P O R T A D A                 Detalle de una fotografía de Koldo Badillo.    
      Ana Emilia Lahitte   punto de encuentro
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Antología
de poemas

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EL SUETER DE FEDORIO


En los bordes raídos del suéter
de Fedorio
se arremansa la vida y sus historias.


Jamás
me atrevería a proponerle restañar
esos hilos desgastados
reavivar los colores
las zonas percudidas como un abecedario
para ciegos.


Quitárselo
sería desollarlo.


El suéter de Fedorio
es una hogaza
un libro de bitácora    un sol    un campanario
alguna melodía que se canta
sin que nadie la escuche.
Su intemperie
anuda cuanto ha sido algo más
que un adiós
menos que un llanto
algo que sólo cabe en el hueco secreto
de la mano.


Si otra piel respira
debajo de mandala de su suéter gastado
será sólo un sudario
que busca convertirse en el revés cereal
de esa coraza
hilada por los pájaros.

 

 

 

ATRAPADOS

Sólo tengo de vos
una fotografía con pómulos rasantes
tu pelo de llanura sobre los hombros tensos
y sin brazos
-no he podido inventarlos todavía-
y tu extraña manera
de acompañarme a solas
de este lado del mar.

Vivías en París
(lo especifica el dorso de la fotografía)
ignoro si habrás muerto.
Importa
el desamparo de tu mirada inmensa
que me atraviesa
y sigue camino a mis espaldas
sin dejarme jamás.

Mirás hacia el vacío.
Un abrazo
sin tiempo que se abraza a sí mismo.
Mirás
como buscando la huella de un albatros.
Algo que implora
un límite para poder llegar.

///

Ni siquiera conozco tu sombra.
Sin embargo
regreso sin descanso
y me tiendo a tu lado en tu voz
en tu sed
en el tacto insaciable
con que rastreo a ciegas tus rasgos
con mis dedos.
Y te llevo a mi piel.
Y siento que tus muslos
aprietan con el celo de lo deshabitado.

Gozamos
el secreto pacto
de lejanías
que anuda nuestros cuerpos
en una memorable batalla despojada
de heridas y arrogancias.

Una trama ilesa
bellamente perversa insiste en atraparnos.
Y estamos atrapados
aquí
en el Sur más sur.
En esta factoría de la imaginación oculta
en el reverso
de los acantilados.

 

 

 

LOS CHICOS DE LA CALLE


Oh, niños asesinos, oh salvajes antorchas.
Julio Cortázar

Ragazzi di vita
los llamó Pasolini
con su piedad adversa
desollada.


Y nos los deja así
sin otra identidad que la mugre
y la llaga.


Debajo
del abrigo de su costra de escaras
-cristos breves-
los chicos de la calle
no saben todavía que su sombra atrapada
crece
para la historia de la infamia.*


El dolor
nunca es niño.
Y en ellos ni siquiera es dolor.


Es una humillación
de la esperanza.

* Borges

 

 

T I G R E S


Dicen
que el territorio de las hembras
es menor.

Pero el olor a hembra atraviesa el verano
y el celo
es territorio prometido
para tigres
y albatros.

 

 

 

DESIERTOS


Los hombres azules
frontera de las altas dunas.


No hablan de la sed
con quien la desconoce.


Como alimento
intercambian silencios de arena.


Parecen separarnos horizontes
eternos.


Ignoran
que con ellos convive otra sed.
Exhausta
Sin oasis.

La de nuestros desiertos.

 

 

 

LIBERACIÓN


Las manos.
Sometida extremadura
de la avidez y de la servidumbre.


Si pudiera
las dejaría partir
desarraigadas
sabiamente inexpertas
como el tacto feliz de los amantes
buscándose en la oscuridad.

 

 

 

SELLOS DE POSESIÓN

 

CUERPO DE MUJER

Conspiración del universo
para que el horizonte
se desnude.

 

QUASAR

Aquel falo de estrellas
que siempre pareció comenzar
en tu boca.

 

PECADOS

Hay pecados rebeldes
que no desaparecen hasta violar
alguna garza azul.

 

   
             
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