Sumario 25

 

Amparo
Arróspide

 

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7 poemas vampíricos

 

 

 

 

 

 

 

 

Estos poemas fueron escritos hace tiempo, en pleno auge del neo-gótico —que aún hoy no parece andar de capa caída—. En ellos experimenté una atmósfera —que no quería tétrica ni demasiado lúgubre y que seguramente irá influida por muchos vamps del celuloide— y un contrapunto rítmico entre dos personajes (aunque en realidad no están delimitados). La fábula ya venía dada.

 

Del Conde Drácula a Lucy Westenra
I)

Aunque cierres con llave cada resquicio yo creceré en tus noches como una mala yerba, como un regusto amargo, como una indignación.

 

Despertarás...
Nada más fácil que asomarse a la ventana, y oír a quienes han despertado, como tú, dejar que el barullo de lo normal vaya imponiendose... un beso... un reproche de tristeza por el zapato que no se encuentra, por la sed...

Inconsciente de todo poder, es decir, indefensa, decides seguir las pautas de la vida. Para qué detenerse en lo que haces o crees hacer, si vas como sonámbula, no obstante; y con acopio de buenas intenciones te dejas confundir en cada transeúnte, en cada frase que pronuncias o escuchas, en cada pensamiento que explota en tus neuronas, allá al fondo...

Importa menos aún que seas tú la que actúe o la actuada. Alguna tarde te dejas invadir y entonces es como borrar las líneas de una mano y el fado que alguien canta en el metro nos mece como una canción de cuna...

Avanzarás.

Sin embargo, entrar en este lecho es acostarte con los cadáveres de todas las que fuiste.

—Quiero no ser—suspiras... —y despertar mañana, y olvidar...Que sea largo el amor.. que sea largo el olvido...

Y te encierras con llave, porque la noche es corta. Y yo crezco en tu sueño como una mala yerba, como un regusto amargo, como una indignación.

 

II)


cuesta renunciar a mí
negarte
boca arriba en la noche


Dormirse sin saber quién despertarás... en el frío de tu cama, donde no quepo, donde ni siquiera existo, donde sólo tus manos se disuelven, llamándome, llamándome...

desde dónde... desde qué resquebrajar de huesos o rechinar de dientes, en el infierno de alguna realidad, o en el espejo de alguna hoguera... pides la llave, la llave para salir o para entrar... se sale para entrar y se entra para salir... del día a la noche y de la noche al día... chis chis chis... búhos más grandes que gatos, o del tamaño de tu pulgar... el que acecha en la penumbra lleva siempre ventaja: cuenta con que te sientas culpable.

El miedo llama a su verdugo: quiere vestirse de víctima, que le estiren los cabellos hasta remedar una máscara del horror. Cortas uno de esos rizos y vuelve a desarrollarse la serpiente, o la lengua del lagarto.

Así algunos me llaman cada noche... desde todos los puntos del universo... desde alguna ventana abierta en la cosmópolis...

En el frío de tu cama, donde no quepo, donde ni siquiera existo, donde sólo tus manos se disuelven, llamándome, llamándome...

 

III)


Caminas en ese vacío— respiras por un instante la libertad de echar a correr y olvidarte de todo, hasta de los ojos que te espían y donde vuelven a caer tus sueños como en la tela de una araña.

Y te hundes en los sueños que despiertan, velos frágiles por el desván lleno de polvo, pétalos de flores resecas y marchitas cientos de años ha, entre manuscritos amarillentos como dedos de anciana.

... El deseo es pasado... Quisiste alguna vez, en el destello de un instante, abrir sus ojos... Pero lo que no ha sido no será jamás, sólo vuelve a ser eternamente lo que alguna vez hubo... Y sólo al conjugarse se separa de su fuerza de gravitación, proporcional a su ausencia...

 

IV)


Habías escrito unas palabras sin saber que eran un presagio: o tal vez fueron hipnotizándote hasta hacerte creer que se cumplían.

¿Y contra quién jugamos?
¿Quién es el poderoso rival que contiende invisible del otro lado del tablero?
¿A quién se espera en el silencio del amanecer?

 

De Lucy Westenra al Conde Drácula

V)


cuesta renunciar al poema
estrangularse en el silencio que te asalta
boca arriba en la noche
y penetra todos los orificios
de lo real
des—nu—do.

 

VI)


Si yo muero en tu mirada
si muero en tu mirada que se muere
si me fuese borrando poco a poco
o con un solo gesto
si yo me borrase con la última luz que vieran
tus ojos

sería oscuridad acaso
                                   yo Pena.
destello de lo pétreo
sequía en pozo oscuro...
y permanente el guiño
de tus abalorios baratos
tintineándote, muerte...

 

VII)


Masticaré la noche masticaré

paso a paso aciertas
con tu mirada en mi pecho
payasos
unciendo días y
noches sin ríos de sangre
Ayer
toqué tu corazón

toqué por no callarme
hasta el fin

 

 

Amparo Arróspide

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