Me
llamo G. R. y trabajo en una agencia de gestión de encuestas,
de las que proporcionan "servicios psicológico-empresariales".
Recibimos muchas cartas de traductores, intérpretes, guías
turísticos... gente así. Gracias a una serie de
tests, seleccionamos a los candidatos más idóneos
para puestos de trabajo de breve duración y mal pagados.
Hay gente para todo. Vean la hoja de respuestas de un tonto útil,
un aspirante a algo que jamás llegará a nada, a
quien no le importó perder ni su tiempo ni el de los demás,
porque fíjense que hacerme leer esto:
"Sin
carnet de identidad ni servicio militar cumplido, sin nombre ni
dirección ni edad ni teléfono ni número de
la seguridad social ni código de identificación
fiscal ni antecedentes penales ni experiencia académica
o profesional, sin estado civil, sin matrícula de coche,
sin referencias laborales, sin nacionalidad, sin tarjeta del cajero
automático, sin años transcurridos desde que dejó
el último empleo, sin contratos, sin vivienda en propiedad
o arrendada, sin padre ni madre cónyuge o hijos, sin grupo
sanguíneo, sin susceptibilidad a fármacos o alergias,
sin pertenecer a ningún club ni asociación, sin
hobbies preferencias o intereses, sin proyectos de futuro, sin
becas concedidas ni libros artículos o ensayos publicados,
sin dentista ni médico de su elección ni hospital,
sin servicio de bibliotecas ni jubilación ni planes de
pensión, sin futuro asegurado ni pasaporte, sin seguro
a todo riesgo, sin llaves, sin vida sexual, sin raza, sin tiempo
(eso, menos), sin humor, sin sentido, sin ganas de rellenar formularios,
sin ganas de buscar un puesto de trabajo, sin ganas de estar aquí
ni un minuto más, sin cerveza en la nevera, sin esperanza
de vida, sin dinero para pagar la hipoteca, sin rostro, sin autoridad,
sin pelos en la lengua, sin 500 diccionarios.
El traductor mediano tiene su oficio y, con suerte y buen hacer,
algo de trabajo.
Después están los traductores altos y bajos. no
sé qué tienen y qué no."
Firmaba: "Desobediencia Civil de Thoreau".
Naturalmente, tiramos todos sus datos a la papelera.
©
Amparo
Arróspide