Sumario 22

 

Mónica
Maud

 

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Santiago del Estero

  Cultura
  de la   independencia
  o
  independencia
  de la cultura

 

 

En tiempos de caos moral, es primordial poder replantearnos ciertas conductas históricas en relación con el arte y la cultura, y en la tarea, adquirir valentía para reconocer defectos y equívocos, pero también, humildad, no grandilocuencia, en la reflexión de aciertos

 

 

Cuando hablamos de 'cultura' y de 'arte', es imposible no proyectarnos hacia la faceta más importante del hombre: la identidad, esa esencia que lo hace ser, tal como es y que, en términos generales, y tomando las correspondientes distancias, distingue a un pueblo de otro, a una comunidad de otra. El tema de la identidad en Latinoamérica se ha convertido, con los años, y como consecuencia de profundas historias que aúnan a la mayoría de las actuales naciones, en una problemática... Se habla de identidad latinoamericana, teniendo en cuenta los comunes orígenes de sus habitantes, la conquista, el exterminio del nativo, la colonización, evangelización. Se habla de unidad, también, y seguramente, existen numerosos elementos que podrían hacerla posible, sin dudas. Sin embargo, nuestro país tiene en su haber características peculiares, producto de sucesos histórico-políticos relevantes.

Argentina es una nación que ha construido su identidad sobre los escombros de los primeros habitantes de las tierras, y que, no obstante, no ha enterrado su legado. Pero, como ningún otro país latinoamericano, ha virado su imagen hacia un perfil extranjero, lo que hace más complejo el deslindamiento de su identidad. Argentina, aun así, no carece de una identidad propia, como se escucha por ahí; es que su identidad está fundada en esa apariencia que nos hace poco definibles, en esa juntura de heredades primitivas, de componentes posteriores, de significados prestados, de sentidos arrebatados... ninguno de los cuales debe dejarse afuera, si nos proponemos entender, por decirlo de una manera sencilla, el comportamiento del argentino, en todos sus aspectos.

Sobre esta noción identitaria, creamos una cultura. Una cultura que de por sí no alcanza a erigirse como independiente, plena y única. Demasiadas instancias la atraviesan, demasiadas contradicciones la ocultan. Numerosas cuestiones se reflejan en este hecho que debiera emerger naturalmente del centro mismo de un pueblo. Argentina crea su cultura, la construye de acuerdo con cánones y estos, en ocasiones, no abordan todo el espectro de una identidad que no posee un principio, ni origen cierto. Si descansamos sólo en nuestros antepasados cronológicos, estamos resignando una parte de lo que nos constituye; si los olvidamos, aceptamos, nuevamente, que el otro, lo foráneo nos contenga.

Nuestra identidad tiene, por lo tanto, dos patas y no podemos caminar, ni erguirnos sin admitir esto como cierto. La cultura argentina, como resultante de este proceso, también debe edificarse según dichos preceptos, de otro modo, no estaríamos siendo leales con las nuevas generaciones, mucho menos con nuestros abuelos. Es necesario reconocer cuáles son las verdaderas fuentes culturales que nos conforman, de ese único modo lograremos disfrutar de una cultura independiente. Es decir, valores, signos, sentidos propios, únicos e irrepetibles, tal como se define al hombre... sin más, ni menos. Sólo estas cualidades hacen que una cultura alcance el grado de independencia necesaria para no sucumbir en el tiempo. Alzarse unos metros más allá del suelo y avizorar por su espejo, desde nuestras conductas equívocas, hasta nuestras grandes realizaciones. Vista de esta manera, la cultura no morirá...

De una cultura independiente, un arte libre... La libertad es un derecho del que todo hombre debe gozar; el artista aún más, el artista, ese ser solidario con la humanidad que se atreve a mostrar otras caras de una misma realidad, es más, que ha sido dotado de la capacidad de espiar la realidad por diferentes costados, por la lateralidad de las cosas y de los eventos, ese artista... necesita y demanda independencia. Por que en él, a través de él, y gracias a su sacrificio, la cultura de un pueblo se exhibe, se manifiesta, se transforma en herramienta válida en el aprendizaje de los valores fundamentales, que permiten el enriquecimiento universal de la nación. Pero, si no somos idóneos en nuestras creencias, si no estamos convencidos de nuestras virtudes, si la cultura se ha envilecido por la falta de libertad... y, en consecuencia, de gallardías que la defiendan, no importan los costos, pues los resultados se revelan como imprescindibles para la recuperación, entonces, debemos afirmar, no sin lamentarnos, que no gozamos de una independencia cultural. Por el contrario, existimos en la dependencia de ser aceptados, en primera instancia, por un sistema mayor, el de afuera, y en segundo lugar, nos cuesta captar lo que nos rodea para advertir exactamente qué es lo que deshonra nuestra identidad cultural. Si abriéramos los ojos, veríamos que somos nosotros mismos quienes permitimos o, mejor, impedimos el despliegue de una cultura que de verdad, nos identifique, que de verdad nos muestre, sin temores, sin escrúpulos, sin vergüenzas. Pero, ¿qué decir...?, si todavía no hemos conseguido aceptarnos tal y como somos, ni consentir nuestros orígenes, sin tratar de disimular aquello que el gran sistema desecha. Si no descubrimos quiénes somos, si no imponemos nuestra identidad cultural, así, complicada y compleja, convulsionada y contradictoria, si, por fin, no dejamos de esperar la aceptación del otro, habremos dado el último paso hacia nuestra perdición. Si, en cambio, sucediese a la inversa y nos llenáramos de orgullo, tendríamos frente a nosotros una posibilidad más de volver a levantarnos y como Jesús dijo a Lázaro, resucitar y comenzar a andar.

 

POLÍTICA DE LA CULTURA

Contrariamente a lo que se piensa hoy, la política no es sólo hacer uso de derechos cívicos, la política es, también y sobre todo, el arte de luchar para hacer posible lo que entiende como quimérico. En ese sentido, suena utópico que en épocas de grandes desilusiones, podamos reconquistar una nación mediante el devenir de la cultura y de su hija, el arte. De todos modos, es necesario fortalecernos y pensar que, como numerosos escritores han dicho a lo largo de la historia, sólo la cultura, los sentidos que de ella se rescatan, los valores en los que ella se apoye, la forma cómo el hombre se desenvuelve en relación con ella, sólo eso salvará a Argentina de perderse en la infinitud de otros universos, tan ajenos, como impredecibles, pero, tan cercanos... que casi es posible percibir su posición agazapante... a la espera de un postrer error.

Por todo lo dicho, hagamos política de la cultura y que nuestra cultura se convierta en la política de nuestras vidas. Que ella tenga como primer desafío recuperar, si la hemos poseído alguna vez, aunque no es momento de reproches, nuestra independencia, de pensamiento, de acción, de educación, de creación, de creencias, entre otras libertades. Lo otro, lo organizacional se irá modificando, en tanto las raíces culturales puedan manifestarse con independencia, soberanamente, en tanto la educación en los valores sea prioridad, y en tanto, finalmente, aprendamos a mirarnos y a decir, con orgullo, "ese es un argentino".

De hecho, sobre este tema y sus implicancias, aún queda mucho (si no todo) por decir...

 

Mónica Maud

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