|
|
|
|||||||||||||||||||
| e o m . tierra . 2 . agosto 2001 | ||||||||||||||||||||
| e o m . tierra . 2 . agosto 2001 | ||||||||||||||||||||
|
Dínamo |
||||||||||||||||||||
|
A Luis Ferrer I Esther siempre miraba por la ventana, no fuera que algún pájaro extraño cruzara el cielo, o alguna nube perdida gritara el rostro de su abuela. Ese día el tiempo había corrido lento como un gran rinoceronte anciano; por su cabeza chorreaban hilos de luz, telarañas al sol. Tratando de encontrar una respuesta, pensaba:
«¿Cuándo aprenderemos? Tantos siglos, cuántos
pasos, dónde se esconde la palabra, el <ábrete sésamo>
de la verdad. Aquí en la espesura una azotea se recorta al mundo,
proclama el cansancio de sus varillas, de ese gran tinaco que le rinde
honores de altar escondido, de ese gato Clemente ignorando su nombre
hasta las uñas, ¿y qué? Y me llaman Esther y estrella,
y Tere mi madre. Mamá, solos tus ojos mis ojos; una hoja se mueve
verde y húmeda en mis adentros como semáforo en siga,
un árbol al cual le diste un universo para cantar y sólo
para eso; el café caliente en la garganta y el beso de mi amado
vienen luego, el centro de todo es el canto, un arrullo de frente tranquila
y labios de canela. ¿Y entonces por qué matamos? ¿Por
qué la ciudad es un rugido de bestia salvaje rugido? ¿Por
qué tras aquella puerta una mujer El hombre de barba rojiza, sentado ante su escritorio sin poder tildar una letra, imagina. «Debo
terminar hoy mismo pero esta mujer se niega a ser cazada; por más
que trato, esta jaula de comas no le gusta para casa. Y qué puedo
hacer. ¿Decirle mañana al editor: "lo siento, no
se dejó"? Me pondría patitas en la calle entre vociferaciones
y truenos. No. Mañana me levantaré a las nueve como siempre
y lo
«Vuelvo a casa y temo encontrarla, he llegado a creer en su existencia».
«¿Y si un día el olvido me arranca los últimos
pedazos de razón que aún ejercito? Temo, entrego y temo...
el color se me va en un montón de escupitajos y sombras y paredes
extrañas que me encierran. Vivo. Subsisto en un grito de luz
multiforme, espesa de lodo, humedad y sueño. Fausto me mira extrañado,
como si pudiera sentir lo que pienso, escuchar este goteo constante
en mi cabeza. Y no entiendo por qué existimos, así encontrándonos
tan de repente, tan de poca monta como la copa de vino que sostengo.
Y él me hace dudar de cada palabra pronunciada, pues sus respuestas
son siempre prontas aún para la idea más insólita;
es sólo que esta hecho de parches y retoques, y su ropa es siempre
tan estándar y su rostro tan Dorian, y no lo creo aunque me acerque
a tocarlo, a husmear sus ranuras con el vientre y el habla. Todo es
igual siempre, como si las horas no pasaran y siempre presente este
presente infinito de colas astrales. Y es el pasado esta dínamo
que se reinventa y pierde sus matices para ser una flecha atravesando
el reloj, un pedazo de vidrio azul aquí y uno de pan al rato
que es ahora. » «Esther me mira desde su allá, me acerco a su carne de ene y vibrante simple, la respiro en cada tilde y escucho su ruego de no más tortura. Intento atrapar sus lágrimas, esas mismas que yo le he dado sin ella saberlo, unas gotas de ola pernoctando en su cabeza. Y el editor escuchará mi emoción de saberla inteligente y delgada, morena y paciente, pero no vivirá mis noches en vela esperando frente a una Olivetti que tal vez exista sólo a partir de ella y para ella. Saldré a medianoche cansado de esperarla. Caminaré por unas calles frías de pasos huecos para ir a la terminal de autobuses con su digestión de cabellos desordenados y ojos a medio abrir. Me dedicaré a observar a los pasajeros, en la ridícula pose de buscar en ellos un personaje; pero vendrá una, una mujer cargando una gran maleta con una mirada de no sé dónde conocida y claro, me recordará a Esther de pasos largos, Esther de boca fruncida, estrella cansada y llorosa, esta mujer-soledad; ella pensando en los mosquitos pegándose a su ventana. Ella con su copa de vino en la mano brindado por el arcoiris y el orgasmo, por ese Fausto que aún no termina de creer, por los encajes de sus vestidos harapientos, por el sol de mediodía, por... Y yo ahí desesperado, tomando notas de vez en cuando hasta que un policía se acerca y me mira asombrado, pienso que he de tener los ojos desorbitados; me manda a dormir amigo, yo me enojo, desde el fondo de sus ojos-macana ordena, me toma del brazo y me saca, lanzo un golpe en falso (nunca he sabido pelear) y me apretuja en su patrulla olorosa a tabaco. Y heme allí en la delegación llena de prostitutas de cabello rancio y rojo corrido en el rostro, borrachos de mala muerte en actitud de dioses, raterillos debutantes de tenis rotos, y por supuesto la categoría de golpeadores en que mi nombre brilla como letrero de neón. Y no oficial no estoy drogado, y no oficial trabajo, y no oficial chingue a su madre y aquí está una lana para que me deje en paz. Sudando mi coraje salgo, maldita sea no tengo para el taxi; camino con este frío de refrigerador para mariscos y cansado llego a casa, ese cuadrado estúpido donde Esther no está. »
II «Y
pensar que alguna vez tuve una foto... aún no logro recordar
el momento de su pérdida; sólo la veo ahí atrapada
en mi mente, disfrazada de gran dama para ir a la función de
teatro a la que nunca asistió. Fue ese el día que la vi
por última vez; dijo necesitar ir al baño y me senté
a esperarla en el vestíbulo hasta que la función terminó;
tal vez había entrado, tal vez volvería en cualquier momento.
Los actores me impresionaron con sus disfraces sombríos como
de muerte hambre hombre y sus risas contrastando. Llegué a preguntarme
si era un sueño todo aquello, toda aquella Esther. » «Te percibo de pronto, como si hubieras estado siempre ahí pegado a la pared y yo ciega distraída. Fausto me acaricia y es un viento rasgando quedo mi frente en la distancia. Tú estás en mi pensamiento, algo superior me atrapa obligándome a buscar tu cuerpo. Es como esas miradas mirando desde un fondo que sin embargo no podemos precisar. Así te veo, tú en un pozo pero ahí. Soy tu sombra. Precísame. »
III «Puedo
llegar a creerte aún más allá de este espacio confuso
con su procesión de muerte y velorio. Ya no sé qué
pensar. ¿Existo? Recuerdo a Borges y lloro. Si tan sólo
Fausto no fuera un molde. ¿Y yo? Esta yo siempre igual cambiando
a cada letra. De nuevo el canto surge incitándome a no deprimirme
más, pero es sólo que las hojas se marchitan, o tal vez
sólo sea el otoño. Madre, cuna de no-hambre, te perdí
para asir el mundo y no sé aún hasta cuál punto
fue esto mejor. La ventana sigue ahí pero ahora es de noche,
una oscuridad de cebra sin estrellas y con una neblina apabullante.
Ahora es negra y no me reconozco. Sé que afuera habitan los perros
y las lavanderías, risas y mujeres pariendo, piernas colgando
de alguna banca de parque y claustros repletos de niños ansiosos
por salirse a jugar. Gente comprando mariposas muertas para cubrir su
frío y sosteniendo sus controles remotos cada vez más
ligeros, coincidiendo. Y yo aquí tan sólo una raya más
en una carretera hacia la nada.
¿De qué sirve? ¿Cuánto basta este pensamiento
azotándose, azotándose para darme jaqueca? Siento cómo
todo se derrumba cada vez que tomo conciencia de algo. Caen los ladrillos
como paja y un bajo balbucea en mis entrañas. Mi cuerpo tiembla.
¿Será el frío? ¿El café? Mi pobre
mente apresada en una realidad única sencilla siempre fija y
sin embargo, complicada. ¡Señora! Un
|
||||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||