Sumario 21

 

Sergio
Badilla

 

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Poemas
para un solo día

DOGMA

El dolor al pecho me hace olvidarte unos momentos: evito la muerte        me arrepiento. Es sólo la digna esencia de la materia: la duda        la razón invadida que conoce el miedo
He visto una alondra deflagrarse en el crepúsculo esta mañana. Nuestros huesos tienen aún identidad
son parte importante de un sujeto que respira. La luz temprana me despierta        me impacienta
       la suavidad de tu piel en mi tacto        tu hermoso vientre        mis pupilas penetran        se hacen parte de la luz        mis manos te intimidan
Me he olvidado de mis hijos en la niebla. Los genes se pudren con los años pierden su vitalidad
la memoria tiene ahora un inexplicable hedor a basura fresca: me disculpo porque estoy ante el umbral de la vida. Un olor profundo a alquitrán se expele de los viejos techos. Se consume un hombre silencioso en la tierra               la cal corroe sus tejidos        los desnaturaliza        les arrebata su postrera identidad

 

 

DE MALA MUERTE

El enladrillado conducía al castillo de alcurnia
En el interior del atrio - recuerdo - una escultura desnuda
       de una princesa alelada
Más lejos eran la primeras luces
           los menoscabos
              los tiras y aflojas de intemperantes y proxenetas
Era junio - dicen - alguien me confirma desde un escondrijo
un anciano tocaba un tango medio dormido en un tablado
Más lejos era ya la madrugada y las putas fragorosas
perdían sus colores        se esfumaban los feligreses
La ciudad disonante               sin fundar aún por la
imprecisión del paisaje en la mirada
el suburbio chillón de tamboreo y huifa
El corazón palpitaba profundo:
un fragmento de vida .......una fracción de tiempo con malvados
Empero no había reino ni había tanta claridad
sólo una mañana a punto de deflagrar en la licencia
¿Qué estaría haciendo su alteza a esas horas?

 

 

AQUELLAS PRECIOSAS

Acerca de las masnarras hay poco escrito
son especies que sufren de fotofobia permanente
de escasa irrigación de capilares
Seres vaginados
como los ángeles del convento de las Jerónimas de Sevilla
ejecutores genésicos de una progenie extinguida
Las manarras magman la coherencia      urden la analogía
y fraguan las equivalencias en medio de la noche
sueltan su cabello para tapar su tímido talante
y hacen el amor en algún recodo de la estación de Antón Martín
Las masnarras palidecen con frecuencia
debido a su nocturnidad prolongada
se imprecisan al amanecer se equívocan de manera contínua
en las noches de luna llena

Las masnarras son criaturas confusas indecorosas y mal nacidas
sin embargo hermosas y rubias después de entregarse al amor
aventurero
ambiguas de carne y hueso      procaces delengua y brío
estuosas de muslos enardecidas de ardor
las maznarras son individuas de mala educación

 

 

AUTOPISTA DE PLOEISTI

En los suburbios de Bucarest la nieve se transforma en lluvia en el otoño. Las grullas errantes que vienen camino de las estepas rusas bajan en las verdes colinas del Otopeni y se aparean. El Danubio no está lejos de aquí y los bogantes cantan al ritmo de los remos. Un viernes de octubre entré por Oradea camino de los Cárpatos y encontré tu apellido como nombre de pueblo ante los ojos y el mapa. Me empantanaron cinco horas de fisgoneo en frontera para hurgar papeles y visas. No, no soy el agente que buscáis. No soy el espía de occidente sino un sencillo ilota que viaja como paria. Dunavoastra stie romaneste? Stie limba romäna? y llegan unos sombríos ziganes a santiguarme como si fuera el elegido antes de que llegue la tarde. Ví un pequeño zorro y una avutarda entre sus dientes amarillos. Las fauces de la vulpeja babean de excitación en la vanidad del siglo. Unas cornejas le siguen el rastro desde el aire y unos aviones Mig patrullan la comarca. Me pierdo en el camino largo y me salvan las palabras afectuosas de un zaraneste. El es un excluido como yo en un país con límites. Un repudiado debe tener derecho a fronteras y familia auque sea un canalla. En la concavidad de los altos montes voy a dar a Transilvania, al este de las llanuras de Moldavia y al norte de las de Valaquia. El conde Vlad ya no empala y castiga a sus rivales, son otros los que condenan a los hostiles cada la medianoche Las repudiadas desgracias de los parias y no de la mía están en los versos de Eminescu . Mi ímpetu es la de un apátrida que busca una prosapia en una segunda esquina del mundo, después de la matriz materna, la cordialidad de una chabola en los extremos de la tierra y en sus elementos. Mi linaje es una progenie incierta a la luz de un relámpago de otoño, el mismo que alumbra la arboleda y se refleja en el parabrisas de este auto usado en esta humanidad usada y trasegada por el que corro en la autopista de Ploiesti para llegar a casa. Hay unas viejas matronas que ponen más té al recipiente para que huela y sea té.La noche arquea sus piernas y el transeúnte piensa en apurar el pedal después del refrigerio. La ciudad está llena de suburbios y de aljibes con pájaros y microorganismos. Está sitiada por las sombras con helechos y roedores.

 

 

MURO DE BERLIN

Hubo muchos que ni siquiera esperaron que me fuera
aves rapaces     buitres de mala muerte
entraban y salían de las habitaciones apropiándose de mis cosas
mis escasos libros       mis viejas corbatas     mi chaqueta de paño inglés
Te guiñé un ojo al pasar y tú te sentiste claramente ufana
el rey se había muerto y el templo tenía las puertas derribadas
alguien destruía la validez del calendario

Allí paseábamos antes de la mano por la plaza pública
Lo había dicho, como si fuera un esmirriado slogan
un ridículo cartel de frontera
       los hijos se quedan en casa
El mundo estaba bajo llave             como si nada
las ojivas nucleares      la Convención de Ginebra
              la política de los teléfonos rojos
       todo el polvo se barrió bajo la alfombra

Yo tampoco me arrepiento de haber amado en esos días
mis homenajes fueron antiguos     humanos     cándidos
Una misma moneda que tiene y tendrá dos caras la historia y la barbarie
los textos son ambiguos            los burócratas irresponsables
Huelga establecer los límites memoriales ante la nada
la verdad es una refutación kantiana
los poderes se anulan como si fueran una ecuación matemática
que cambian su coeficiente

¿quiénes de los viejos quedan en las oscuras habitaciones del palacio?
¿a quién tributo el murmullo de esta época entonces?
ya no hay lumbres en las antorchas
el fuego se ha agotado hace tiempo en las ascuas

 

 

PAISAJE

El paisaje es estático               un sarcasmo. Un grupo de viejas canta salmos cristianos hasta que quedan exhaustas las gotas caen incesantemente sobre la negra indiferencia del pavimento. La canción se desvanece en el ambiente        la traga el aire. Una paloma se descuelga desde un inmenso pino. Alguien ha visto al viejo de los leños esta mañana en el camino costero hacia la playa        las gotas le resbalan del impermeable sucio para evitar las palabras: no saluda a nadie        camina cabizbajo        escupe en el suelo
El ave pasa volando ahora sobre las ancianas cantantes        llueve

 

 

SARAJEVO

Hay fachadas de edificios destruidos por la guerra
individuos desdoblados en la fugacidad del tiempo
siluetas que construye la noche            sus propias semejanzas
Estaciones de tren donde nunca llega el alba
ruidos     gritos        murmuraciones de gente apresurada
el día se cae hecho pedazos
explosiones    sirenas      estridencias de fusiles y metrallas
Un relámpago destiempla de súbito la frágil presencia de la tarde
La lluvia surge pronta        la ciudad se anega de dolores y de barro
Unos hombres salen en cortejo a enterrar sus muertos
La ciudad es hostil
profundamente hostil y vulnerable
Claman por piedad los desconsolados
los ancianos la multiplicidad de sus penas
La tarde sigue siendo una antojadiza espía
                         posa su sombría relevancia en los detalles
Los caminos no permiten que la guerra abandone esta destruida urbe
                  están cortados con una profunda herida
Ella también y el neón
las luces de los escaparates de las tiendas
Ya nadie hace culto al fetichismo de la época
se mata para oficiar la barbarie de los malvados días
y los cuerpos pierden suficiencia
La dignidad descendida a la tierra repugnante
bajo un centenar de escombros        yace de vulgares cascajos
La sombra alcanza una atrevida destreza en la zona prohibida
la ruina tendrá después de todo su nefasto epicentro
Un francotirador apunta su villanía al caer la noche
el humo entorpece la visión existente entre los muros y las piedras
se traspone el silencio y brota con claridad una profusión de llanto
una nueva ráfaga parcela las osamentas
cuando acaba el derrumbe        los vestigios están allí presentes
¿adónde irán a parar los siervos de la gleba?
los transeúntes                      los trágicos peregrinos de la guerra
El río está próximo            las madres lloran
los pájaros vuelven tímidamente a remontar el vuelo
Madre: todavía hay lugar para una ofrenda

 

 

San Juan San Juan

¿Dónde estoy padre, padre, a estas horas ajenas?
cuando la embriaguez me hace reconocer tu cuerpo entre las
hierbas
y soy el peregrino de Ur que se escapó desnudo de su tierra,
con un pasaporte falso, de una Babilonia imaginada.
¡Qué no se deje ver la belleza de mi rostro a los que imponen su
mirada!
Alguien me oculta la verdad que se esconde en la noche,
quizás porque el miedo nos separa también como falso peregrino.
Tu pecho se alienta, como una flor que arranca el calor de mi
cuerpo
y con ruegos espantas al abejorro que insiste en saciarse de
néctar,
antes de emprender otra vez un largo vuelo,
hacia la temporalidad más oscura del frío.
Lo prometo, estoy dispuesto a callar perpetuamente tus secretos,
aunque el silencio me conduzca de regreso allí donde el averno
se junta con calle Roosevelt.
Ahí estarán las viejas rameras como siempre,
haciendo girar sus bolsos de colores como remolinos al viento.
¿Donde te escondes corderito de noviembre?
¿Por qué no quieres que yo sea San Juan el caribeño?
el que derrama una copa de vino sobre la palidez de tu pecho,
y mi cercanía se plasme, desesperada a tu piel,
hasta que los cuerpos exhuden sus olores, profundamente,
y sean verdaderos olores
para que el calor se transforme en humedad que trasmina la carne
¡Ay Dios mío! me siento al borde del purgatorio
sin la ayuda del Dante o de Virgilio Rodríguez.
Una radio anuncia que unos financistas reconstruirán Ninive la
bella.
Los diarios harán que el cometa Halley, mañana,
quepa con su estela, en el universo de una fotografía,
y me quedaré absorto pensando en los astros y tu rostro,
en la precaria virtud que tengo para hacer notar mi propia
humanidad,
en las constelaciones que otros establecen como únicas
y se repita incesantemente el infinito en esta fuga,
como un temeroso planeta que se inserta en mi consciencia.
Hoy quiero poseer tu cuerpo entre las hierbas,
como el fugitivo que soy que huye de sí mismo.
Las estrellas, lo sé, también se evaden de la enciclopedia
y se acercan a la vía láctea más cercana.
Mi mano derecha se dirige a tu cadera izquierda:
San Juan San Juan es ahora completamente impúdico,
casi procaz, en la modesta integridad de sus contornos,
sufre el delirio de concupiscencia.
Un avión pretende arrebatarme mi hambre trascendente.
Insisto, en ser inmanente en tí, dos, tres, cuatro veces,
hasta que me duela entrar en tus habitaciones.
¡Qué vergüenza me da pensar en tu marido
o en tu madre que te espera en la otra esquina!
Un sapo Coquí hace sentir su graznido de cisne solitario,
y yo siento también, que tu cuerpo se aleja y me deja sólo.
¿Cómo sería entonces, volver de nuevo a la carga?
porque tengo la obstinación del virtuoso que perdió la calma,
un simple y ordinario hombre, con ambiciones sagradas
San Juan San Juan el caribeño,
¡Oh no,! no dejes que se confundan mis sueños,
que esta realidad me haga ser el más necio de los elegidos,
el más iluminado de los imbéciles,.
un querubín despreciable que bajó de la punta del cerro.
Quiero mirarte de frente, de lado, de arriba para abajo
o desde donde tu pubis sea más tupido de pelambre
y no necesite imaginarme la humedad de tu morfología.
¡Qué horror mis hijos navegan lejos en el Báltico!
y Claes mi amigo, persigue sin enfado a las jóvenes en las
discotéques,
aún la juventud ocupa el espejo de su baño
y no le teme a que la gravedad lo lance contra el muro.
Confieso que he regalado todas mis pertenencias.
Confieso que sufro de melancolía crónica,
del más rebelde de los insomnios,
de un terrible y mísero encierro.
Confieso que pienso en tí en la bañera y en la cama,
cuando las celosías me imponen la imtimidad de su castigo
tras de cerradas ventanas.
Quiero eternizar contigo la bañera y la cama
aunque la eternidad es una envolvente quimera
un miedo que nos persigue, y que es irreconciliable con la
muerte,
Tal como soy, como individuo, me declaro fragmentario,
porque no soy capaz de reconocer mi predilección por la belleza,
cuando la vanidad de mis ojos miran tus ojos
fluye atolondrada la vida, a través del cuerpo.
Estoy seguro, me olvidaría del vino con el calor de tus besos
aunque los moralistas me acosen, me llenen de culpas
y quisieran prohibirme la pasión de estas mañanas.
No te olvides entonces, soy San Juan San Juan el caribeño.
aquel que en su santidad mundana,
profesa un amor tan puro: de carne y huesos.
       Beati pauperis spiritu.

 

Sergio Badilla

 

 

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