Sumario 21

 

Luis
Eduardo
Gutiérrez

 

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Poemas

 

XIV

Nada queda del navegante
Que atado a la piedra del suplicio
Se precipitó al fondo del mar,
Mientras rezaba una plegaria al albatros.
Y en su caída
Atravesó el cielo del fuego, del agua y el polvo
Hasta unirse a un enorme círculo de huesos.
Nada subsiste
De la estela que dejo el espolón de su nave
Ni de su enseña de viajero que ondeó bajo las tormentas.
Sólo el mar
Permanece inalterable
Con su vasta maldición sobre los hombres.

 

 

XI

Muerto el pastor de cabras,
Decidimos enterrarlo en una gran ostra
Cerca al mar.
Ahora que perteneces a otro país,
Te será dado seguir costumbres más apacibles:
Serás pastor de olas
En la remota comarca de los muertos.

 

 

Destino

A Winston Morales Chavarro

 

Nos espera el destino de Edipo el invidente
Rey destronado por las sombras.
Guiado por una mujer
De cabellos troyanos,
Él implora de taberna en taberna
Luz para su reino.

 

 

Guerra

Los reyes ostrogodos
Émulos de una dinastía de dioses
No lograron vencerme
Siempre surgí del vaho de la guerra
Con la frente constelada.
Tampoco me bajó ese cadalso
Que una legión de ángeles levanta hasta el cielo.
Me venció tu cuerpo.
Me abatieron
Tus humeantes caderas troyanas,
Tus labios armados para otras batallas.

 

 

Desdicha

Carlomagno
soberano de un bosque de hielo y de tres búhos
abisinos
no fue tan glorioso como monsieur Villon.
Abanicado
por mujeres de piel oscura en un lupanar de París
el poeta Villon, arcángel salteador de caminos,
sabe ser rey a su manera.
No ha sido ungido emperador
en la catedral de mil puertas por un Papa alado.
No pertenece a una jerarquía de soles.
Pero al llegar la noche
su frente de ladrón es ungida con una corona de
astromelias
en la casa de amores de la avenida Montparnase.
Bajo la luna esmaltada
el poeta Villon es preservado de la horca
en una tina colmada de vino.
Y entre el vaho de perfumes de oriente,
las mujeres de este prostíbulo tocan en la cítara
del viento
extrañas melodías para él.
Cuánto hubiera deseado Carlomagno,
adorador de este Dios que nos vigila con su ojo
único,
cambiar tres montañas de su reino por una
bailarina de Montparnase.
Cuánto hubiera querido ser este poeta ladrón,
para salir de su palacio de nieve
a la casa de dichas terrenas.

 

 

Música

Condes han venido
desde palacios rojos
atraídos por las notas
del piano que el iluminado toca en el bosque.
Han llegado odaliscas con cinturas de oro
a danzar sobre las riberas del día.
Muchedumbres abandonan sus aldeas rocosas
para seguir al pianista prodigioso.
Libros enterrados en la arena
cuentan que el pueblo de Abraham
escuchó la música sagrada
y durmió durante siglos.
Pero es también poderosa la palabra.
Hombres mueren a las puertas del templo
a la espera de escucharla.
El señor de los Desiertos creyó en sus poderes
y llovió vino en las praderas del sueño.

 

 

Metamorfosis II

José tiene once árboles en los jardines de Egipto.
Amoroso,
los llaman por sus nombres.
Uno de ellos fue ladrón en Judea.
Los otros homicidas en Sión.
Invitados a una fiesta
escucharon al flautista del palacio
en este jardín. Fueron perdiendo el habla.
Sus espaldas se volvieron rudas cortezas.
Sus brazos son ramas frondosas
que invaden de verde el cielo.

 

Luis Eduardo Gutiérrez

 

 

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