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Fulgencio Martínez
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  37     Poemas de Indicios de SÚptimo Alba.    

Poemas de
Indicios de Séptimo Alba

 
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VASO DE NEPTUNO

Bagatela a Jeanine Alcaraz

(Noche de san Pedro, en el campo de Cartagena)

Polifemo no estaba allí.
Su sitio lo ocupan ahora las ortigas
y la jara, de brazos perezosos,
la hierba perenne y el rumor del mar.

El viento, el sol, la hierba
estaban en su sitio;
pero no el vaso que contenía a Neptuno.

.Tras las mareas el hipo del cíclope
creíamos oír,
y las manos confundidas
nos acercaban el rastro
de una respiración remota.

No tuvimos miedo acaso una vez
y fuimos preguntando a las nereidas
en dónde despertaba Polifemo,
en los ganglios del cuello o de la cara,
en el hueco de la axila o en la ingle.

 

 

 

 

 

 

Viento de lija, tribus sonoras
de cintura verde y caminos con rebaños
fuerzan mi corazón a tomar la palabra.

Obligan a mi corazón
a decir palabras azules,
voces en el desierto azules,
azules también sus ecos y los ecos de sus ecos
azules como el mediodía blanco.

Yernos sin dolor ni pasado quiero
para mis hijas que duermen en la flor de un día.

 

 

 

Poemas de Indicios de SÚptimo Alba.

 

 

 

IGNICIÓN ESTÉRIL

( Fuera de tu bosque )

Era un cavilar a oscuras
sentenciado con otros esclavos.
Un destello, a veces, que me hablaba
y no me suscita experiencia
con que descifrar la fatalidad.
No obstante, íntimo, celosamente
guardado entre las letras
de mi monograma
o entre el polvillo con que firmo
cada día mis pensamientos.

No obstante así testigo autorizado
que me busca las pulgas al descubierto
debajo de mi escafandra reglamentaria.

Cuando se trataba de rubricar de orate,
de firmar un pacto con ellos,
era una pirueta continuamente forzada
- esforzábame yo
en un giro sobre mí mismo sin tema,
sin fondo de cuadro, en la soledad mástriste:

la sentida rodeado de supuestos amigos
sólo ataviados para el torneo verbal,
sólo curiosos de una prudencia provisional,
enana, aldeana, que me punzaba
en la puerta del estómago como un veneno.

Sublimar todo eso: escribir al precio
de enterrar mi tirso
para retener mi hilván conmigo, era
excesiva lana la que perdía
en la trapatiesta con ellos:
al volver a mi monodia oía siempre
la munición tardía de mis palabras
fuera de contexto, la pira difunta,
la espinosa pira en la que oficiaba yo solo
rebatiéndome igual que ante el destino,
arguyéndoles y expulsando sus toxinas.

Una plasta estéril sobre la que
una grafía de retirada
iba poniendo ya
en medio de otro asunto ponzoñoso.

Me hubiera despreciado entonces
interactivar con sus tentativas,
sus dobles juegos, sus astrólogos,
sus autohalagos dirigidos en sordina hacia mí
para suscitarme picazones, y el final
halago calculado que me dispensan
generoso viniendo desde su grada imperial,
pronunciado, sin duda, sinceramente
tratándose de una lisonja,
pronunciado
no dicho con calidez.

 

 

DESDE TU BOSQUE

(dentro)

Una ignición estéril. no era yo
fuera de tu bosque, aunque en el limen
externo donde aún sentía
tu amor titánico y mi rival,
tu ritmo desordenado
y el timbre de mi fiebre.

Aquellos espectros de antes
no contaban mucho ya
- les di la suelta sólo
para tamizar los verdaderamente feroces.

Y ya en mi almendra siento el golpe
agudo y penetrante de los celos.

(En todas las sospechas y señales,
en todos los nudos estás tú amor mío;
contra más el hueso se vuelve cartón
he observado que arde con más deseo.

Me he observado ardiendo en tu tope
cada día con más anhelada clarividencia,
hasta cada vez más un tumultuoso extremo
irregulable con metadona, irracional, optimista)

 

 

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