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Un
artista burgués
Un
hijo de burgueses de sentimientos nobles -no en vano se sentía
y ejercía de artista- se dedicó a viajar desde su
juventud a aquellos paraísos naturales y artísticos,
prohibidos para muchos pero no para él, que se sentía
en ellos como en casa. Alcanzó cierta fama de escritor exquisito
y, ya en su madurez, en uno de sus numerosos viajes confirmó
la existencia, previamente intuida, del turismo de masas. No le
supuso, pues, la menor alegría descubrir que todo hombre
sabe apreciar lo bello, sino que le ofendió sobremanera.
Lo que más le irritaba era que los turistas quisieran atrapar
aquello, con sus cámaras, que tan sólo es capaz de
apreciar un espíritu sutil y delicado como el suyo. "Además
-añadía- siempre pueden volver a revivirlo viniendo
aquí de nuevo", sin pensar, al decirlo, que muy
pocos de ellos podían permitírselo. Así, pues,
constatando que aquellos paraísos que fueron de unos pocos
hoy eran profanados, abandonó tal hábito por un sedentarismo
consecuente. Algo quedó, no obstante, de dichas experiencias
en su ánimo, puesto que un día dijo que todas sus
novelas versaban sobre "viajes iniciáticos".
©
Antonio
Redondo Andújar
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