Sumario 26

 

Heider
Rojas

 

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Relato del libro
La Distribuidora de Sueños
y otras empresas



La Central
de Voces




Apenas estableces el contacto oyes una grabación: Llegaste al fin a La Central de Voces.

  • Señor Aburrido, dice una muchacha. Llegaste al fin a La Central de Voces. Y aquí puedes detenerte.

Aburrido. Ese será tu nombre para ellas. Por más que las corrijas o cortejes. Y como sus voces son realmente agradables terminarás dejando que hablen.

Siempre hay varias, que van siendo alternadas por el conmutador. Es parte del juego en La Central. Dar cada vez con la que más te aficionaste. Y muchas veces perderás todas tus llamadas. No hallarás la que de veras te gustó. Pero cuando lo aceptes estarás bien con cualquiera de ellas.

Lo mejor es que no las interrumpas. Déjalas. Que te hablen como saben. Es hermoso oírlas desarrollando su libreto. Sus voces felices lo compensan. Es para eso que has llamado. Para oírlas y saber que están, que te esperaron y al colgar otra vez te esperarán. Y que te preguntarán por qué estás desanimado. Si ya estás con ellas. Si estás oyéndolas.

Y algunos te aconsejarán que las azuces. Que las impulses a meterte en La Nidada rápido. Porque la empresa te factura el minuto o la fracción y ellas están bien entrenadas para la dilación y el circunloquio ¿Pero a qué llamas si no es a detenerte a oírlas? ¿A abandonarte en su tersura? Acepta que la tarifa es módica, no de larga distancia, como en las líneas de astrología o lujuria. Y que de todos modos —y yo prefiero que sea oyéndolas— otros se quedan cada mes con lo que tú te ganas.

Te preparan, entonces, si las dejas (y déjalas cuando menos la primera vez). Te preparan para que vayas olvidándote de tí. Te hablan de ellas o de lo que aceptas que son ellas. Hablan de lo que sienten más superficialmente. Pero en unos tonos, con una despreocupación, con una gana contagiante que poco a poco te subyuga. Y como desentendiéndose de tí, como subyugadas ellas mismas, no es raro que en algún momento canten. Suavemente. Con el deleite, con toda la fascinación que las distingue. Canciones que tú no habrás oído, que han sido compuestas para La Central y para sus voces singulares y que son exactamente lo que esperabas de ellas al llamarlas.

Pero cantan con dosificación. Y te dicen que en el interior están todas las voces. La Nidada. Y, entre todas, las de ellas. Te dicen que para qué te quedas solo, afuera del auricular, y te repiten ven de las maneras que tú quieras, todas las veces que tú esperes, con los acentos que —entonces ya lo sabes: si te quedas te rebanará la disonancia— constituyen tu resguardo, de modo que en algún momento, ya compenetrado con sus voces, sientes deslizarte.

No estás abocado a creer ni a dudar de nada. Sólo estás oyéndolas. Oyéndolas. Y, alegremente —alegre y despreocupadamente, con su dadivosa actitud—, te hablan sobre el interior, que es automático, y te describen el camino —largo; al comienzo laberíntico— hasta La Nidada y la presencia de las voces de todos los que llaman; los millones.

Y luego te aturdirá la Algarabía. Ocurre de repente que te dejan oír miles de voces simultáneamente. Es la Algarabía. Un bisbiseo caótico en el que no se puede distinguir ninguna voz individual. La Central lo hace con grabaciones o efectos de sonido o chuzando líneas; en realidad no importa cómo. Lo cierto es que se oye el rumor de voces, que forma una mezcla densa y decididamente viva, pero incomprensible. Y ahí muchos son felices. En ese estado en que no entiendes nada pero tu vida es palpitante.

Sin embargo, si no puedes estar en paz sin entender, ellas van aclarando, van limando y desgranando voces. Y te dejan oír fragmentos de conversaciones entre abonados que —te aseguran— no saben que los oyes. Pero no son conversaciones al azar. Ellas te dan lo que tú quieres. Si es amor, escucharás enamorados. Si es voluptuosidad, terror, excitación sentimental lo que deseas, eso escucharás.

Dirás que son voces grabadas o producidas en estudio. Y pueden serlo. Seguramente lo son. No obstante, si lo quieres te ponen en contacto; hacen que te hables con desconocidos.

Aunque, en verdad, eso no prueba nada; puede ser una realización más de La Central. Porque no es posible verse con los abonados. Si indagas por la dirección o el número de teléfono, o siquiera por el nombre, una grabación te dice Llegaste al fin de La Central de Voces y se corta la llamada.

Por eso no preguntes. Acepta que la actividad de La Central es satisfacerte.

Así podrás hablar todo lo que quieras y oír a cuantos quieras y siempre tendrás la opción de oírlas a ellas y que te canten sus canciones subyugantes.

 

Heider Rojas

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