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Luis Benítez
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  38     Antología poética.      
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De BEHERING Y OTROS POEMAS
Ed. Filofalsía, Buenos Aires, 1985.
Cuadernillos del Zopilote, México D.F., 1993.

 

BEHERING

 

En cada uno de ellos era muchos un hombre.

Eran más todavía. Traían la industria de las armas

y el reno rojo, como un bosque ondulante

y detrás el lobo que, en una mañana ya añejo,

sería el perro de la hoguera y de las sobras,

el sirviente blanco.

Eran muchos, no un hombre.

Vagos sus nombres

se referían al viento y a los tótems,

a un hecho que pasó en un nacimiento,

el deshielo que ahogó

o el meteoro fugaz que ardió en la tundra

o la muchacha audaz que en mar abierto,

salvó a su hijo de la cólera brutal de la ballena.

Sus dioses eran el salmón

que cada año retorna como el año

y que va al mar y el oso pardo,

una montaña que muge

y que el filo de lanza abate,

y el pesado bisonte y el tigre rayado,

que se quedó en Siberia

y que la manta del navajo evoca:

extranjeros, ellos serían América,

la múltiple figura que no supo Balboa y que Pizarro

abandonó a la imaginación de un franciscano.

De hueso, no de madera y de noche

serían sus dioses ni de la piedra

que labran los pueblos de una tierra supuesta,

entre la niebla de sus transmigraciones.

Eran crueles y antiguos como el Asia;

fundarían imperios en la aurora y en México,

reinos en Bolivia, fortalezas

donde un signo inequívoco mostrara

la voluntad de estos dioses:

un águila en el aire arrebatando la serpiente,

un árbol singular, como un recuerdo

de las llanuras heladas y el Mar Blanco,

que ya sólo evocaban los viejos moribundos

y el Sueño, que es eterno.

Alzarían Tenochtitlán, el Cuzco

y el enigma silencioso, Tiahuanaco,

en la isla de Pascua graves rostros

que contemplan todavía su gran marcha;

otros, sin embargo, volverían

al corazón de las selvas y al olvido,

como los muertos al pasado,

al país de la cuna y de las tumbas.

Mañana, todavía, aún faltaba,

nuevos extranjeros alzarían

ferrocarriles, calles, edificios,

calendarios regidos por el sol y no la luna,

venidos de otros Beherings y otras fechas,

en nuestras claras ciudades, oh ingenuas tierras,

seremos siempre dobles:

uno solo y muchos, hombres de ninguna parte.

 

 

 

 

 

CONVERSACIONES

 

La historia de las constelaciones

grabada en el brillo de una hoja:

quisiera leer la hoja

y recordar aquella forma

de donde nos desprendimos

los seres y las cosas.

Y antes de que nos devore la Gran Noche

oír su nombre,

por empañar la orgullosa oscuridad

con el ardiente sonido de la luz, al quebrantarse.

 

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