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A
hurtadillas aparece suele hacerlo
en la oscuridad en mis insomnios
tu sonrisa generosa tus besos
el rubor de tus pómulos tu mirada
el calor de tu piel tu fragor
Y
lo juro lo he intentado
noche tras noche insomnio
a cuestas
atrapar tus besos tu
sonrisa
tu mirada el rubor
de tus pómulos
tu fragor tu piel
que hierve
y nunca puedo gran
fracaso
y duermo solo tan
solo.
Prefiero
oír tu voz en la penumbra
muy baja y sin rigores
como un acto de fe
feroz de vocablos
con tu timbre en ristre
con tus trampas implacables
en las que muero
de recuerdos
de ti.
A
veces
todo el género femenino
se resume en uno
o dos
de tus gestos.
Se
hace necesario preguntarse
cómo están las fuentes del cariño,
si el tiempo al fin
las ha secado
o acaso aún sangran
desde tus venas,
si vale la pena
refrescarse en ellas
o si ahora son sólo
estatuas de piedra,
duras, tan frías.
Quiero
esta noche decirte amor
que estoy absolutamente disponible
para nuestro viejo proyecto
de amarnos sin razón
toda vez que es bien sabido
que el amor y la conciencia
son enemigos de antes
de antes amor de conocernos
Llora
mi lecho
vacío de ti.
Necesito que vengas,
que me expliques
de qué manera puedo
cobijarme de sus lágrimas.
Lluéveme,
estoy sofocado
El
camino hacia ti
es una alfombra
de piedras filosas
y arbustos
El
camino hacia ti
está infestado de alimañas
y mis pies están destrozados
El
camino hacia ti
es dolorosamente largo
Y
sonrío.
A
cántaros llueve
y estoy sediento de tus ojos
Se
vuelven caudales
los kilómetros de calles
que nos separan
y no puedo guarecerme
en tu mirada
La
piel oscura del cielo
transpira entre nosotros
y hay flores que perecen
secas de ti
A
cántaros llueve
desde siempre
entre nosotros
Caluroso
y lento como un domingo
sólo quisiera darme una ducha
recostarme un rato
mirar tu silueta en la ventana
quizás
sonreír dormido.
Del
libro La piel oscura del cielo
(inédito).
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