|
Estoy
cansado de tener la computadora encendida. Tengo que prenderla todos
los días y apagarla todas las noches; es agotador, mejor
sería que todo estuviese desenchufado.
Presiono "Power" y abro los ojos, son las ocho de la mañana;
me lo hacen saber el "bip" de la computadora en simultaneo
con el despertador. Cuento la memoria y bostezo, tratando de evocar
los quehaceres del día; dejo seguir, no es bueno ingresar
al "Setup" sin ningún motivo. Tengo tantas cosas
para hacer: trabajar, estudiar, alimentar a los perros, abrir y
cerrar infinidad de programas, y sólo dispongo de un "Pentium
1" y "32 Mega Bytes" de memoria; sí, solo
eso, porque al abrir los ojos encontré la cama vacía.
Puedo ver el cielo. Es de un celeste maravilloso, apenas salpicado
por algunas nubes perfectamente blancas, y como todos los días,
en medio de la escena, esa inscripción omnipresente: "Windows
98" y debajo, más irritante aun, aquella palabrita molesta:
"iniciándose".
Los
iconos ya están alineados, los programas cargados. Solo hay
que hacer "clic" en inicio y comenzar: Desayunar, leer
un texto, dar explicaciones al jefe (porque la computadora puede
tildarse y en esos casos hay que comenzar nuevamente, y con eso
se llega tarde al trabajo), tomar un café, tratar de leer
otro texto para ganar tiempo, intentar trabajar, viajar, cursar...
Todos los días el mismo Windows, el mismo Mouse, y la misma
maldita computadora. Basta de prenderla y apagarla, ya es hora de
desenchufarla.
¿Qué
hora es? Sí, ya es tarde. "Clic" en inicio",
"Apagar sistema", "Apagar"... Ahora otra vez
el cartelito patético de Windows noventa y ocho, con la diferencia
que esa especie de epígrafe que tiene debajo es un poco más
optimista: "se está cerrando". Estos segundos son
interminables. ¡Por fin! La pantalla ennegrecida y un nuevo
cartel en el que puedo leer "puede apagar el equipo".
¡Qué alivio! Pero ya no voy a presionar "Power",
mejor voy a arrancar este cable del enchufe...
©
Pablo
Nicotera
|