16
noviembre 2002

 

Juan
  Manuel

Villalobos

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Cubierta del libro "Partes de guerra", Numa Editorial. Testimonio sin fusil
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16
noviembre 2002

Juan
  Manuel

Villalobos


eom
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Testimonio sin fusil

Cubierta de "Partes de guerra", Numa Editorial  

Partes de Guerra
Graciela Speranza y
Fernando Cittadini
Numa Editorial, 2001, Valencia.
240 pág. 12.02 euros.

 

Nunca la guerra ha sido algo de lo que la gente se sienta orgullosa; no la gente consciente del mal que representa, ni siquiera cuando quienes combaten han hecho heroicidades dignas al menos de una mención en la historia. Pero la guerra ha estado allí, agazapada, lista para saltar en cualquier momento, desde los comienzos de la vida y desde entonces no ha dejado de contarse.

       Partes de Guerra, sin embargo es el relato estremecedor, no de ningún periodista cobijado por su trabajo, sino de hombres que lucharon en el frente argentino, soldados, oficiales y suboficiales a quienes con un Fal en las manos les ordenaron tomar las Malvinas y derrotar a unos ingleses armados hasta los dientes.

       Graciela Speranza y Fernado Cittadini han recogido los testimonios de algunos sobrevivientes de aquella atroz batalla y lo han hecho desde la mirada del vencido. En realidad, le han dado forma y conjunción a un relato vivo, espeluznante, pero quizá de los más hermosos y conmovedores que se han escrito nunca sobre esta epidemia, cuya esencia ha sido rescatar la comprensión, la angustia y la fortaleza humana de unos jóvenes que de un día a otro se enfrentaron a los momentos límites de la existencia. Dice el entonces subteniente y columna central de los testimonios, Juan José Gómez Centurion: "El poder de fuego británico era abrumador, los techos. se movían como un flan por el efecto del fuego de las ametralladoras. Era una lluvia de plomo infernal, un espectáculo dantesco. Hubo un momento en que me quedé pasmado, detrás de una ametralladora, en la primera línea. La cantidad de bombazos era tan espantosa, el ruido tan ensordecedor, que me quedé quieto, mirando nada más, porque era un espectáculo admirable, no era bello, pero era eso, la guerra. Los fuegos trazantes, la turba en llamas por efecto de los bombardeos, el campo de combate incendiado, una visión terrorífica. Era el infierno".

       El rescate de la historia de los olvidados y los perdedores, es crucial para rectificar la memoria colectiva —aunque sea 20 años después— las mentiras de los medios, la negligencia gubernamental, de que aquello, la guerra de las Malvinas era un campo de rosas.

       Partes de Guerra nos descubre el lado detrás de los pozos, las caminatas nocturnas y las guardias de soldados empapados, sin armamento, sin comida, sin ropa, listos para sacrificar su vida por lo que les habían dicho merecía la pena hacerlo. Ellos, algunos apenas con 18,19 años, creían entonces en la patria y por eso estaban dispuestos a que se les gangrenara un dedo, una pierna, el cuerpo entero, frío y tieso. Pero no hay dramatismo gratuito, ni sentimentalismo en los testimonios que recogen Speranza y Cittadini; pervive incluso la ingenuidad de los soldados que no sabían siquiera cual sería su misión en Malvinas: "Cuando me enteré que iba a las Malvinas, fue como sacarme el Prode —la bonoloto—. No lo puedo explicar bien, pero fue una alegría muy grande. Aparte, conocer tantas cosas nuevas, yo nunca había viajado en avión, ni en barco, ni en helicóptero, ni en nada".

       A 20 años de aquella guerra que causó más de 900 muertos de ambos lados y que ha traído como secuela trágica un total de 450 suicidios desde entonces, rescatar estos testimonios es labor no sólo didáctica y profesional de un editor con tino, sino un justo motivo para recordarnos a todos, con un libro paradójicamente hermoso, que la guerra fue, es y será un infierno que no sólo a quien la vive puede causarle el más nauseabundo rechazo.

 

Juan Manuel Villalobos

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