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En esta clase voy a hablar de la obra de tres clásicos
de la literatura universal: Cervantes, Shakespeare y del creador
del personaje de Ulyses...
¿...?
No me digan que no saben quiénes son...
¿...?
No puedo creerlo... está bien, olvídenlo. Voy
a hablar de, de... de ustedes anunció el profesor
sacando un pañuelo de tela de la bolsa trasera del
pantalón. ¿Les interesa que hable de ustedes?
desplegó el pañuelo con rápido movimiento.
Estoy seguro que les interesa. Si me preguntaran por los jóvenes
de hoy, menos de dieciocho años, diría que...
el pañuelo voló a la nariz, diría que
se sonó, el rasgo más destacado es marchar
hacia una nueva moral, la moral de la noculpa el pañuelo
se replegó al tamaño de un puño y regresó
a la bolsa trasera del pantalón.
Se los explicaré. ¿Están de acuerdo con
que se los explique?.
Profe intervino un alumno ¿es cierto que
en Argentina fajar se dice franeliar?
Cayáte vos, dejáte de joder, che otro
alumno.
La moral de la noculpa prosiguió
el profesor. Antes el tipo cometía un crimen,
venía a resultar que tenía suerte y escapaba
a la justicia. Pero no a su conciencia. Si quieren conocer
el prototipo de aquella moral, les recomiendo leer la novela
Lord Jim de Conrad.
Profe, está lloviendo un alumno.
¿Está yo-viendo? otro le hizo eco,
no sabes hablar, se dice estoy yo-viendo.
¿Llo-viendo? No veo cómo yo pueda llover.
Allí, en su conciencia la voz del maestro apagó
la polémica, estaba instalada la culpa como un segmento
listo a activarse, a dar lata, dirían ustedes. Y el
tipo, a pesar de haber escapado al castigo, no podía
vivir tranquilo. Y ni qué hablar si era creyente. Era
preferible pagar aquí, en la tierra, sus deudas, y
no en el más allá. Y un buen día, no
soportando más el peso de la culpa, el tipo corrió
a confesar todo a la delegación. Y esa noche, entre
rejas, por fin pudo dormir tranquilo. O bien el sujeto se
encargaba de dejar un indicio acusatorio. Ya el dicho "el
asesino vuelve al lugar del crimen" estaba sancionando
la imprudencia como acto fallido. Hoy, cuando la mayoría
de los delitos queda impune, la mala conciencia ya no dice
"el que la hace la paga" sino: aprovecha la situación
no seas... bueno, no seas pendex, digo, para que me entiendan,
bueno, no te dejes agarrar, cuida bien de no dejar indicios,
no me vengas con acto fallido ni nada. En rigor, la mala conciencia
se ha jubilado y en su lugar...
Profe, el alumno Maracachimba me está molestando.
Él empezó primero se defendió el aludido.
En el hogar de mis padres prosiguió el profesor bastaba
una mirada severa para anularme porque, como digo, la culpa
estaba ya instalada dentro mío, dentro del niño
que entonces era, lista para activarse. Pero ustedes han reaccionado
frente a ese manipuleo de las conciencias. ¿Pecado
original? se han preguntado. Y contestado: de lo que menos
somos culpables es de haber nacido. Y yo los comprendo, los
culpables son gente del segundo milenio cristiano, ya expirado.
Profe, voy al baño.
Y bien prosiguió el maestro, la
moral de la culpa está en crisis. Para muchos, cede
su lugar a la contraria, la moral de la noculpa. ¿Saben
qué es eso? Se los voy a explicar. ¿Cometí
un crimen y quedó impune? Qué bueno. Soy doblemente
feliz: me di el gusto de hacer daño, de ser violento
con el otro y, si he tenido suerte, con crueldad; y luego
hice pendejas dirían ustedes y no encuentro mejor
expresión a las instituciones. O triplemente
feliz: obtuve, además, sin mayor trabajo, un beneficio
del crimen, sea pecuniario o en prestigio. Soy culpable si
me agarran, soy inocente si no me agarran.
El alumno Maracachimba se echó un pedo, yo lo escuché
dijo el que se sienta al lado.
Y yo lo olí dijo el que se sienta atrás.
Luego les escribo la bibliografía en el pizarrón
anunció el maestro. La llamada generación
ye, a la cual ustedes por edad pertenecen... bueno, les
decía de la bibliografía, vamos a trabajar con
una novela que, a pesar de pronósticos negativos, fue
editada y obtuvo un éxito espectacular, novela que
seguramente ustedes ya conocen, donde el autor se describe
como un caso patológico de culpa, yendo a tocar a las
puertas del suicidio. Naturalmente, estoy hablando de El
buen perdedor de Marcos Winocur.
¿
...?
Se escribe con doble u aclaró el profesor.
Entonces, es Uinocourt.
No, el maestro dijo Betancourt.
¿Betancourt con Be grande o Vetancourt con Ve
chica?
Betancourt con doble u.
¿Con doble u? Entonces es Winnipu.
Uilson, el maestro dijo Güilson.
Un caso patológico de culpa y autopunición repitió
el profesor. Y bien, para el nuevo criterio, un acto
es moral si escapa el castigo. Pero puede suceder que las
cosas me salgan mal, y me descubran. Entonces sí, me
siento culpable y arrepentido. Y lo demuestro en cada una
de mis actitudes, en cada uno de mis gestos. Naturalmente,
forma parte de mi defensa, me lo aconsejaría cualquier
abogado, y no es necesario que lo haga: me surge espontáneamente,
me siento culpable de veras, no estoy simulando para obtener
la absolución judicial o la más baja condena.
No, al punto que es entonces y sólo entonces
que llego a plantearme el suicidio como forma de expiación
y como salida a una situación agobiante. Culpa y arrepentimiento
son gatillados cuando estoy entre rejas, no antes. Caso contrario,
si no soy descubierto y penado, vivo feliz, me siento soy
inocente. Y ahí reside la distinción entre el
bien y el mal, según esta nueva moral. Ultimamente
el cine, pienso en Asesinos por naturaleza,
también en un filme de Woody Allen, creo que se llama
Crímenes y pecados, y desde luego Dostoievski,
el novelista ruso del siglo XIX, Crimen y castigo...
Terminó la hora varios alumnos a coro, mientras la
clase se levanta tumultuariamente.
En suma la lección acaba ante el aula
vacía, y a manera de conclusión, cabe
plantearse: ¿es la nueva moral un síntoma aberrante
más, indicador del próximo fin de la especie
humana?.
Y todavía, una cuestión accesoria: ¿valía
la pena habérmela jugado para terminar preguntándome
eso, nada más que eso?
El
viejo profesor recoge su portafolios luego de echar una mirada
a su alrededor, y sale. Cruza el patio donde varios alumnos
lo saludan:
Adióóós, profe, adióóós.
Y
más lejos sigue la polémica:
¡Winnipu!
¡Güilson!
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