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| e o m . tierra . 2 . agosto 2001 | |||||||||||
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¡Que
un día |
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P.
¿Cuándo, a qué edad y cómo se enteró
de la existencia de la muerte?
R. No sabía nada... Una vez
pasamos con mi papá por un cementerio, le pregunté y me
contestó que eran las casitas donde vivían los gnomos,
que estaba prohibido entrar sin pasaporte especial porque te podía
llevar ya se imagina quien... P.
No me imagino... ¿quién?
R. Mi papá dijo que la Chingada.
P. ¿Así se expresó?
R. Bueno, dijo la señora Chingada,
mi papá era muy propio. P. Muy bien, volvamos a mi pregunta: ¿cuándo, a qué edad y cómo se enteró de la existencia de la muerte? R.
Ah, sí. Fue el otro día, dijeron por la radio que la muerte
existe, yo no sabía nada, pero no lo creo, usted sabe, los medios
están cada día más mentirosos... ¿qué
otra cosa era? ah, sí, mi edad (coqueta) no se la digo.
P. Está bien... ¿Y cuánto
tiempo lleva estudiando Filosofía?
R. Me inscribí por primera vez en
la Facultad en 1978, después dejé y volví a empezar.
Le decía que yo no supe de la muerte hasta el otro día,
pero igual, no lo creo, la muerte no existe. Además, no recuerdo
haberme muerto nunca. Y si en todos estos años no me pasó
¿por qué habría de sucederme después, eh,
por qué? Es cierto que tengo mala memoria, pero de una cosa así
me acordaría ¿no? ¿verdad? Y ésta es del
tipo de argumentación común en la gente: puesto que hasta
hoy todos los hombres han muerto, también me tocará a
mí. ¿Y por qué ? Muy sencillo: si hasta ahora no
me he muerto, ya no me tocará a mí. A ver, dígame.
¿Lo que ocurrió, ocurrirá? Pues yo afirmo: lo que
me ocurrió, me ocurrirá; y lo que no me ocurrió,
no me ocurrirá. Ya sé, hay un conjunto de signos que indican
la marcha hacia el final y se llama envejecimiento. Pero si puede ser
retardado ¿por qué no detenido? Estoy pisando el terreno
de las posibilidades, donde nada puede ser descartado, por más
improbable que parezca, allí donde se ubicaba Sherlock Holmes
para resolver los crímenes. ¿Lo ha leído, ha leído
a Conan Doyle?
P. Así que usted niega abiertamente
la muerte, tal vez como secuela de lo ocurrido en la infancia; le confieso
que nunca me había topado con un caso tan extremo.
R. Pero (molesta) ¿está sordo
o qué le pasa?
P. (atónito) ¿Por qué?
R. ¿No acabo de decirle que no creo en la muerte aunque lo diga
la radio? ¿Y que mi negación de ella es sabia? Sa-bia,
sa-bia: no lo hago por miedo, sino rindiendo tributo a la lógica.
P. ¿A poco usted no se considera
mortal, es una diosa, acaso?
R. (coqueta) Algunos novios que he tenido
llegaron a llamarme diosa... Pero (airada) ¿de qué se
trata? Aquí la cuestión es otra: no tengo ninguna obligación
lógica de creer en la muerte. Oígame bien, de nadie se
puede afirmar que va a morir antes de que esté muerto, y de él
entonces se dirá, en pasado, sólo en pasado: iba a morir.
Cuanto les haya sucedido a todos los otros, por muchos que sean y sin
registrar excepción, no me concierne. No hay lógica basada
en experiencias anteriores, eso ya lo explicó el filósofo
Hume. Que yo vaya a morir, lo siento, no está probado.
P. Lo que pasa contigo, aunque no quieres
reconocerlo, es que tienes pánico a la muerte, y estás
buscando argumentos para negarla, según tú, en la lógica.
Pero la muerte te supera en necedad y un día vendrá a
buscarte.
R. Por lo visto, no has entendido nada.
¿Cómo quieres que te lo explique? Voy a dejar el terreno
de la lógica. Sí, allí donde la muerte es sólo
una posibilidad. No una certeza, algo "casi" seguro que ocurra,
te concedo, pero no una certeza. Precisamente, es tomándose con
uñas y dientes a los "casis" que la evolución
sale adelante... Pero bueno, te decía, voy a dejar ese terreno,
el de la lógica, para pasar al de las probabilidades, a ver si
de ese modo... Mira, mientras estoy viva, puede pasar algo que cancele
la muerte. ¿Te imaginabas el viaje a la luna hace cien, hace
cincuenta años? La luna era cosa de enamorados o de
P. Pero... (desconcertado) no me cambies
las cosas, no te hagas la boluda [1].
R. No discuto más contigo. Y más
boluda tu abuela.
P. Bueno, bueno, no lo tomes así.
Volvamos por favor al cuestionario. Si tuvieras la certidumbre de morir
dentro de dos meses -ya sé, según tú esa certidumbre
no puede existir, pero, digamos, te encuentras enferma en fase terminal-
¿qué modificaciones introducirías en tus patrones
de conducta?
R. Ora sí, con el que quiera.
P. ¿Conmigo también? R. Con el que quiera yo, güey. Y tú no estás en mi lista. Y bien, habiéndose demostrado la total incompatibilidad entre entrevistada y entrevistador, la encuesta toca fin, bai, bai.
1.
El psicólogo emplea la palabra boluda para referirse a la entrevistada.
Como es argentino quiso decir pendeja en versión atenuada. Como
la entrevistada es mexicana, entiende lo de boluda en el sentido de
bien gorda, lo cual le cae peor que si hubiera comprendido la palabra
dicha en argentino.
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