P O R T A D A        
Antonio Redondo Andújar
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  37     De lo imposible de un presente eterno.    

De lo imposible
de un presente eterno

 
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I

 

DISTINGO en el paisaje

la imagen de otra vida

entregado a mí mismo, a contemplarme

contemplando las cosas que eran mías

y no lo son ahora. La distingo,

mas no personifico

su propio resplandor con mi silueta.

Todo se ha transformado y ya no encuentro

formas que sobrevivan

a aquél que fui y que ahora simbolizo.

 

     Ha desaparecido aquella imagen

al verse reflejada en el paisaje.

 

 

De lo imposible de un presente eterno.

 

 

 

II

 

NO sé qué contemplar cuando no hay nada

que contemplarse pueda

ni qué hacer del deseo que nace

ansiando contemplar. El laberinto

se ha tornado prisión, el paisaje

se ha tornado rutina,

mas yo siempre soy yo,

nunca dejo de serlo si el paisaje varía,

nunca cierro los ojos e imagino otra vida

porque, al cerrar los ojos, acude a mí lo onírico

y torno a ser un sueño que nunca sueña nadie

o, si lo sueña, no sé que lo sueña.

 

 

De lo imposible de un presente eterno.

 

 

 

III

 

NO hay mar en mi memoria, sólo lluvia.

Lo inabarcable no es más que un producto

de mi imaginación y de mi sueño.

Lo impuesto se ha adueñado de mí mismo.

Mi voluntad: empeño de escapar

de aquella imposición,

velar por lo que es ido

y hacer de lo presente anhelo desbordado.

 

 

De lo imposible de un presente eterno.

 

 

 

IV

 

TRAS de mí hay un espejo

que si me reproduce

siempre lo hace de frente.

 

     No ignoraré tu voz porque es tan mía

como podría serlo este poema.

 

 

De lo imposible de un presente eterno.

 

 

 

V

 

A mi lado hay un muro

que se acerca y se aleja,

que no desaparece.

Este muro no es ninguna obsesión.

Este muro me impide contemplar

aquello que no existe.

 

 

De lo imposible de un presente eterno.

 

 

 

VI

 

AHORA el sentimiento es sólo nudo.

Ya no estoy en el centro.

Nada, apenas, conservo de un ayer

casi resplandeciente.

Ayer que en su momento no lo fue:

lo trágico del tiempo subvertido.

 

 

De lo imposible de un presente eterno.

 

 

 

VII

 

HE de evitar que el tiempo me consuma

al tiempo que de sí pierde consciencia.

Lo aciago de una vida es su mudo transcurso,

su ciega inmediatez descorazonadora.

Es lo aciago de ella y mi silencio

que ahora asiste a su muerte, que renace.

 

 

De lo imposible de un presente eterno.

 

 

 

VIII

 

¿QUÉ me debe el instante

que me huye de esta forma?

Si de pronto lo apre­so

no se detiene el tiempo,

despierto transcurridos

varios días de ensueño

ya por siem­pre marchitos.

 

 

De lo imposible de un presente eterno.

 

 

 

IX

 

NO me es posible ser

espectador pasivo

contemplando este mundo desde fuera.

Estoy fundido en él y mi desdicha

se nutre de este hecho irrevocable.

Si me afecta la muerte de las cosas,

más me afecta la vida que me obliga

a no identificarme con sus causas,

a no identificarme con sus fines.

 

 

De lo imposible de un presente eterno.

 

 

 

X

 

NO intentes ver tan lejos que tus ojos

se pierdan, como estelas, por el cielo.

A tu lado, aquí mismo, hallarás todo:

el placer añorado y el castigo.

 

 

De lo imposible de un presente eterno.

 

 

 

XI

 

SI he de hallar la pregunta en la respuesta,

¿de qué me sirve el grito permanente

que a cada paso escucho que pronuncia

la sentencia sin fin de mi bautismo?

 

 

De lo imposible de un presente eterno.

 

 

 

XII

 

JAMÁS un sueño fue tan irreal.

Lágrimas sin mesura

surcaban mis mejillas.

Sé que no era dolor,

tal vez sólo era llanto,

un llanto larga­mente contenido.

Sentí, después, una alegría inmensa:

yo no era aquél que había fenecido.

 

 

De lo imposible de un presente eterno.

 

 

 

XIII

 

IMPOSIBLE es sentir

la luz del sol de súbito

que acaricia mi fren­te

como algo novedoso,

antes nunca sentido.

Imposible es mutar lo ya sentido

en la esperanza ansiada de una vida

por fin eternamente repetida.

 

       
       
       
       
       
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