e o m . aire . 1 . julio 2001            
                     
                       
        e o m . aire . 1 . julio 2001          
         

Cuatro sonetos
y dos autorretratos

Justo Gil de Saro

       
                       
       

 

I

Soy Justo Gil de Saro, soy un sueño,

soy máscara de voz, y soy engaño

que no persigue el mal ni causa daño,

sino que busca luz con arduo empeño.

 

Soy dueño de mi ser, y ser pequeño

me ayuda a no cifrar en el tamaño

la hondura de la herida que restaño,

la altura deslumbrante del ingenio.

 

En la sombra resido y en la duda

siembro estos versos y en mis ojos siembro,

contra la realidad, la propia duda.

 

Del tiempo sólo soy un breve miembro,

engaño y sueño, máscara desnuda,

en el surco del verso en el que siembro.

 

 

II

Soy Justo Gil de Saro, soy el hombre

que habita en la frontera del deseo

doliéndose de ser viejo europeo

oculto en el engaño de su nombre.

 

Soy fronterizo en piel, y soy pronombre

sin oración, sin verbo y sin empleo,

en la lista del paro, en el museo,

entre falsos objetos sin renombre.

 

Soy el recuerdo de un futuro incierto

y un pasado jamás acontecido,

y soy en el presente un libro abierto

 

que muestra el corazón de un ciervo herido

sobre la blanca arena de un desierto

con la pluma voraz del descreído.

 

 

 

III

 

Soy Justo Gil de Saro. ¿Quién me ha visto?,

¿quién puede recordar mi voz lejana?

¿quién gritará mi nombre una mañana

si equivoco el destino y me despisto?

 

Ni sé quién soy ni sé si aún existo

o si es mía esta presencia tan humana

que se desplaza en metro, ciudadana

y espectral, tentando el imprevisto.

 

Acaso quien me lea ya presuma

de saber, por mis letras, qué me pasa,

qué acontece en mi sueño, qué me abrasa,

 

y escriba conclusiones con la suma

y la resta vulgar, esa argamasa

que utilizan los críticos de bruma.

 

 

IV

 

Soy Justo Gil de Saro, ¡qué paciencia!,

resignado lector, ¿aquí has llegado?,

imagino tu cuerpo acomodado

en un blando sillón de decadencia.

 

Sonetos en el siglo de la ciencia,

¡vaya por dios!, lo raro no ha pasado

entre tanto esplendor televisado

a la muerte en las manos de la audiencia.

 

Siendo así podré volver a los poemas,

sin complejos de saurio trasnochado

por habitar un mundo de dilemas,

 

para tornar en bello lo alambrado,

jugando con la luz y los fonemas

ser insecto por ámbar capturado.

 

 

 

     
 

Justo Gil de Saro

nació, creció, estudió, se prostituyó, y sobrevive;
no tiene relaciones sexuales con editores
ni reza en las capillas literarias;
publica sólo en eom porque sí y también por eso.

 
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