Sumario 26

 

 

Yván
   Silén

 

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¿Quién es Apolión o quién es Abaddón?
Nadie sabe sino el que anhela.
Nadie sabe sino el que busca
en las gavetas del que sueña.

¡Pobre de ti, Nueva York!

Dos libras de mala suerte por un denario.
Un caballo amarillo llamado Muerte.
Un loco que dice "ay"
junto al río de Quebar.
No es Henoc ni Ormuz.
¡Ay del homicida,
ay del hechicero,
ay del que fornica,
del que hurta,
ay del incestuosus!

(El sexto ángel desató al ángel del librito
--amargo como Dios; dulce como Dios--).

¿Qué sucede?
¿Qué ocurre con las horas?
El poeta s'escondió a mitad del tiempo,
el tiempo oscuro y la mitad
de todos los tiempos:
¡sed tengo!
¿Quién es Abaddón?
La Seiscientos Setenta y Seis,
a la hora del otoño,
Cruz de Malta,
solitaria,
avanza...
¡Ay de Ella!
¡Ay de muchos!
¡Ay de ninguno!

Vendímiame
a la luz del Espejo.
Ségame, espéjame
a la hora de la noche,
porque tengo sed de Ti
y me dormí de sed y
me desperté de sed y
tuve miedo y sed y
el ángel me dijo:
¿de qué te asombras?
El poeta bajó los ojos y tuvo miedo
cuando vio la Muerte
(¡Grande es el Señor!)
que era y no es y volverá y será
como quien despierta:

¡Armagedón, avanza!
¡Pobre de ti, Nueva York!
Nadie pregunta.
Tus calles serán como el desierto en la sequía.
Tus calles como el insomnio en el que sueña.
(¡Oh, paradoja d'estar en medio de la vida!)
¡Ay, de las paridas!
¡Ay, de las que orgasman!
¡Ay, de los que nacen de la Nada:
stupro, caede, adulter,
homocidia, parricidia, audax,
fornicarium,
incestuosus,
gentiles, judíos,
sodomitico,
raptores,
cristianos, comunistas,
infidele, demókratas
stultus!...

No se puede morir d'esta manera.
La muerte está huyendo de los hombres.
Es la sed.
¡Es el olvido, Nueva York, despiértate!
¡Mastúrbate, Manhattan,
con los asesinos a la hora del otoño,
Cruz de Malta,
rosa amarilla!

No se oirá tu cítara,
ni la voz del esposo se oirá en tus cafés,
ni las lámparas alumbrarán tus callejones.
¿Dónde estarás el día o la noche
de la Primera Resurrección?
¡Oh, Nueva Gog, oscura criatura de los puentes!
¡Oh, Magog,
nicho del prestigio,
de la fama,
de los hombres!
Los niños cantan:
¡la muerte se ha morido!
Los niños juegan
porque ya no habrá más tiempo.
Es el fin del abismo y
el fin de la Nada.

¡Ay de las que paren!
¡Ay de las que orgasman!
¡Ay de las que nacen de la muerte!

¿Quién es Abaddón?
¿Quién ha escrito su nombre en el olvido?


*****

 

 

20 de octubre del 2003
Nueva York

Yván Silén
   

 

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