e o m . aire . 2 . agosto 2001            
                     
                       
        e o m . aire . 2 . agosto 2001          
         


Pedro Albizu Campos

Yván Silén

       
                       
       

 

A Pedro Albizu Campos,
a Vieques, y a la independencia
de Puerto Rico.

 

Muerto entre migajas de pan

como una musa, con el ojo roto

y con la voz deshecha, tu silencio

(caracola vacía do el vientoagua

o el aguaviento ruge)

como un albatros de hilo,

deshilado al viento de la sombra,

como una sombra deshilada

al hilo del viento,

como muerta de seda rosa

al desfiladero del sueño,

tu muerte herida, Albizu, sedienta, lujuriosa de ti,

tu muerte sola, Pedro, tu muerte agrietada,

masturbada,

abandonada,

ramera,

sola,

bosteza en medio de Dios

su propio sueño.

 

Y te señala, la muerte,

el-seno-del-buitre-del-ala,

lánguida,

instantánea

do la vemos pasar erecta

junto a los niños.

Brincar la cuica te olemos, muerte,

de supernova rota a enana blanca,

reflejo de las mariposas, éxtasis de Dios

en el ojo del místico,

en los círculos negros de las sombras

secas,

clavadas,

bellas,

en do el ojo mira absorto

como si estuvieras, Pedro,

buscando las migajas de la muerte...

 

Albizu de papel carbón el sueño,

herido del alma,

como herido del falo,

fugaz en las hojas fatales del otoño,

como Buzos del cielo

y astronautas del mar

que te señalan con el dedo en el espejo:

huevos a la ribera del río la sombra tuya

descendiendo de la historia

flaca,

finita como el sueño

(ala de metal, navajas nuevas

--Vieques es un espanto

entre la tierra y el cielo--).

 

A lo lejos un montón de enanos

calan las ballonetas.

Mientras, tú, niño

orinas,

eructas,

ríes

sombra de mujer que sueña,

chiringa tuya contra esas nubes

fláccidas,

de peces

que cruzan azules el espejo

en el color gris del sueño y de la muerte.

 

*****

 

Ya no hay nadie, Albizu, en el aplauso,

ya no hay nadie en ti,

ya no te pitan ni te abuchean,

ya no eres el galán que icara,

que minotaura o hurga

a la sombra del cuerpo vacío.

¿A dónde te fuiste fañoso antes de tiempo?

¿A dónde, como una Novia,

sin la cabeza de los yanquis?

¿En dónde orinas ahora los peces de Dios?

Flamboyán de junio,

contra la luna eterna de la patria

contra Vieques.

Tu sombra muerta, tu sombra herida,

recoge lázaramente virgen

tu piel, tu epidermis,

las lluvias,

como si estuvieras preparando las maletas.

 

¡Oh, tejedor de la muerte en los columpios!

¡Oh, hijo de Zeus,

homericamente negro

cuando oyes a las nymphas de Judea.

A la Sulamita coja,

pata de sueño,

esposa tuya,

recoger a los niños suicidados.

Tú vuelves, tú retornas,

esqueletamente roto a ponerte

tu gabán de capitán del sueño,

tu sombrero, tu chaleco,

tu máscara de Caronte contra ti

y te pagas tu botón chatré

denariamente verde

como si te hubieras suicidado

falsamente en las letrinas de San Juan

para un pueblo más falso todavía

que ni te ama, ni te escupe,

ni te mima atenamente añejo,

esquizo

contra los barcos de papel

en las cunetas del sueño.

 

¡Oh, ladra tú, rebuzna tú,

amigo mío, y sueña

contra la luna estancada en los bajeles

de las cenizas encendidas!

 

Sé inmoral en Vieques.

Sé inmoral eterno,

¡sé libre ahora!

contra los tontos que recogen tu prepucio,

como la Venus de azul

en el espejo de la muerte.

Y no permitas que escupan

la rosa de tu alma (de Teseo),

ni la rosa del culo,

de Dios ¡santísimo,

escupan!:

¡Ama hoy,

y sé ateamente héroe de “Yo Soy”,

héroe mío

(Dios del héroe, Cristo meu,

transfigurado, tú y yo,

en el espejo de la imagen,

en lo más radical de la voz patética,

noche del día de Dios,

noche mea,

Rosa mea,

en el escándalo tuyo

en la Rosa de la rosa :

del día de Dios en el ocaso).

¡Oh, Tabor ilumina los senderos de la muerte!

Ilumina, tú, al Cristo-Albizu

(o al Albizu-Cristo del espejo meu,

do me lavo la cara en un sartén místicamente,

me lavo las manos,

la muerte me lavo!)

¡Y no me dejes de amar en el que mata y ama,

en el que ama y mata!

No dejes de odiar en lo profundo del vértigo

del que matamás hoy, y mañana amamás!

Y siembra, tú, la luz otra vez en tu prepucio

y que tu vena sea de papel oscuro por el sueño.

Siembra, tú, el terror amorosamente mío

contra los cretinos

que me persiguen cristiana, atea,

y tontamente,

porque estamos a la hora acordada,

a la hora cierta del nihilismo mío

del Reino de los Cielos

contra el reino tuyo!

¡Oh, bendíceme, tú, alrevés,

pero bendíceme oscuro

en los baños públicos

donde se citan las lesbias,

mientras yo tomo notitas realistas

para la película que no haré,

y el poema que no escribiré!

Porque me río y me burlo

de ellos fóbicamente. Me río infantil

como si estuviera pariendo

a Dios en las letrinas.

 

¡Líbrame de Ti y líbrame de Albizu!

¡Líbrame de mí mismo y

líbrame de la risa,

cuando ande en el valle de muerte de tu Nombre,

cuando tenga miedo

como un cobarde que yace

delante de los tanques extranjeros!

No me dejes y no me desampares

el día que mis compañeros me asesinen,

ni el día que los poetas me traicionen.

 

Ama cristianamente, Yván,

hermosamente mata, Yván,

pero no seas frío ni tibio,

porque si no te vomitaré

de mi boca mirramente.

Mata-Buda y ama,

ama y mata-zen,

mata-alma, Albizu,

antes que te vuelvan a colgar de las chiringas

los patriotas de turno.

Antes que pique

el carnicero tu carne molida,

tu rosa de Cristo,

tus testículos,

tu sombra.

Antes del Día de las Madres,

antes del Día de los Padres,

Antes del Día de Thanksgiving,

Pavo Real de Dios guindando del falo

demokráticamente

cierto,

injusto,

traficado.

 

¿Quién te hubiera dicho, Albizu,

que se podía morir d’esta manera?

 

*****

 

Hoy es mayo de Vieques,

hoy es abril de Vieques, hoy es julio de Vieques,

hoy es la Semana Santa de tu sombra, Albizu.

Espejo, Pedro, de tu Dandy-altivo.

 

¿Dónde está el amor ahora

de los que mueren todavía?

¿Dónde está el amor

de los que mueren el sábado?

¿A dónde se ha ido la Venus desnuda,

dariana, del clítoris blanco?

¿A dónde el Domingo de Ramos de tu dicha

o el Gandhi del espanto,

o el Yván de la patria rota?

 

Ama duro,

ama tierno, ama, amor,

ámate cabroncito

que t’estoy paseando por la patria

en un triciclo,

que m’estoy subiendo al cielo

en tu columpio

y llamo y toco y taconeo

apocalípticamente solo

a la puerta del cisne de fuego de flema:

sombra tuya, historia tuya,

que en el espejo rueda,

y se arrastra y sueña cenicientamente...

 

Y si alguno oye mi voz de Cristo

cenaré con él y él cenará conmigo

apocalípticamente tierno,

apocalípticamente te beso abierto

en el beso rasgado del espanto.

Te beso jesúsmente,

cristamente te beso, y

te hostio, t’endocrino, y

t’eucalipto, t’eucaristío

con abrelatas de Dios en los espejos

en do t’estoy besando

con mi baba de amor junto a las rosas.

 

¡Ábrete, Dios, al falo de astilla, como carne de mi carne,

albizuístamente, ábrete a la sombra

del alma de Cristo mía

y sirve tu “carne-beef” inmunda

hóstiate, víname,

profáname santantamente ateo

antes de hoy contra los barcos infractores,

contra los yanquis que promueven y

sirve el sida como hostia,

la hostia del cáncer

que trafican contra nosotros,

y sirve, tú, mi cuerpo que’s partido

(hostia de rosas y capullo de hostia

y de climáteas)

y sírvete a ti mismo,

y sírveme a mí otra vez

esta carne de Dios que me envenena,

y me hace conflicto del conflicto,

negación de la negación,

paradoja tuya y

paradoja mía

ahora que levantamos la copa

en el nombre de Vieques

cristianamente.

Otra vez, Tú y yo,

como si estuviéramos delante de Daniel,

delante de Amós,

de Oseas, de Joel, de Malaquías

necrofiliamente buenos,

necrofiliamente oscuros...

 

*****

 

Sono un uomo chiamato Dante. Un uomo

che vive solo nell’inferno. Nacchi

naufrago nell’anima della madre.

Una mattina d’inverno, un venticinque

 

di decembre. Le parole erano

come un dono, come una maledizione,

come un cálao nero e giallo. La mia nascita

era Dio seminato di alge, di pesci,

 

di impiccati. L’inferno si chiamava Yván.

L’amore era l’eco della morte, e

l’oblio era nudo della sua carne.

 

Ero amaro d’amore, agro di orgie. Ero

l’ombra di Dio. Un uomo chiamato Dante.

Un’ombra che sogna poesía nell’inferno.

 

*****

 

¡Oh, carpe diem de la carne

que se pudre ya en el madero!

¡Retorna, tú, políticamente intacto

al asco de los hombres que poseen el poder en Vieques!

Y dime, tú, d’espalda al día:

¿qué buscas?

¿Qué das?

¿Qué Paracletos

si la rosa es de un solo día y

el orgasmo de Dios es de un solo beso

es el instante mismo de las cosas?

 

No te preocupes de

que Albizu parezca ingenuo delante de César.

Ni importe ya lo que murmure Bonaparte,

porque el tiempo de morir es infinito y

la duda de ser

es un hombre que guinda de los clavos.

 

Bienaventurado el Idiota

que no anduvo en los caminos de la mierda del poder,

ni en las sillas eléctricas de los yanquis

ha sentado a su hermano,

porque antes en las uvas moradas del tiempo

se ha podrido a sí mismo, y

en las uvas verdosas de la noche

que están sobre la mesa,

porque el hombre que no había de venir

ha llegado a matar tiernamente y

se ha vestido de Novia y de cenizas

y junto al que ora.

 

¡Desobedece, tú, violentamente!

Vuelca las copas vacías

para que el polvo,

el semen de Dios,

las rosas del Mar Muerto,

golpeen la belleza del espejo.


Los libertarios de la desobediencia civil

están levantando sus falos contra el cielo

y están golpeando el Viernes Santo

y el Domingo de Gloria

jericosamente

están golpeando las campanas:

¡uuun!...

¡deeeux!...

¡trooois!...

están golpeando cristianamente

a los invasores

de las sillas de ruedas,

¡quaaatre!...

en la muerte que rueda,

¡ciiinq!...

en crimen que rueda,

¡siiix!...

democráticameeente falsos

en el nombre del Hijo

que ha de volver dos veces

en el mito del eterno retorno

de las cosas.

 

¡Oh, hijo de Zeus, levántate!

¡Hijo del deseo de Zeus, mata!

Ni un solo barco enemigo

se pose en los espejos de la patria,

ni un sólo marino retorne a la lujuria de su tierra,

porque más borracho que Tú,

nosotros mismos que te bebemos

sangremente

en la comunión de las copas derramadas.

 

¡Oh, Pan de tu ojo derecho

en dónde copulan los niños!

¡Oh, Cristo del virgo santo

que le han arrancado a las nymphas en Judea!

¿Dónde pusiste, †ú, a secar las muñecas vacías

y los orgasmos vacíos,

en dónde tendiste, †ú, los deseos huecos

de mi alma?

¿En dónde pusiste al rector inútil de tu Casa?

¿Dónde pusiste al crítico

que se ha tapado el orificio de su pene,

al conserje tuerto en dónde lo escondiste;

dónde guardaste la sombra de la mujer amada,

la sombrilla rota de las pescadoras,

el cordón umbilical entre Dios y yo

cuando estemos ausentes

el uno del otro en las cárceles yanquis

el día señalado por tu Nombre.

 

Y no me dejes caer en la tentación

ahora que vendo tu “parapluie”;

y vendo tu semen de Dios

en las muñecas olvidadas.

¡No te olvides del escritor que no escribió

lo que tenía que escribir,

ni del poeta que tenía que leer y

no permitió que nadie leyera, ni

del maricón que sangra de tu ojo izquierdo,

la cuchara vallejeana

de los desobedientes de la copia...


¿En dónde, dime †ú, enclaustraron la masturbación,

la virgen loca de los evangelios,

la muchacha ninfómana de los viernes por la noche,

la puta que se confiesa de blanco

detrás del mosquitero?

¿En dónde están los estudiantes ebrios,

darianos, como cisnes encendidos,

inmorales, como yo,

en medio del miedo del deseo,

los locos como Cristo,

los ateos como Deus,

bebedores de la sangre tuya a la hora de la mona?

¿Dónde están los que tenían que llegar

y no han llegado?

¿Los que escuchan mi voz furiosamente?

¡Líbranos,†ú, ahora de la televisión

y de los políticos yanquis

que vienen a Vieques

a posar para los periodicos del mundo!

Líbranos, †ú, eternamente ahora,

de los políticos que se masturban

detrás de las páginas vacías

de El Nuevo Día!

 

*****

 

¿Qué sueño de amor se llama hoy Albizu Campos?

¿Qué sueño ha matado a la esperanza?

¿Qué dicha ha matado la orgía?

¿No eres tú, acaso, Pedro,

aquél que a buena hora ciñó la espada?

¿Por qué quieres que la ballena de Jonás

te vomite en el olvido?

 

¡Oh, guerreros de la muerte que me oyen!

¡Oh, Dios del Albizu roto!

¡Molido corazón, molida alma!

¿Qué sed de mí te consume en los espejos?

¿Qué lengua te consume como tu agua?

¡Sé, tú, Pan!

¡Sé, tú, Venus!

¡Sé, tú, nada!

¡Sé, tú, Hada!

¡Oh, Dios de la libertá mía

en las vitrinas de la mierda

y de las rosas

y de las niñas demokráticas!

 

¡Líbrate, †ú, ahora, eternamente, Cristo,

de los maniquíes del mercado!

¡Líbrame de los que se escandalizan

de mi pan y de tu vino

derramado en memoria Tuya

y en memoria de mí,

cuando estemos ausentes

el uno del otro!

 

¿Quién edificó contra ti la guillotina

mohosa de las madres que amamantan

los policías de la muerte?

¿Quién te dio la sombra de periodistas inútiles?

¿Quién edificó tu ataúd

como si fuera la lengua cocida de la madre?

¿Quién te dio muerte

y quién te prestó la lepra?

¿Fue Guillotín acaso?

¿Fue el rector de un solo ojo?

¿Fue Barceló, caballo roto y apolillado de Troya?

¿Quién es ese Dante que canta

en los corredores de

Casandra & de Yocasta,

y que llora y que ríe con la guerra del amor,

que ríe y que llora

con la guerra de la muerte.

¿Quién está gritando, dime,

en la desobediencia civil de los guerreros?

¿Quién es ese poeta de la casa vacía

en medio de la patria vacía

que porta tu calavera

contra el espejo

de los dioses?

 

Sé inmoral Albizu viequensemente.

Sé inmoral eterno

contra los tontos que recogen tu prepucio,

como la Venus de azúcar

en el espejo de la muerte.

Y no permitas que te escupan

en la Rosa de Dios de tu alma hipotecada,

ni t’escupan en la rosa de la Rosa, ni

en la sombra del Dios de los espantos...

¡Ama Albizu,

mata Pedro,

ama Che,

mata olvido,

ama Elizam,

mata él,

ama Yván,

mata ella

a la hora inmortal de mona

que se pudre en los arroyos!


¡Qué no quede un solo romano de pie!

Un extranjero de pie no quede

en la tierra de Vieques,

en esos barcos destruidos

por los desobedientes civiles.

Y que el ocaso

encienda mil, cien guerreros infinitos

contra los barcos extranjeros

del Calvario.

 

¡Oh, Ulises!

¡Oh, Aquiles!

¡Oh, Agamenón!

Es necesario encender l’aurora,

amorosamente,

pasional y tiernamente

en todos los rincones de la patria.

 

¡No dejes de amarme hoy en el ocaso!

¡Oh, ama, París, furiosamente santo!

Y siembra otra vez el cóagulo verde de la vida

y la vena de papel encendida

en todas las esquinas de tu nombre.

Siembra el terror del amor

silenistamente

contra los cretinos del mundo

que venden Coca Cola y pus,

cerillas y escamas venden,

pezones y niños infectados de cáncer,

porque estamos a la hora acordada,

a la hora cierta del nihilismo

del reino de los cielos.

Y nos ha tocado

amar cristiana, loca, Antígona,

a los que matan la luz y la esperanza:

 

Mata-Buda,

mata-zen,

mata-alma-mía

mata-ya-entierra,

sepulta,

cubre los extranjeros

y ponte de pie sobre ti mismo

antes que te vuelvan a colgar en las chiringas.

Antes que te pique

el carnicero-Lincoln,

el carnicero-Regan,

el carnicero-Bush,

antes que corten tu carne de Dios,

tu rosa de Cristo molida,

tu testículo molido,

tu vulva de mujer

tejida

contra las ballonetas

de esos que alquilan la muerte

en los chinchorros de Vieques...

Antes que el Día de las Madres vuelva,

antes que el Día de los Padres se pudra,

antes que Thanksgiving explote

en todos los taxis neoyorquinos,

Pavo Real de Dios guindando del falo,

de los letreros del mercado

demokráticamente falsos

e inciertos, y oscuros

y profanos.

 

Ríete, tú, ahora descabelladamente

contra los soldados extranjeros,

porque las rosas están trepando

por todas las murallas del sueño.

Los niños sudados,

desgarrados del alma,

están trepando locos,

están sembrando el pabellón

esquizofrénico,

maldito, deshauciado, vendido, leproso,

sidista, loco, presbiteriano,

monjil, adultero,

silenciosamente,

contra el Welfare

de las ciudades y los hombres

deshauciados por la muerte.

 

¡No te rindas, Albizu,

no nos dejes entrar en la tentación

del Estado Libre Asociado,

ni en la mierda enlatada

de los pitiyanquis del templo,

porque estamos cruzando,

y tú lo sabes,

la transfiguración de la patria!

¡Muéstrame el amor ahora

qu’estamos incendiando el olvido!

¡Muéstrame a Dios ahora,

porqu’estamos incendiando la muerte, y

tú, una vez más, eternamente,

el Cristo que ha de volcar el Viernes Santo!


¡Yo estoy aquí, a tu puerta y llamo,

mostrándote las cabezas enamoradas de las Furias!

 

*****


9 de septiembre del 2000
26 de junio del 2001
Nueva York

 

     
 

Yván Silén,

de quien ya publicamos un poema en nuestro primer número, estuvo en Vieques y en San Juan, en julio, leyendo su poesía más lírica, más problemática y más neomística, y la leerá en Lima los días:

10 de agosto, 10:00 A.M., en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle;

martes 14, 8:00 P.M., en el Centro Cultural "Ekeko";

miércoles 15, 5:00 P.M., en la Universidad Nacional Federico Villareal;

y el viernes 17, 5:00, P.M., en la Universidad Mayor de San Marcos.

 
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