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DOGMA
El
dolor al pecho me hace olvidarte unos momentos: evito la muerte
me arrepiento. Es sólo
la digna esencia de la materia: la duda la
razón invadida que conoce el miedo
He visto una alondra deflagrarse en el crepúsculo esta mañana.
Nuestros huesos tienen aún identidad
son parte importante de un sujeto que respira. La luz temprana me
despierta me impacienta
la suavidad de tu piel
en mi tacto tu hermoso
vientre mis pupilas penetran
se hacen parte de la luz
mis manos te intimidan
Me he olvidado de mis hijos en la niebla. Los genes se pudren con
los años pierden su vitalidad
la memoria tiene ahora un inexplicable hedor a basura fresca: me
disculpo porque estoy ante el umbral de la vida. Un olor profundo
a alquitrán se expele de los viejos techos. Se consume un
hombre silencioso en la tierra la
cal corroe sus tejidos los
desnaturaliza les arrebata
su postrera identidad
DE
MALA MUERTE
El
enladrillado conducía al castillo de alcurnia
En el interior del atrio - recuerdo - una escultura desnuda
de una princesa alelada
Más lejos eran la primeras luces
los
menoscabos
los
tiras y aflojas de intemperantes y proxenetas
Era junio - dicen - alguien me confirma desde un escondrijo
un anciano tocaba un tango medio dormido en un tablado
Más lejos era ya la madrugada y las putas fragorosas
perdían sus colores se
esfumaban los feligreses
La ciudad disonante sin
fundar aún por la
imprecisión del paisaje en la mirada
el suburbio chillón de tamboreo y huifa
El corazón palpitaba profundo:
un fragmento de vida .......una fracción de tiempo con malvados
Empero no había reino ni había tanta claridad
sólo una mañana a punto de deflagrar en la licencia
¿Qué estaría haciendo su alteza a esas horas?
AQUELLAS
PRECIOSAS
Acerca
de las masnarras hay poco escrito
son especies que sufren de fotofobia permanente
de escasa irrigación de capilares
Seres vaginados
como los ángeles del convento de las Jerónimas de
Sevilla
ejecutores genésicos de una progenie extinguida
Las manarras magman la coherencia urden
la analogía
y fraguan las equivalencias en medio de la noche
sueltan su cabello para tapar su tímido talante
y hacen el amor en algún recodo de la estación de
Antón Martín
Las masnarras palidecen con frecuencia
debido a su nocturnidad prolongada
se imprecisan al amanecer se equívocan de manera contínua
en las noches de luna llena
Las
masnarras son criaturas confusas indecorosas y mal nacidas
sin embargo hermosas y rubias después de entregarse al amor
aventurero
ambiguas de carne y hueso procaces
delengua y brío
estuosas de muslos enardecidas de ardor
las maznarras son individuas de mala educación
AUTOPISTA DE PLOEISTI
En
los suburbios de Bucarest la nieve se transforma en lluvia en el
otoño. Las grullas errantes que vienen camino de las estepas
rusas bajan en las verdes colinas del Otopeni y se aparean. El Danubio
no está lejos de aquí y los bogantes cantan al ritmo
de los remos. Un viernes de octubre entré por Oradea camino
de los Cárpatos y encontré tu apellido como nombre
de pueblo ante los ojos y el mapa. Me empantanaron cinco horas de
fisgoneo en frontera para hurgar papeles y visas. No, no soy el
agente que buscáis. No soy el espía de occidente sino
un sencillo ilota que viaja como paria. Dunavoastra stie romaneste?
Stie limba romäna? y llegan unos sombríos ziganes a
santiguarme como si fuera el elegido antes de que llegue la tarde.
Ví un pequeño zorro y una avutarda entre sus dientes
amarillos. Las fauces de la vulpeja babean de excitación
en la vanidad del siglo. Unas cornejas le siguen el rastro desde
el aire y unos aviones Mig patrullan la comarca. Me pierdo en el
camino largo y me salvan las palabras afectuosas de un zaraneste.
El es un excluido como yo en un país con límites.
Un repudiado debe tener derecho a fronteras y familia auque sea
un canalla. En la concavidad de los altos montes voy a dar a Transilvania,
al este de las llanuras de Moldavia y al norte de las de Valaquia.
El conde Vlad ya no empala y castiga a sus rivales, son otros los
que condenan a los hostiles cada la medianoche Las repudiadas desgracias
de los parias y no de la mía están en los versos de
Eminescu . Mi ímpetu es la de un apátrida que busca
una prosapia en una segunda esquina del mundo, después de
la matriz materna, la cordialidad de una chabola en los extremos
de la tierra y en sus elementos. Mi linaje es una progenie incierta
a la luz de un relámpago de otoño, el mismo que alumbra
la arboleda y se refleja en el parabrisas de este auto usado en
esta humanidad usada y trasegada por el que corro en la autopista
de Ploiesti para llegar a casa. Hay unas viejas matronas que ponen
más té al recipiente para que huela y sea té.La
noche arquea sus piernas y el transeúnte piensa en apurar
el pedal después del refrigerio. La ciudad está llena
de suburbios y de aljibes con pájaros y microorganismos.
Está sitiada por las sombras con helechos y roedores.
MURO
DE BERLIN
Hubo
muchos que ni siquiera esperaron que me fuera
aves rapaces buitres de mala muerte
entraban y salían de las habitaciones apropiándose
de mis cosas
mis escasos libros mis viejas
corbatas mi chaqueta de paño inglés
Te guiñé un ojo al pasar y tú te sentiste claramente
ufana
el rey se había muerto y el templo tenía las puertas
derribadas
alguien destruía la validez del calendario
Allí
paseábamos antes de la mano por la plaza pública
Lo había dicho, como si fuera un esmirriado slogan
un ridículo cartel de frontera
los hijos se quedan en
casa
El mundo estaba bajo llave como
si nada
las ojivas nucleares la Convención
de Ginebra
la
política de los teléfonos rojos
todo el polvo se barrió
bajo la alfombra
Yo
tampoco me arrepiento de haber amado en esos días
mis homenajes fueron antiguos humanos cándidos
Una misma moneda que tiene y tendrá dos caras la historia
y la barbarie
los textos son ambiguos los
burócratas irresponsables
Huelga establecer los límites memoriales ante la nada
la verdad es una refutación kantiana
los poderes se anulan como si fueran una ecuación matemática
que cambian su coeficiente
¿quiénes
de los viejos quedan en las oscuras habitaciones del palacio?
¿a quién tributo el murmullo de esta época
entonces?
ya no hay lumbres en las antorchas
el fuego se ha agotado hace tiempo en las ascuas
PAISAJE
El
paisaje es estático un
sarcasmo. Un grupo de viejas canta salmos cristianos hasta que quedan
exhaustas las gotas caen incesantemente sobre la negra indiferencia
del pavimento. La canción se desvanece en el ambiente la
traga el aire. Una paloma se descuelga desde un inmenso pino. Alguien
ha visto al viejo de los leños esta mañana en el camino
costero hacia la playa las
gotas le resbalan del impermeable sucio para evitar las palabras:
no saluda a nadie camina
cabizbajo escupe en el
suelo
El ave pasa volando ahora sobre las ancianas cantantes llueve
SARAJEVO
Hay fachadas de edificios destruidos por la guerra
individuos desdoblados en la fugacidad del tiempo
siluetas que construye la noche sus
propias semejanzas
Estaciones de tren donde nunca llega el alba
ruidos gritos murmuraciones
de gente apresurada
el día se cae hecho pedazos
explosiones sirenas estridencias
de fusiles y metrallas
Un relámpago destiempla de súbito la frágil
presencia de la tarde
La lluvia surge pronta la
ciudad se anega de dolores y de barro
Unos hombres salen en cortejo a enterrar sus muertos
La ciudad es hostil
profundamente hostil y vulnerable
Claman por piedad los desconsolados
los ancianos la multiplicidad de sus penas
La tarde sigue siendo una antojadiza espía
posa
su sombría relevancia en los detalles
Los caminos no permiten que la guerra abandone esta destruida urbe
están
cortados con una profunda herida
Ella también y el neón
las luces de los escaparates de las tiendas
Ya nadie hace culto al fetichismo de la época
se mata para oficiar la barbarie de los malvados días
y los cuerpos pierden suficiencia
La dignidad descendida a la tierra repugnante
bajo un centenar de escombros yace
de vulgares cascajos
La sombra alcanza una atrevida destreza en la zona prohibida
la ruina tendrá después de todo su nefasto epicentro
Un francotirador apunta su villanía al caer la noche
el humo entorpece la visión existente entre los muros y las
piedras
se traspone el silencio y brota con claridad una profusión
de llanto
una nueva ráfaga parcela las osamentas
cuando acaba el derrumbe los
vestigios están allí presentes
¿adónde irán a parar los siervos de la gleba?
los transeúntes los
trágicos peregrinos de la guerra
El río está próximo las
madres lloran
los pájaros vuelven tímidamente a remontar el vuelo
Madre: todavía hay lugar para una ofrenda
San Juan San Juan
¿Dónde
estoy padre, padre, a estas horas ajenas?
cuando la embriaguez me hace reconocer tu cuerpo entre las
hierbas
y soy el peregrino de Ur que se escapó desnudo de su tierra,
con un pasaporte falso, de una Babilonia imaginada.
¡Qué no se deje ver la belleza de mi rostro a los que
imponen su
mirada!
Alguien me oculta la verdad que se esconde en la noche,
quizás porque el miedo nos separa también como falso
peregrino.
Tu pecho se alienta, como una flor que arranca el calor de mi
cuerpo
y con ruegos espantas al abejorro que insiste en saciarse de
néctar,
antes de emprender otra vez un largo vuelo,
hacia la temporalidad más oscura del frío.
Lo prometo, estoy dispuesto a callar perpetuamente tus secretos,
aunque el silencio me conduzca de regreso allí donde el averno
se junta con calle Roosevelt.
Ahí estarán las viejas rameras como siempre,
haciendo girar sus bolsos de colores como remolinos al viento.
¿Donde te escondes corderito de noviembre?
¿Por qué no quieres que yo sea San Juan el caribeño?
el que derrama una copa de vino sobre la palidez de tu pecho,
y mi cercanía se plasme, desesperada a tu piel,
hasta que los cuerpos exhuden sus olores, profundamente,
y sean verdaderos olores
para que el calor se transforme en humedad que trasmina la carne
¡Ay Dios mío! me siento al borde del purgatorio
sin la ayuda del Dante o de Virgilio Rodríguez.
Una radio anuncia que unos financistas reconstruirán Ninive
la
bella.
Los diarios harán que el cometa Halley, mañana,
quepa con su estela, en el universo de una fotografía,
y me quedaré absorto pensando en los astros y tu rostro,
en la precaria virtud que tengo para hacer notar mi propia
humanidad,
en las constelaciones que otros establecen como únicas
y se repita incesantemente el infinito en esta fuga,
como un temeroso planeta que se inserta en mi consciencia.
Hoy quiero poseer tu cuerpo entre las hierbas,
como el fugitivo que soy que huye de sí mismo.
Las estrellas, lo sé, también se evaden de la enciclopedia
y se acercan a la vía láctea más cercana.
Mi mano derecha se dirige a tu cadera izquierda:
San Juan San Juan es ahora completamente impúdico,
casi procaz, en la modesta integridad de sus contornos,
sufre el delirio de concupiscencia.
Un avión pretende arrebatarme mi hambre trascendente.
Insisto, en ser inmanente en tí, dos, tres, cuatro veces,
hasta que me duela entrar en tus habitaciones.
¡Qué vergüenza me da pensar en tu marido
o en tu madre que te espera en la otra esquina!
Un sapo Coquí hace sentir su graznido de cisne solitario,
y yo siento también, que tu cuerpo se aleja y me deja sólo.
¿Cómo sería entonces, volver de nuevo a la
carga?
porque tengo la obstinación del virtuoso que perdió
la calma,
un simple y ordinario hombre, con ambiciones sagradas
San Juan San Juan el caribeño,
¡Oh no,! no dejes que se confundan mis sueños,
que esta realidad me haga ser el más necio de los elegidos,
el más iluminado de los imbéciles,.
un querubín despreciable que bajó de la punta del
cerro.
Quiero mirarte de frente, de lado, de arriba para abajo
o desde donde tu pubis sea más tupido de pelambre
y no necesite imaginarme la humedad de tu morfología.
¡Qué horror mis hijos navegan lejos en el Báltico!
y Claes mi amigo, persigue sin enfado a las jóvenes en las
discotéques,
aún la juventud ocupa el espejo de su baño
y no le teme a que la gravedad lo lance contra el muro.
Confieso que he regalado todas mis pertenencias.
Confieso que sufro de melancolía crónica,
del más rebelde de los insomnios,
de un terrible y mísero encierro.
Confieso que pienso en tí en la bañera y en la cama,
cuando las celosías me imponen la imtimidad de su castigo
tras de cerradas ventanas.
Quiero eternizar contigo la bañera y la cama
aunque la eternidad es una envolvente quimera
un miedo que nos persigue, y que es irreconciliable con la
muerte,
Tal como soy, como individuo, me declaro fragmentario,
porque no soy capaz de reconocer mi predilección por la belleza,
cuando la vanidad de mis ojos miran tus ojos
fluye atolondrada la vida, a través del cuerpo.
Estoy seguro, me olvidaría del vino con el calor de tus besos
aunque los moralistas me acosen, me llenen de culpas
y quisieran prohibirme la pasión de estas mañanas.
No te olvides entonces, soy San Juan San Juan el caribeño.
aquel que en su santidad mundana,
profesa un amor tan puro: de carne y huesos.
Beati pauperis spiritu.
©
Sergio
Badilla
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