El
clonado,
mi hijo
gemelo |
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El
clonado no es mi hermano, es mi hijo y, para más, gemelo.
Es mi hijo porque nace a la vida a partir de mí, de una de
mis células, yo soy su padre. En lugar de desagregarme de
espermatozoides encarrerados hacia la meta óvulo, es suficiente
cualquier célula mía; en lugar del método tradicional
que nos fue dictado por Mamacita Naturaleza, algo más simple:
nada de dos sexos, nada de acoplamiento, nada de hacer la corte
uno al otro, nada de mandar flores e invitar a un café, nada
de eso. ¿No le ve el chiste? Yo tampoco.
Y bien, este clonado, "sangre de mi sangre",
no parece sin embargo de carne y hueso sino más bien de plástico,
mandado a fabricar antes que hecho por mí, más artificial
que un bebé de probeta. Pero no puedo negarlo, es mi calco,
mi réplica exacta, de ahí que use el calificativo
de gemelo, aun cuando no sea mi hermano: mi padre no es su padre,
es su abuelo. Yo detento la paternidad del clonado o, más
bien, soy su padremadre, para concebirlo uno basta. En fin, una
verdadera revolución biológica que se trasunta en
el lenguaje. Si el padremadre es un varón, se dirá:
¡qué padre, no tiene madre! Y si es una mujer, se dirá:¡qué
madre, no tiene padre! ¿Se da cuenta usted de las implicaciones
que trae todo este asunto?
Además, déjeme preguntar: si
cada célula del organismo puede cumplir funciones reproductoras
¿para qué especializar óvulo-espermatozoide?
¿Se le quemaron los libros a Mamacita Naturaleza? ¡Aguas!
Puede que la facultad reproductiva de cada una de mis células
sea una inclusión no muy meditada dentro de sus plurifunciones
potenciales. Es decir, una neurona puede insertarse en un alveolo
pulmonar y cumplir de ahí en adelante con trabajos respiratorios,
y viceversa. O una célula del hígado trasplantarse
a las cuerdas sonoras y sin más comenzar a hablar. Y ahí,
en esa potencialidad universal, se coló la facultad reproductiva...
sin haber pasado los controles de calidad, y en una de esas mi hijo
gemelo resulta un baboso de primeras.
Bueno dice mi amigo, el alumno Maracachimba,
también en eso saldrá igual al padre.
No se puede dar confianza a los estudiantes,
aunque sean de posgrado.
Ni modo.
©
Marcos
Winocur
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