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Monólogo
de la ruptura
Ella
me dijo: "Hasta aquí hemos llegado" y sólo
dije: "Bien". Nada más, sólo: "Bien".
Lo cierto es que podía haberle dicho "bueno" y,
muy probablemente, nada habría cambiado. Pero le dije "bien"
y me quedé aquí, quieto, sin saber qué añadir
ni qué hacer hasta ahora. Podía haberle dicho "hasta
luego", "hasta pronto" o alguna otra expresión
que dejara en el aire una vaga promesa de reencuentro, por muy vaga
que fuese, nada definitivo como un asentimiento, puesto que "bien"
parece asentimiento, conformidad con esa decisión que ella
había tomado. Y no es que yo estuviera ciertamente conforme,
sólo que dije "bien" por decir algo pronto, para
que ella supiese que la estaba escuchando, si no con atención,
al menos que lo hacía. Porque ella me decía: "¿Me
escuchas, vida mía?" y yo no contestaba, jamás
creí que aquellas dos palabras las pronunciase para definirme,
sé que es imperdonable, dadas las circunstancias parece imperdonable
que no le respondiera con un apelativo cariñoso unido a un
"sí" tajante o a un "por supuesto, amada"
convincente. El caso es que me dijo: "Hasta aquí hemos
llegado" y yo respondí: "Bien", me miró
consternada -o eso me pareció- y se alejó de mí
con sus preciosos ojos arrasados de lágrimas. Eso me pareció
y yo me puse triste, tan triste como ella pero no se lo dije, qué
podía hacer yo si ella quería irse salvo responder
"bien" y quedarme en silencio, inmóvil, esperando
que recapacitase, que intuyese que yo la quiero como siempre aunque
no se lo diga y le diga tan sólo esa simple palabra que nada
significa, que no es asentimiento aunque lo sea, que yo no pretendía
decirla y que la dije, no sé, por decir algo. El caso es
que la dije y que ella se marchó. Yo me quedé pensando
que podía haber dicho "hasta luego", "hasta
pronto" o alguna otra frase que dejase una puerta, como se
dice, abierta, una vaga promesa de reencuentro, por muy vaga que
fuese. Ella tal vez me dijo "hasta aquí hemos llegado"
sin ninguna intención, sin ánimo de ser tan concluyente,
tan sólo por decir alguna frase que pusiese un final digno
al momento, liberase tensiones o, en su caso, se quedase en el aire
como leve amenaza o sospecha inconsciente. Pero esto no lo sé
y, muy probablemente, no lo he de saber nunca, sólo sé
lo que dije y lo que dije es "bien" sin ninguna intención,
le dije esa palabra sin contenido alguno y no me cansaré
de repetirlo.
©
Antonio
Redondo Andújar
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