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      André Cruchaga   punto de encuentro
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Final de viaje

Ya sin dolores, sin recuerdos, sin nada.
Ir en paz, ebrio, abriendo otros caminos.
Ya con quietud, sin esperar la alegría;
Ya por encima del asombro, la levadura y la arcilla
Llega la hora y la bóveda de todos los impulsos,
Llega a su fin el combate contra las montañas.
Ya sin la posibilidad de segar fantasías,
Ya despojado de todas las nostalgias y poseso de olvidos,
Uno puede emprender la libertad del viento
Con la plena conciencia de verse ante los espejos.
Ya asida la tierra por los poros, no hay desamparos,
Ni teorías que transgredan las ventanas.
Heráclito* sangra a estas horas junto al otoño.

_______
* Heráclito de Éfeso (nac. ca. 544 [fl. 504 -501])

01082004

 

 

 

Para toda la muerte

He muerto ya. Y sin embargo, te recuerdo
En los inviernos de agosto. Cuando la lluvia enciende pañuelos
Eléctricos. Otra vez te veo en la misma ínsula:
Cedros, guayabos y la calma ardiente de la melancolía.
La luz de los recuerdos vela tu cuerpo. Los velámenes
Del horizonte. El corazón azota. Hay vaho de pájaros.
He muerto ya. Y esto es desde el halo presentido
Del eco de los pensamientos. Desde allí alguien
¿aunque estés lejana? nos adhiere a la batalla
De fundir cuerpo y emociones. De sonar campanas
Y seguir al viento abrasados por la hoguera.
Al igual que todas las cosas morimos. No cabe duda.
Al igual que todos gozamos como seres normales.
Ariadna* es poderosa. Ella nos muestra el espejo:
Su órbita de cristal. Su propio hilo de luna desnuda.
Esta es otra vida. Tus labios con sudor humano me pronuncian.
No sé si hasta las ventanas penden de un hilo,
O si para toda la vida basta un solo amor.**
Esta piel antigua no cesa de derramar soledades
Como un sofá enfriado por el uso y el olvido…

_________
*Se refiere a la hija de Minos, que dio a Teseo el hilo con cuya ayuda consiguió salir del laberinto, después de matar al minotauro.

**Hace alusión a los siguientes versos del poeta español Luis Rosales: "…Para toda la vida no basta un solo amor, / tal vez el nuestro sea para toda la muerte…"

 

 

 

Por el filo del cortejo

La muerte es un mundo, no sólo palabra.
Difícil su existencia vestida de vida.
Esta experiencia nos da una lección final:
Volver al vacío, borrarnos, fundar otro vocablo.
Ella se deja ver entre la argamasa del secreto:
Legión insomne de sueños. Ramas de luz invertidas;
Antiforma hilando surcos parecidos al desconcierto.
La muerte me trae las raíces auscultas de la memoria:
Imágenes de las cosas desprendidas de mí,
Palabras supurando desde la profundidad de las nubes,
Gangrena y agonía parecida a la historia
Y un sosiego perceptible por el filo del cortejo.
La muerte, transmutación o reminiscencia, no lo sé.
Me dice entre su hipnosis, aquello con vida;
Aquello extraviado por los intervalos de los puntos suspensivos.
La muerte tiene su propio oficio. Su propio mundo.
Su lenguaje. Su tipografía de abismos.
A mí no me queda más, siendo parte de mí, verla en indicativo:
Conjugarla en las propias redes del presente.

 

07082004

 

 

 

De par en par la muerte en el camino

De par en par el camino abierto y la muerte tropezando
Contra el aire y la misma muerte y la misma vida.
Dentro del pensamiento calendarios con insomnios,
Horizontes con hipocampos entre escombros,
La luna con sus gusanos de luz, con su sexo de gaviotas,
Desgranando gemidos en los petates del cielo.
En este hueco del que huyo retumban tus brazos,
La última caricia quizá sobre el dolor de la carne.
Abierto el camino, al acecho, como tus ojos, nada se detiene:
Sé que la vida, de vez en cuando, es un manicomio
De espejos. Espejos densos como la noche que abre su herida
Y nutre de cruces mi lenta ansiedad y mi duro deseo de vida.

 

 

 

Soñamos tanto para morir

Hoy, el aliento de la muerte no ha tocado las ventanas.
Pero su brisa se deja sentir en los huesos.
Todos los días declinan en ceniza.
La luna resbala sobre los rieles de las sombras.
Desde siempre temí a este cofre extraño
De delincuentes, agonías y periódicos.
En vano soñamos con rascacielos para morir:
Horizonte de gaviotas, música de Hendrix,
O una suite de tres estrellas en Nueva York.
¿Pero quién, realmente, le gana la partida a la muerte?
Aves sin voz moviendo cortinas. Bruma entre redes.
Nadie sobrevive aunque arrastre la hojarasca de la metafísica.
Nadie porque somos siervos de su carruaje.
Nadie aunque se propague el ilusionismo de la vida eterna.
Hoy, por suerte, he podido gritarle a los confines
Y sacudir las ventanas y tirar mis dos mil años
De abismo al roto péndulo del océano.

 

 

 

Fuera de circulación

He llegado a mis inseguridades definitivas.
Aquí comienza el territorio…

Roberto Juárroz: Sexta poesía vertical, poema 8.

Cuando entramos a ese trance de ya no ser,
Se nos pierde la mirada en el horizonte,
Se inunda el corazón, las ventanas desaparecen,
Y el amor nos quita sus zapatos.
Cuando el río de la vida languidece,
Las sombras aparecen en el vacío.
Ya no hay lugar para ver rostros,
Ni la luz de las palabras,
Ni es posible abrir los armarios de la memoria.
Cuando el tiempo se vuelve intraducible,
Es imposible volver a los mismos aposentos:
A uno lo invade el mimetismo de los sentidos
Y la forma de no ser uno. El del origen,
Sino, sencillamente, el de la muerte.

 

 

 

A pena tan esquiva, la muerte.

Tome tierra, que es tierra el ser humano*
Luis de Góngora

Sombra ardiendo en cuerpos fríos.
Prisión enamorada, herido beso en silencio.
Nube que pasa con sus ojos negros:
Calla. Aguarda. Mineral del suspiro.
Telón sin más, que detiene y calla el aliento.
Surco donde los bueyes deshabitan su lengua
Y desandan ciegos la memoria.
Ya "no me aflige morir": El mar invade el camino;
Ni pretendo asir el eco tumultuoso de la vida,
Ni buscar los resortes del día,
Cuando sé que el hálito es un gran abismo
Donde las venas ostentan una sordera de montañas,
Y el tiempo es cadáver de humo; la noche, ceniza…

_______________
* Último verso del 2.º terceto correspondiente al soneto:
"En el sepulcro de la Duquesa de Lerma".

 

 

 

Eterno juego en los ojos

En los embarcaderos nos engaña el aroma
De las algas vencidas de los peces amargos…

Roque Dalton*

Una plegaria dulce palpita alrededor de los féretros.
La muerte es un sonido que espero
Entre esta prisa de vivir bajo la zozobra
Y una casa con sus techos caídos.

Siempre sentí su piel debajo de las sábanas.

Era una luz ensimismada tocando la medianoche,
Picoteando los nervios con su polilla,
Invadiendo el espíritu de espesa neblina.

Es la hora, pienso.
El instante de esa hora que se torna en nada.
La vida en un viaje a cero,
Fin del hábito del cuerpo de transitar
Sin caer en esas lentísimas campanas del vacío.

Es la hora, pienso.
Siento sus labios como los pies la espuma del mar.
El rostro tiene ese perenne adiós de madera quemada
Y el filo de un relámpago sobre las rocas.

Está aquí, humeante sobre la ventana.
En un segundo me vi en ella,
Habitante de ella junto a Sansón o a Job,
Sobre dólmenes, criptas o, simplemente mausoleos.
Eran ellos y yo, todos los muertos
Habitantes subterráneos del fuego,
De peces siderales con lámparas sangrantes.

Era yo cuando la sangre penetró otro espíritu.
Era yo frente a las luciérnagas del vacío.
Sigo siendo yo, es verdad, con otro corazón
Entre labios fugados
Y una soledad con osamentas.

A fin de cuentas, este es el hilo transparente de la realidad.

____________
*Variaciones sobre el libro: El mar (poema II), colección Laura, La Habana, 1962.

 

 

 

"Destrucción, tú me has hecho"

Me duele saber que la vida encarna oscuridades.
Encarna luz, clavos y maderos.
Adonde va le sobrevive un cielo de pájaros negros;
Los ojos de la lluvia ciegan sus alas,
La lengua de la piel transpira fantasmas.
¡Qué muerte vive entre mis manos!
¡Qué noche se va haciendo en la piel y la mente!
Con mis últimas ropas, la espera es inmensa;
La oscuridad, atroz. La luz, innecesaria
Cuando la mirada está inerme y el sonido
Calla como un toro en desbandada.
Ah, destrucción, tú me has hecho
Cada instante bajo el fuego ensimismado de las sábanas.
Tú, boca de tizne. Tú, saliva hambrienta de la ilusión.
Tú me has hecho de palpable ramazón moribunda…

   
             
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