P O R T A D A      


Martin Bradley,
el artista y la obra

 

Una personalidad singular

Martín Bradley acaba de cumplir medio siglo de trayectoria profesional desde su primera exposición individual que tuvo lugar en Londres. En muchos artistas es ahí donde empieza realmente su biografía, ya que su actividad anterior suele carecer de interés. El caso de Bradley es muy otro. Su biografía es desde sus inicios apasionante, casi podríamos decir novelesca, y aunque no se trata de recrearnos en la anécdota, siempre es conveniente conocer, aunque sea someramente, las circunstancias que han rodeado la existencia de un autor y han forjado su personalidad para aproximarnos a su obra e intentar comprenderla, máxime en el caso de alguien como Bradley cuyo trabajo es fruto de un bagaje inmenso de conocimientos y vivencias que afloran en ella filtrados por su propia filosofía existencial.

Obra de Martin BradleyConstruction - óleo - 1952
Colección England & Co. - Londres

 

Nacido en 1931 en Richmond, Inglaterra, y huérfano a muy temprana edad, queda a cargo de un tutor que lo instala en su mansión victoriana del oeste de Londres y se propone hacer de él un respetable miembro de la clase dirigente británica proporcionándole la educación más selecta en los mejores colegios de Inglaterra. De espíritu

rebelde, totalmente indiferente a los propósitos de su tutor, Martin se sentía infeliz y aprisionado cuando a los nueve años en la biblioteca del colegio accedió casualmente a un articulo enciclopédico sobre la lengua china que le cautivó de inmediato incitándole a empaparse de todo cuanto pudo hallar sobre el tema. Conforme iba leyendo experimentó la extraña sensación de hallarse ante algo ya conocido, como preexistente en su memoria. Imbuido para siempre del hechizo oriental fue alimentando el deseo de escapar de aquel entorno que le era tan ajeno.

A los catorce años decidió huir, dejó una nota a su tutor y se enroló como grumete en un barco panameño que se dirigía a América. Durante casi tres años navegó en duras condiciones y durante las largas travesías descubrió en el dibujo y la pintura un inusitado alivio a su constante zozobra y crisis de adolescente.

Decidido a ser pintor se instala en Londres en 1949 y en paralelo a su tarea pictórica empieza a instruirse disciplinadamente en las lenguas y culturas de Extremo Oriente, estudios que seguirá ampliando y profundizando a lo largo de toda su vida.

A mediados de los años 50 acudía regularmente a un miserable antro del Soho londinense frecuentado por de gentes que vivían al margen de las normas sociales, desde prostitutas a escritores y eruditos. Allí entabló una perdurable amistad con los escritores del grupo"The angry young men"(entre otros Colin Wilson, Bill Hopkins, John Osborne) trascendentales en la renovación literaria británica, pero también con otros pintores de su generación como Alan Davie o Phillip Martín. Fue una época de intensa actividad pictórica marcada por sentimientos de una rabia acompañada a menudo de tendencias autodestructivas que compartían con el grupo Cobra, pero también por la búsqueda de un sentido a los enigmas de la vida que le conducen a adoptar desde entonces el budismo como su ética existencial.

Obra de Martin BradleyThe wave - óleo - 1956
Colección England & Co. - Londres

 

Con el dinero obtenido por la venta de unos cuadros decide irse con sus compañeros a Ibiza un lugar donde podrían subsistir sin apenas dinero. Se encontraron en la isla con una vida anclada en la edad media, sin luz ni agua, sin asfalto ni coches. Fue su primer contacto con el catalán, una lengua que aprendió de aquellas gentes sencillas juntamente con lecturas de Ramón Llull y de Josep Plà. Es uno de la decena de idiomas que domina este singular amante del conocimiento y de la cultura.

Siguiendo su periplo vital y geográfico obtiene una beca para instalarse en Brasil donde alcanzó un gran éxito. A su regreso forma parte en 1961 de la histórica exposición "Arte e Contemplazione" con todos los grandes de la pintura contemporánea en el Palazzo Grassi de Venecia.

Pronto protagoniza un extraño episodio, su huida en pleno Sáhara de la Legión española a la que se había alistado para volver a Londres a rehabilitarse de la peligrosa adicción al alcohol. Tras nuevos éxitos en Roma y estancias en Ibiza y París, decide finalmente seguir su impulso más profundo de viajar por Oriente. Atravesando Turquía, Afganistán, India y Nepal llega al Tibet, donde se instruye en el budismo. El traslado a Japón supone una grata inmersión en las raíces de esa cultura, su lengua y su arte, todo lo cual se mani.esta en su pintura. Su nueva obra expuesta en París obtiene una gran éxito y alentado por esa buena acogida regresa a Occidente, primero a Francia y después a Roma, donde conocería a su esposa Tatsuko con quien halla la serenidad tan largamente anhelada y un definitivo vínculo con Oriente.

Desde 1989 reside en Bélgica alejado del bullicio metropolitano, aunque viaja frecuentemente por Oriente y Occidente.

Martin Bradley ha encontrado "su sitio" aunque siga siendo poco convencional. Tan afable y jovial como culto y orgulloso de su obra, se describe a sí mismo como un pintor loco que hace traducciones de japonés medieval para los universitarios de la Sorbona y que habla flamenco con cierto deje inglés.

 

Complejidad de un lenguaje, fuentes e interpretaciones.

A de primera vista las obras de Bradley pueden inducir al error considerarlas ligeras, irreflexivas. Su factura fresca, desenvuelta ejecución, la vivacidad del color, la extrema fantasía de sus composiciones, el aspecto simpático de los personajes a modo de divertidos monigotes... la expresividad tan directa ... todo irradia espontaneidad y contribuye a producir una sensación de ingenuo optimismo, de alegría casi inconsciente.

Después, sin embargo, si se las observa con mas detenimiento, se percibe que no todo es tan evidente y simple. La profusión de grafismos, signos, simbologías y formas extrañas (e inquietantes en muchos casos) enturbian su signi.cado, dificultan su comprensión. Porque si bien es cierto que para él pintar es tan sencillo como hablar o escribir a través de formas y colores, lo que verdaderamente importa, como en cualquier lenguaje, es el signi.cado de esas imágenes que nos ofrecen desde divertidas críticas de costumbres a profundas re.exiones sobre el ser o el tiempo.

A por veces el autor nos proporciona pistas, algunas incluso escrito dentro del propio cuadro, pero nunca dispondremos de todas las claves para adentrarnos en su enigma, desentrañar sus códigos, algunos inconscientes y por tanto ni siquiera para él completamente diáfanos. No obstante, intuir la complejidad de su obra no nos debe impedir disfrutarla sin caer en excesivos intelectualismos, basta abrir nuestra sensibilidad para no quedarnos en la superficie, además permite múltiples niveles de lectura (los niños disfrutan ante estas obras que les sugieren mil y una historias) todos ellos válidos, desde el más inmediato al más profundo.

Obra de Martin Bradley
The grass making the wind
- 1960

Las fuentes de las que se alimenta y surge la obra de un artista y las influencias que se puedan rastrear en ella no siempre son conscientes y a menudo se trata simplemente de parecidos casuales. En la obra de Bradley parecen confluir un sinfín de elementos de la cultura universal, del arte oriental y occidental mezclados en el flujo de una creatividad abrumadora e inagotable. Las pinturas rupestres, el arte medieval en particular el románico y la pintura miniada de códices y pergaminos, la pintura imaginativa y surreal de genios inclasi.cables como el Bosco, la iconografía de las culturas precolombinas (maya, azteca...) , y la herencia occidental más reciente del espíritu surrealista, o el universo de Miró o de Paul Klee...

Todo ello parece tener relación con su obra, sin embargo lo más determinante para él es sin duda la aportación cultural oriental en toda su riqueza: la artesanía de los majestuosos tejidos o de las delicadas porcelanas, la caligrafía china y japonesa, la pintura.... Primitivismo y amor a la tradición, al sentido profundo de la historia fundamentan su obra, obviamente desde el presente pero sin concesiones de ningún tipo a tendencias dominantes en el mundo del arte porque la suya es una obra surgida de lo más profundo de sí mismo.

No es de extrañar conociendo el predominio de los escritores en su circulo de amigos, su predilección por la literatura como fuente directa de inspiración que le sugiere, casi le dicta, imágenes. Sus preferencias en este campo son la narrativa fantástica, los cuentos japoneses y por supuesto Lewis Carroll con su Alicia en el pais de las maravillas que ha tenido la ocasión de ilustrar con 64 litografías para una edición especial de L'Imprimerie Nationale.

Creador de entornos imposibles, Bradley manipula e inventa imágenes que asocia (sin aparente orden ni concierto) en un juego infinito de posibilidades pero que se someten a su peculiar lógica. Pájaros, insectos, ratones, gatos, conejos, tigres, mariposas, seres indescriptibles... Todo un bestiario fantástico de brillantes colores (con algunos motivos-símbolo recurrentes) donde nos aparecen las más extrañas hibridaciones del mundo animal, vegetal y mineral , incluido el ser humano, mezclados con toda clase de objetos, biomorfologías, fragmentos de cuerpos, geometrías...

Técnicamente apenas existe relieve matérico, el evidente predominio del gra.smo convive no obstante con magníficas manchas flotantes muy bien enfatizadas plásticamente, con zonas de delicadas transparencias (es un excelente acuarelista), e incluso con brochazos enérgicos y gestuales en algunos casos.

Las composiciones, que responden a un concepto peculiar e indefinido del espacio, fragmentan la superficie del cuadro en zonas o escenarios yuxtapuestos, unos de fondo en colores planos a menudo negro o amarillo (aunque las zonas mas amplias del fondo suelen ser de un típico blanquecino) o por el contrario en sutiles matizaciones. Hallamos áreas definidas a veces por mesas, cajas o puertas donde flotan ingrávidas las imágenes y caligrafías, también estructuras laberínticas inestables, circulares o espirales sin excluir perspectivas geométricas con sus leyes de profundidad, su proyección de sombras, suelos ajedrezados, escaleras... o bien paisajes que sugieren lejanías , horizontes playas y océanos, casas y ríos.

Un repertorio inacabable de recursos pictóricos al servicio de la imaginación privilegiada de un fabulador que configura un universo dotado de un profundo sentido filosófico y aderezado con un sutil sentido del humor. La pintura de Martín Bradley que se ha convertido en una especie de mitología personal que tiene su propia iconografía y simbología, actualiza algo tan intemporal como el surrealismo que pervive desde El Bosco, pero plantea además una visión comprometida.

 

Texto publicado por cortesía de la Galería de Arte Inter-Atrium
Datos biográficos, exposiciones y obra en museos de Martin Bradley
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