I
Soy
Justo Gil de Saro, soy un sueño,
soy máscara de voz, y soy engaño
que no persigue el mal ni causa daño,
sino que busca luz con arduo empeño.
Soy
dueño de mi ser, y ser pequeño
me ayuda a no cifrar en el tamaño
la hondura de la herida que restaño,
la altura deslumbrante del ingenio.
En
la sombra resido y en la duda
siembro estos versos y en mis ojos siembro,
contra la realidad, la propia duda.
Del
tiempo sólo soy un breve miembro,
engaño y sueño, máscara desnuda,
en el surco del verso en el que siembro.
II
Soy
Justo Gil de Saro, soy el hombre
que habita en la frontera del deseo
doliéndose de ser viejo europeo
oculto en el engaño de su nombre.
Soy
fronterizo en piel, y soy pronombre
sin oración, sin verbo y sin empleo,
en la lista del paro, en el museo,
entre falsos objetos sin renombre.
Soy
el recuerdo de un futuro incierto
y un pasado jamás acontecido,
y soy en el presente un libro abierto
que
muestra el corazón de un ciervo herido
sobre la blanca arena de un desierto
con la pluma voraz del descreído.
Soy
Justo Gil de Saro. ¿Quién me ha visto?,
¿quién puede recordar mi voz lejana?
¿quién gritará mi nombre una mañana
si equivoco el destino y me despisto?
Ni
sé quién soy ni sé si aún existo
o si es mía esta presencia tan humana
que se desplaza en metro, ciudadana
y espectral, tentando el imprevisto.
Acaso
quien me lea ya presuma
de saber, por mis letras, qué me pasa,
qué acontece en mi sueño, qué me abrasa,
y
escriba conclusiones con la suma
y la resta vulgar, esa argamasa
que utilizan los críticos de bruma.
IV
Soy
Justo Gil de Saro, ¡qué paciencia!,
resignado lector, ¿aquí has llegado?,
imagino tu cuerpo acomodado
en un blando sillón de decadencia.
Sonetos
en el siglo de la ciencia,
¡vaya por dios!, lo raro no ha pasado
entre tanto esplendor televisado
a la muerte en las manos de la audiencia.
Siendo
así podré volver a los poemas,
sin complejos de saurio trasnochado
por habitar un mundo de dilemas,
para
tornar en bello lo alambrado,
jugando con la luz y los fonemas
ser insecto por ámbar capturado.