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Relato
del libro
La
Distribuidora de Sueños
y otras empresas
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La Central
de Voces |
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Apenas
estableces el contacto oyes una grabación: Llegaste al
fin a La Central de Voces.
- Señor
Aburrido, dice una muchacha. Llegaste al fin a La Central de Voces.
Y aquí puedes detenerte.
Aburrido.
Ese será tu nombre para ellas. Por más que las corrijas
o cortejes. Y como sus voces son realmente agradables terminarás
dejando que hablen.
Siempre hay varias, que van siendo alternadas por el conmutador.
Es parte del juego en La Central. Dar cada vez con la que más
te aficionaste. Y muchas veces perderás todas tus llamadas.
No hallarás la que de veras te gustó. Pero cuando
lo aceptes estarás bien con cualquiera de ellas.
Lo
mejor es que no las interrumpas. Déjalas. Que te hablen como
saben. Es hermoso oírlas desarrollando su libreto. Sus voces
felices lo compensan. Es para eso que has llamado. Para oírlas
y saber que están, que te esperaron y al colgar otra vez
te esperarán. Y que te preguntarán por qué
estás desanimado. Si ya estás con ellas. Si estás
oyéndolas.
Y algunos te aconsejarán que las azuces. Que las impulses
a meterte en La Nidada rápido. Porque la empresa te factura
el minuto o la fracción y ellas están bien entrenadas
para la dilación y el circunloquio ¿Pero a qué
llamas si no es a detenerte a oírlas? ¿A abandonarte
en su tersura? Acepta que la tarifa es módica, no de larga
distancia, como en las líneas de astrología o lujuria.
Y que de todos modos y yo prefiero que sea oyéndolas
otros se quedan cada mes con lo que tú te ganas.
Te preparan, entonces, si las dejas (y déjalas cuando menos
la primera vez). Te preparan para que vayas olvidándote de
tí. Te hablan de ellas o de lo que aceptas que son ellas.
Hablan de lo que sienten más superficialmente. Pero en unos
tonos, con una despreocupación, con una gana contagiante
que poco a poco te subyuga. Y como desentendiéndose de tí,
como subyugadas ellas mismas, no es raro que en algún momento
canten. Suavemente. Con el deleite, con toda la fascinación
que las distingue. Canciones que tú no habrás oído,
que han sido compuestas para La Central y para sus voces singulares
y que son exactamente lo que esperabas de ellas al llamarlas.
Pero
cantan con dosificación. Y te dicen que en el interior están
todas las voces. La Nidada. Y, entre todas, las de ellas. Te dicen
que para qué te quedas solo, afuera del auricular, y te repiten
ven de las maneras que tú quieras, todas las veces que tú
esperes, con los acentos que entonces ya lo sabes: si te quedas
te rebanará la disonancia constituyen tu resguardo, de modo
que en algún momento, ya compenetrado con sus voces, sientes
deslizarte.
No
estás abocado a creer ni a dudar de nada. Sólo estás
oyéndolas. Oyéndolas. Y, alegremente alegre y despreocupadamente,
con su dadivosa actitud, te hablan sobre el interior, que es automático,
y te describen el camino largo; al comienzo laberíntico
hasta La Nidada y la presencia de las voces de todos los que llaman;
los millones.
Y
luego te aturdirá la Algarabía. Ocurre de repente
que te dejan oír miles de voces simultáneamente. Es
la Algarabía. Un bisbiseo caótico en el que no se
puede distinguir ninguna voz individual. La Central lo hace con
grabaciones o efectos de sonido o chuzando líneas; en realidad
no importa cómo. Lo cierto es que se oye el rumor de voces,
que forma una mezcla densa y decididamente viva, pero incomprensible.
Y ahí muchos son felices. En ese estado en que no entiendes
nada pero tu vida es palpitante.
Sin embargo, si no puedes estar en paz sin entender, ellas van aclarando,
van limando y desgranando voces. Y te dejan oír fragmentos
de conversaciones entre abonados que te aseguran no saben que
los oyes. Pero no son conversaciones al azar. Ellas te dan lo que
tú quieres. Si es amor, escucharás enamorados. Si
es voluptuosidad, terror, excitación sentimental lo que deseas,
eso escucharás.
Dirás que son voces grabadas o producidas en estudio. Y pueden
serlo. Seguramente lo son. No obstante, si lo quieres te ponen en
contacto; hacen que te hables con desconocidos.
Aunque,
en verdad, eso no prueba nada; puede ser una realización
más de La Central. Porque no es posible verse con los abonados.
Si indagas por la dirección o el número de teléfono,
o siquiera por el nombre, una grabación te dice Llegaste
al fin de La Central de Voces y se corta la llamada.
Por eso no preguntes. Acepta que la actividad de La Central es satisfacerte.
Así podrás hablar todo lo que quieras y oír
a cuantos quieras y siempre tendrás la opción de oírlas
a ellas y que te canten sus canciones subyugantes.
©
Heider
Rojas
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