17
diciembre 2002

 

Juan
  Planas

 
 

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Carrera
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17
diciembre 2002

Juan
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Carrera contra el reloj

 

       Marta terminó de facturar los pedidos telefónicos del día y miró el reloj: las cuatro y diez. Para llegar puntualmente a su cita con Roberto, tendría que hacer muy rápido el trabajo que le acababan de pasar. Con tal que el conmutador no molestase demasiado...

       Cargó el programa WriterPlus 3.0 en la computadora y, siguiendo lo que le indicaba el director editorial en la nota que tenía a la vista ("¡Qué letra tiene este tipo! ¿Por qué no escribirá claro?") , comenzó a introducir los parámetros.

       En Serie, escribió Pimpín; en Título, puso Pimpín en la escuela; en Género, Cuento infantil; en Edad del target, 7 a 8; en Rasgos protagonista, Osito, tierno; en Trama argumental, Pimpín va a la escuela, conoce nuevos amiguitos y supera dificultades; en Orientación pedagógica, Escuela de Piaget; en Tuteo o voseo (T/V), marcó V; en Nivel social lectores, Clase media; en Época, Actual; en Extensión, 32 páginas a cuerpo 16/17, medida 36 con 40 % de ilustraciones.

       Terminado el primer cuento, Marta, sin detenerse, inició la narración siguiente: Pimpín y el ferrocarril. Como muchos de los parámetros se repetían, tuvo que tipear bastante menos.

       Concluida la serie —que cerraba con Pimpín en el Zoo—, Marta miró nuevamente el reloj. ¡Las cinco y veinte! Y eso que había tenido que parar ocho o nueve veces para atender el conmutador. Pulsó el menú Redactar y grabar y, mientras observaba el relojito de arena, pensó: "Ojalá que no se cuelgue la computadora; ¿cuándo me pondrán una máquina más nueva?". Por fin, apareció un cartelito en la pantalla: Tarea ejecutada - 12 cuentos infantiles redactados y grabados. Marta apagó la máquina, fue a retocar su maquillaje y partió.

       —¡No sabes la tarde que pasé, Roberto! Imagínate que tuve que hacer una docena de cuentos para chicos en una hora, además de atender el conmutador, porque el lunes a la mañana hay que mandarlos al taller —dijo Marta, cuando se sentó con su novio en el café—.

       —Martita... ¿De verdad te parece que una docena de cuentos es tanto trabajo?—objetó Roberto—.

       Marta se enfadó:

       —¡Qué fácil lo ves! La gente no tiene ni idea del trabajo que da escribir.

 

Juan Planas

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