P O R T A D A                 Detalle de una fotografía de Fabio Borquez.    
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Poemas

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oro / iv

 

eres mi leona, cándida luz, auguriosa mañana;

más oscuras que tu espalda tejida de cabellos

son las negras espaldas de tus ojos.

 

eres mi leona y places, furias, llueves,

e igual que por ventanas

de un gran frasco de luz

el alma por tus ojos se proyecta.

 

eres mi leona y caes como la seda,

    cubriendo un cuerpo leve,

sobre el negro tapiz de un lecho en sangre:

 

conservo en mis recuerdos el rayo de la tarde,

la nube derrumbada,

el agua hecha pedazos por la tromba amarilla de tus ojos.

 

eres polvo, vuelves polvo, haces polvo la luz:

y ese pálido brillo que cruza por tu cuerpo

nos gobierna.

 

 

 

oro / v

 

si pudiera —como

relámpago de arena

o reflejo longuilíneo del

sol hacia la playa—

cruzar corriendo el patio

para verte.

 

si pudiera —raudo

viento en medio de

dos alas, ágil corriente azul

bajo las olas— llegar oculto

a ti, bucólica bañista.

 

la desnudez de tu cuerpo,

la sombra de las nubes en el agua,

el visible esplendor de un par de islas

que encienden por la noche de luz el horizonte.

 

si pudiera mirarte —regadera en

tu patio rústico del campo—;

 

si pudiera cambiar las olas de este mar,

las arrugas del sol

trepándose en su espalda,

 

—por tu imagen, mil veces más secreta

y, por lo mismo, mil veces más querida—,

 

el alud de azulejos rotos y brillantes,

y esos cuerpos desnudos, hermosos y desnudos,

que se pudren despacio,

cual desollados perros en la arena.

 

 

 

sangre / ii
(empeño)

 

siendo tú sangre y yo

caballo de tu sangre;

rosario de cristal y yo el albor que cruza

    cada cuenta;

caballo galopando por las ramas

crecidas en tus pechos

(los pechos bienalzados

del cuerpo de mujer en que transcurres);

 

siendo tú sangre y yo

vasija en que te bebo,

ese revólver que hundirá en tu vientre

un disparo plateado y caluroso,

el cántaro que baña

mi frente al conducirte

por rojizos sudores de ríos combatidos;

 

y siendo tú viajera de mi cuerpo

y yo ese mar que con tus gotas tiñes;

y siendo tú la imagen y su sombra

    y yo la luz con que en los muros te proyectas;

 

siendo tú todo y yo

una suma que hago al todo

(turgencia al fuego y espejismo al agua),

no escatimo el amor aun en lo adverso,

no obrarás daño alguno

aun siendo escape y fuga maliciosa:

 

    cuánto te amo, cuánto te he amado,

    compañera venérea,

    con esta tácita extensión del pubis:

 

es la memoria el móvil del encanto

y tú le diste vida

—grabándote profunda—

sin una solución, sin término probable.

 

 

 

sangre / v

 

Tiene sangre el amor

bajo las uñas.

 

Labra despacio la tierra saludable,

coloca su semilla,

oscurece de lluvia las mejillas

para ver llover.

 

Clava su lanza

en surcos de oro y sangre,

en llagas abiertas como bolsos

viejos, en tablillas

redondas, esféricas, sin término.

 

Tiene sangre el amor,

bajo las uñas,

 

se destroza en el muro

arrastrando el rostro

lentamente

    en recuerdo de un cuerpo

que muy lento, también,

le deshojaba

 

Abre piedras como ojos

bajo el agua,

quiebra cuellos de gansos

muy salvajes buscando un lirio fresco

 

tiene sangre el amor,

bajo la manga,

late en líneas delgadas

como frisos

o vetas de cristales

 

tiene sangre el amor

—es un destello—

como lanza que cruza

la bruñida armadura

de dos héroes.

   
             
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