I
DISTINGO en el paisaje
la imagen de otra vida
entregado a mí mismo, a contemplarme
contemplando las cosas que eran mías
y no lo son ahora. La distingo,
mas no personifico
su propio resplandor con mi silueta.
Todo se ha transformado y ya no encuentro
formas que sobrevivan
a aquél que fui y que ahora simbolizo.
Ha desaparecido aquella imagen
al verse reflejada en el paisaje.

II
NO sé qué contemplar cuando no hay nada
que contemplarse pueda
ni qué hacer del deseo que nace
ansiando contemplar. El laberinto
se ha tornado prisión, el paisaje
se ha tornado rutina,
mas yo siempre soy yo,
nunca dejo de serlo si el paisaje varía,
nunca cierro los ojos e imagino otra vida
porque, al cerrar los ojos, acude a mí lo onírico
y torno a ser un sueño que nunca sueña nadie
o, si lo sueña, no sé que lo sueña.

III
NO hay mar en mi memoria, sólo lluvia.
Lo inabarcable no es más que un producto
de mi imaginación y de mi sueño.
Lo impuesto se ha adueñado de mí mismo.
Mi voluntad: empeño de escapar
de aquella imposición,
velar por lo que es ido
y hacer de lo presente anhelo desbordado.

IV
TRAS de mí hay un espejo
que si me reproduce
siempre lo hace de frente.
No ignoraré tu voz porque es tan mía
como podría serlo este poema.

V
A mi lado hay un muro
que se acerca y se aleja,
que no desaparece.
Este muro no es ninguna obsesión.
Este muro me impide contemplar
aquello que no existe.

VI
AHORA el sentimiento es sólo nudo.
Ya no estoy en el centro.
Nada, apenas, conservo de un ayer
casi resplandeciente.
Ayer que en su momento no lo fue:
lo trágico del tiempo subvertido.

VII
HE de evitar que el tiempo me consuma
al tiempo que de sí pierde consciencia.
Lo aciago de una vida es su mudo transcurso,
su ciega inmediatez descorazonadora.
Es lo aciago de ella y mi silencio
que ahora asiste a su muerte, que renace.

VIII
¿QUÉ me debe el instante
que me huye de esta forma?
Si de pronto lo apreso
no se detiene el tiempo,
despierto transcurridos
varios días de ensueño
ya por siempre marchitos.

IX
NO me es posible ser
espectador pasivo
contemplando este mundo desde fuera.
Estoy fundido en él y mi desdicha
se nutre de este hecho irrevocable.
Si me afecta la muerte de las cosas,
más me afecta la vida que me obliga
a no identificarme con sus causas,
a no identificarme con sus fines.

X
NO intentes ver tan lejos que tus ojos
se pierdan, como estelas, por el cielo.
A tu lado, aquí mismo, hallarás todo:
el placer añorado y el castigo.

XI
SI he de hallar la pregunta en la respuesta,
¿de qué me sirve el grito permanente
que a cada paso escucho que pronuncia
la sentencia sin fin de mi bautismo?

XII
JAMÁS un sueño fue tan irreal.
Lágrimas sin mesura
surcaban mis mejillas.
Sé que no era dolor,
tal vez sólo era llanto,
un llanto largamente contenido.
Sentí, después, una alegría inmensa:
yo no era aquél que había fenecido.

XIII
IMPOSIBLE es sentir
la luz del sol de súbito
que acaricia mi frente
como algo novedoso,
antes nunca sentido.
Imposible es mutar lo ya sentido
en la esperanza ansiada de una vida
por fin eternamente repetida.
|