Sumario 26

 

Carlos
Giménez
Soria

 

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Dos en
la carretera:

Dos en la carretera

escenas de un
matrimonio

Stanley Donen—¿Qué clase de personas    
son las que se pasan horas 

sin tener nada que decirse?
Los matrimonios.               

(Diálogo entre Albert Finney
y Audrey Hepburn
en Dos en la carretera)

Dos en la carretera

 

Después de una envidiable trayectoria en el mundo del musical donde dio a luz obras tan míticas como Un día en Nueva York (1949) o Cantando bajo la lluvia (1952), Stanley Donen sorprendió a los espectadores en la década de los 60 con dos películas policíacas, Charada (1963) y Arabesco (1966), que, pese a su adscripción meramente orientativa en un género cinematográfico distinto, seguían conservando la elegancia y la agilidad que ya habían caracterizado a su autor y que continuarían haciéndolo hasta su retiro artístico. En ellas podía apreciarse el habitual buen gusto de Donen por la comedia romántica y sofisticada y, al mismo tiempo, la evolución de su cine hacia nuevos derroteros que no descartaban el homenaje a otros realizadores (como, por ejemplo, Alfred Hitchcock). Este par de films contribuyeron a ampliar la visión que actualmente tenemos de su carrera marcando un antes y un después. El punto álgido de dicha evolución fue Dos en la carretera (1967), un lúcido retrato del matrimonio que surgió de la colaboración de este cineasta con el guionista Frederic Raphael (Eyes Wide Shut).

Dos en la carreteraEl film parte de una estructura narrativa basada en continuos saltos en el tiempo y construye su discurso a través de la interrelación entre cuatro épocas distintas de la vida de una pareja. Durante el transcurso de un viaje, Mark (Albert Finney) y Joanna Wallace (Audrey Hepburn) reflexionan sobre los diferentes momentos que ha atravesado su relación desde que se conocieron cuando eran jóvenes hasta el momento presente en que el matrimonio se ha convertido para ellos en un lastre que arrastran día tras día. La pasión inicial ha desaparecido y el paso del tiempo ha ido desgastando los sentimientos mutuos y las ilusiones de ambos. Se ha producido un ascenso en el status social de la pareja paralelo a la crisis conyugal en que han desembocado, factor que aporta una visión crítica acerca de lo independientes que resultan el bienestar económico y los sentimientos personales en las relaciones humanas. Cada etapa de su vida está mostrada por medio de cambios externos (con el tiempo, los Wallace hacen gala de un mayor nivel adquisitivo) y también internos (de carácter más personal e íntimo). El distanciamiento de la pareja da lugar a infidelidades que posteriormente tratan de solucionar para pasar a preguntarse al cabo de poco tiempo por qué no decidieron divorciarse entonces en lugar de prolongar lo inevitable. El final de la película nos muestra cómo Mark y Joanna aceptan el futuro con conformismo a sabiendas de que su relación jamás volverá a recuperar la intensidad que auguraba en un principio.

Fotograma de Dos en la carreteraDonen compone un mosaico de escenas alternando momentos correspondientes a los cuatro distintos periodos que atraviesa la pareja. Por medio del montaje paralelo estos periodos se van aproximando hasta concretarse en conceptos tan paradigmáticos como la erosión inexorable del amor y la descomposición de la pareja, la pérdida de las ilusiones y el distanciamiento emocional.

Dos en la carreteraParadójicamente el tratamiento que Donen proporciona a la historia nos la hace más cercana y menos distante para el espectador que los fríos análisis matrimoniales rodados por Bergman (Secretos de un matrimonio), Rossellini (Viaggio in Italia) o Antonioni (La noche). De hecho, Dos en la carretera es una película con un fuerte componente nostálgico. Las relaciones de la pareja son vistas desde una perspectiva melancólica, recurriendo continuamente al flash back para mostrarnos cómo eran éstas inicialmente con el propósito de contrastarlas, acto seguido, con la separación que se ha establecido en el presente entre una persona y otra. De este modo, el espectador se conmueve y se lamenta a la vez contemplando el carácter efímero de la pasión humana y los giros que ésta es capaz de dar.

Dos en la carretera

Por medio de vínculos gráficos asociativos, Donen introduce los saltos en el tiempo a través de detalles del pasado que varían substancialmente de significado en el presente y viceversa, hecho que el espectador capta como síntoma de una pérdida afectiva importante debida al transcurso del tiempo. Las escenas correspondientes a cada distinto ciclo de la pareja están muy elaboradas, con el objetivo de dejar una constancia patente de que los años han pasado dejando una impronta terrible entre el hoy y el ayer. El peinado y el vestuario de los dos protagonistas, así como los diferentes coches que se compran —en relación con el próspero status económico que van adquiriendo— nos transmiten con gran credibilidad el cambio que se ha producido entre las diferentes épocas del matrimonio de Mark y Joanna. Todo ello narrado con la estructura de una road movie, pues las cuatro etapas que vemos atravesar a esta pareja se corresponden con cuatro viajes distintos que realizan por Europa.

Fotograma de Dos en la carreteraPor otra parte, hemos hablado de Dos en la carretera como de un análisis lúcido de la institución matrimonial y las inestabilidades a las que dicha institución se ve sujeta. Por lo tanto, a la hora de ver la película lo que presenciamos es el paulatino proceso de desintegración de una pareja con todo lujo de detalles: los reproches mutuos, las actitudes egoístas, la insatisfacción propia del carácter impersonal que llegan a adquirir las relaciones sexuales, las separaciones y las reconciliaciones, la frialdad en el trato, el cinismo... Donen y Raphael siembran esta historia de elementos muy realistas que son propios de los problemas conyugales que pueden darse en los matrimonios. Y todo ello expuesto con una gran sensibilidad y una enorme capacidad de convicción dentro de un relato que, no por fragmentario, resulta menos fluido.

Fotograma de Dos en la carreteraDos en la carretera es una auténtica bomba de relojería en su concepción interna. La labor de guión, puesta en escena y montaje es tan brillante y está tan bien compenetrada que el resultado se beneficia de una gran solidez. La sensible partitura de Henry Mancini y las extraordinarias interpretaciones de Audrey Hepburn y Albert Finney no hacen más que confirmar el hecho de que el film se haya convertido, a estas alturas, en una de las películas más importantes de su autor y, a nivel de contenidos, en una pieza muy recomendable para analizar la influencia del paso del tiempo en la vida matrimonial.

Dos en la carretera

Dos años después, Stanley Donen trataría de introducirse nuevamente en las intimidades de una pareja con La escalera (1969), en la que Rex Harrison y Richard Burton interpretaban a una pareja de homosexuales, pero esta vez el resultado no estuvo a la altura de su precedente. Pues, a pesar de que su punto de vista pueda resultar un tanto cruento, Dos en la carretera se ha convertido con pleno derecho en una hermosa obra maestra a reivindicar.

 

Carlos Giménez Soria

 

Stanley Donen

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