P O R T A D A                 Detalle de una fotografía de Fabio Borquez.    
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Dos poemas

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EL ASOMBRO

Asombrarme de ver
cómo la flor se abre y el ruiseñor se acerca,
cómo el rocío resbala
y en su gota el reflejo de los árboles brilla,
cómo duerme en tus ojos
un incógnito duende de magia y locura,
cómo la cabra salta
y deja por los riscos su perfil de gigante,
cómo sueña la hormiga
en su rueda incesante de granos y agujeros,
cómo envuelve la oruga
en su cápsula el cuerpo deforme y luego es mariposa,
cómo el sol se arrebata
en cielos encarnados que luego traga el malva,
cómo llega el silencio
y traga en su penacho de negros la existencia…
y contemplarlo todo
como si sucediera hoy por primera vez.

 

 

LA INOCENCIA GANADA

Fue primero el ingenuo palor del pabilo. La llama era cálida y limpia. Venían
polillas danzantes a su halo y, lejos, la noche rendía en las charcas el
canto de ranas y había en los árboles tibias sonatas de grillos y luna
arrobada.

Hubo luego la impronta feroz de la fronda surgente. El hondo latido que marca
la tierra. La lluvia feraz y el verdor de la hierba. Las frescas manzanas
vestían sus pieles de escarcha y el sol era un fuego de halcones y jarcia.

Y llegaron después las palomas heridas. La tarde vestía un dolor de aceituna y de
ortiga y el agua lloraba rendida en el pálido azogue del lago dormido. Las puertas se habían cerrado y un légamo turbio llenaba de orín los rincones.

Con los álamos rotos se hicieron entonces refugios umbríos. Por toda la sierra
crecieron los ósculos, monstruos sonrientes de urbana ansiedad que
aparenta ser libre pero no es más que un vértigo negro que busca
esconderse de sí, olvidar su vacío interior, renegar de la muerte y huir
sin cesar de la vida diciendo que así es la única forma que hay de vivir.

Mas las sombras dejaron también un lugar para el claro de luna. Y hubo un bosque
y un duende tardío que vino montado en luciérnaga y quiso dejarme su
vieja canción como mágica fórmula y yo recobré la alegría de entonces.

He encontrado una senda que es limpia y que se abre entre cañas lozanas. Arroyos
fulgentes extienden regatos que brillan al sol y a la luna y dejan
serpientes de luz por los campos. Y ahora recojo otra vez los aromas de
siempre: la tierra mojada, la abierta madera, el barro y el musgo, la
hierba que llena de amor la vereda…

Canto al fin la canción que olvidé y el recuerdo me oprime y me hace llorar de
alegría, pues abro mi ser a la noche y al día y dejo otra vez que me
inunde la antigua inocencia que ahora está iluminada.

 

       
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