo Raydan.    
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En una ocasión, existió un gran vacío donde circularon unas cuantas partículas subatómicas en forma de cuerdas, tan diminutas, como lo inimaginable. De pronto, dos de ellas coincidieron frente a frente y surgió una concentración energética apenas un poco más grande que la nada misma, era universalmente insignificante pero en su interior contenía inconmensurables densidades de energía, luego se rompió y nació nuestro universo. El movimiento estuvo presente antes del Big Bang e inmediatamente después decidió transfigurar a la energía.

El instante surgió de temperaturas y densidades inconcebibles para el discernimiento humano. Todo aquello que es, emanó de un movimiento que disparó partículas subatómicas a velocidades superiores a las que suele viajar nuestra imaginación, transgredieron al horizonte y el plasma energético que las acompañaba, cubrió lo inconcebible.

El universo desaceleró su expansión y surgieron movimientos sincopados que propiciaron encuentros entre partículas que a su vez formaron moléculas y, juntas, construyeron los primeros átomos de hidrógeno y de helio que inmediatamente decidieron agruparse para enfrentar con dignidad a la innombrable fuerza del vacío… nosotros, somos el polvo de aquellos eventos.

Para nuestro nivel de conciencia, el movimiento es la certeza, la verdadera intención de la voluntad humana y lo que da sentido a nuestras vidas. Las diferentes interpretaciones del movimiento han determinado los criterios, las conductas y las conciencias de las civilizaciones. En nuestros soles, el conocimiento científico y la observación de nuestro entorno nos permiten reconocer que nos ha tocado vivir en un universo caníbal: en el macro, las galaxias y las estrellas se devoran entre sí y en el micro, las bacterias también practican el canibalismo. Los chimpancés, las iguanas, las ardillas, las gaviotas, diversos árboles como los pertenecientes a la familia Ficus, así como las sociedades antiguas y algunos pueblos contemporáneos en Nueva Zelanda, todos fueron y son… caníbales.

En el mundo de razón encontramos ritos religiosos como la eucaristía y juegos infantiles como las mordidas que nos remiten a la atávica tendencia humana de devorase los unos a los otros. Entre los mexicas era un honor obtener un brazo de un enemigo y crónicas franciscanas nos permiten concluir que el Pozole (sabroso caldo mexicano preparado con granos de maíz, carne de cerdo, verduras y especies) original, llevaba carne humana. Apenas 15 generaciones atrás, nuestros ancestros mesoamericanos interpretaron al movimiento del Sol de manera religiosa y tuvieron conductas violentas.

Ahora nos devoramos de manera diferente, en el ámbito social la conducta machista de mujeres y hombres reconoce a la simulación como un anzuelo que permite comerse todos los días a "los otros". En el ámbito emocional, nuestra tendencia a la individualización ha propiciado que se vea "al otro" como "a un ajeno" de uso y desuso, en consecuencia: los espejos se están opacando.

En un ensueño, un aliado me comentó cinco realidades del movimiento: La primera determina que en nuestro universo caníbal no hay espacio para los espíritus débiles. La segunda explica que la añoranza es una pérdida energética tanto en lo individual como en lo colectivo; lamentarse por las pérdidas significa no haber entendido y asimilado las esencias y las carencias propias de nosotros, los animales espirituales. La tercera nos invita a valorar la conveniencia del reposo; deteniendo nuestra voluntad y pensamientos, logramos descifrar los ritmos de la evolución de los seres y de las cosas. La cuarta entiende al tiempo como una abstracción humana que descubre ritmos y secuencias en el movimiento, luego nos abordan las experiencias, las expectativas y las perspectivas. La quinta realidad del movimiento declara que la fuerza de nuestro espíritu determina la permanencia de nuestro ser en el universo caníbal.

Al despertar me di cuenta de que la autocompasión es muy peligrosa porque bordea los enjambres de la simulación, el verdadero guerrero prescinde de los ojos de "los otros" y al mismo tiempo los ama infinitamente ya que está consciente de que el movimiento los ha puesto enfrente de él para que a través del reflejo de miradas, palabras e intenciones, se acreciente la conciencia humana; intuyo que ese resplandor es uno de los sentidos profundos de la vida.

Al inicio del siglo XXI de la era cristiana los seres humanos, orondos y tecnificados, hemos transformado la materia y al medio ambiente simulando tener el control del movimiento, sin embargo, nuestras sociedades industrializadas se mueven hacia su autodestrucción por la insalvable brecha de la inequidad, la sobrepoblación y los cada vez más violentos reclamos de la naturaleza. Estamos en el filo de un trampolín, el salto es inevitable, lo que interesa ahora es la manera en que vamos a caer y cómo nos adaptaremos a la decadencia. El desarrollo de la Historia indica que "la esperanza muere junto a las buenas intenciones". La condición humana se caracteriza por confrontar "al otro" y si no estamos permanentemente conscientes de ello, es gracias a nuestra infinita capacidad de hacernos tarugos. La simulación recrea realidades-fantasmas que circundan a la realidad del movimiento, ello nos conduce a un diálogo mental de justificaciones y expectativas que se nutre del engaño por haber nacido en la contradicción.

El movimiento no es positivo ni negativo, es. Carece de una verdadera intención, se encuentra más allá de las promesas y de los deseos, tan sólo se mueve y nosotros con él. En un instante por venir que de hecho ya sucedió, las estrellas se alejarán unas de otras, toda energía tangible, oscura o luminosa terminará por separarse de las demás energías hasta el punto de alejarse de sí misma o sucumbir a una implosión, el vacío cubrirá casi todos los espacios y quizá dos partículas en forma de cuerdas se encuentren frente a frente, creen una concentración de inconmensurables densidades energéticas y nazca un nuevo universo, yo no lo sé de cierto, todo depende de la intensidad del movimiento.

   
             
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