Mi
vida fue un recorrer dos calles
una
lluvia que lleno los huesos
una
calma torrencial a pleno mediodía
donde
circulaban los recuerdos
agónicas
notas en trancón
y
todo el frío
que
puede soportar un cuerpo.
Mi
vida fue el insomnio que huía
de
viejos autobuses
extraviándome
en el silencio
que
se tragaba mi piel
y
me devolvía infinito
destrozado
de sentencias
maullando
por calor
antes
de caer la tarde.
Mi vida fue transitar este infame cuerpo
que
los trastornos del amor
han
convertido en asidero de estrellas
a
la espera del tan anhelado orgasmo
un
recoveco en la memoria
lleno
de sales.