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A LA DERIVA
Danza
en el agua, espíritu de piedra,
y déjate llevar arañando
la epidermis del río.
Una huella ligerísima,
en cada instante a la justa medida
del hoyo de un poeta en la pared.
Tendrás
que discernir entre el rumor
de las aguas regulares
y el silencio del cuerpo que al hundirse
arrastra hacia el fondo avaro
el secreto de la piedra, consistente
en saberse capaz de ser incienso.
Entonces,
danza y deja te acarree
ese líquido abrazo hasta el mar
primigenio, derivado en las personas
todas y los tiempos todos;
porque has de ser, en las plurales voces,
espíritu de piedra a la deriva.
MI JARDÍN
Me
insinuaste: olvidarás
de las flores el color
y el olor, jamás sus voces.
En
el canto de ese instante,
es mi soledad jardín
donde cultivo silencio.
UN DÍA
Abrió
los ojos
y descubrió la sangre,
humor y pajas.
ROBERT
No
basta el intentar pensar en sexo
para poder dormir sobre la muerte.
Ni
plumas ni baquetas ni pinceles
fueron la llave.
Escupir
al viejo de los suculentos senos,
su lactante cocodrilo;
andar rodando piedras en la noche
sobre el techo del vecino;
flotar desnudo, las venas
de sueños y hongos cubiertas,
no salva.
La
escaramuza de un amor perfecto
y el regreso a las cadenas,
tan pesadas cuan eternas.
En
un rincón del mundo castigado
por tener tanto mundo en tu cabeza.
De cara a la pared; a espaldas, todo.
Allí
te quedarás y para siempre
y buscará mi mano mucho tiempo
al gato negro en tu obscuro dominio,
dudando de su lúgubre existencia;
por el vivo dolor de haber servido
la amistad, al fin y al cabo,
para nada.
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