17
diciembre 2002

 

Carlos
Giménez

  Soria


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Malas calles:

 
la absolución de los pecados
según Scorsese
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17
diciembre 2002

Carlos
Giménez

   
Soria


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Malas calles:
la absolución de los pecados
según Scorsese


Los pecados no se redimen en la iglesia.
Se hace en las calles, se hace en casa.
El resto es una mierda y yo lo sé
Martin Scorsese

Martin ScorseseSon pocos los realizadores que han alcanzado la fama de inmediato con su primera incursión cinematográfica. La gran mayoría se ha visto obligada a rodar cortometrajes e incluso largometrajes que han tenido una escasa distribución comercial antes de darse a conocer ante el gran público. Dentro de este grupo, hallamos a una de las figuras más destacadas del cine americano moderno: el cineasta neoyorquino Martin Scorsese. Pese a que, a principios de los setenta, esta joven promesa ya había filmado tres cortometrajes y dos largometrajes (Who's That Knocking At My Door? y Boxcar Bertha), no fue hasta 1973, con la exhibición de su film Malas calles en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, que Scorsese alcanzó su primer reconocimiento internacional.

Malas callesPara la realización de su primera película importante, Scorsese rescató del olvido un antiguo proyecto titulado Season Of The Witch que había redactado en 1966 junto con su compañero de estudios y futuro colaborador Mardik Martin. Originariamente, el guión formaba parte de una trilogía sobre la ciudad de Nueva York —más concretamente sobre el barrio de Little Italy, donde se crió Scorsese— que jamás llegó a completarse, ya que sólo se llegaron a rodar las dos primeras entregas: la ya citada Who's That Knocking At My Door? (1969) y la presente Malas calles (1973).

Para la puesta al día del proyecto y con vistas a conseguir dinero suficiente para que los productores lo financiasen, fue necesario introducir algunas modificaciones y añadiduras en el guión (como la célebre escena de la pelea en el salón de billar). Finalmente, con la ayuda económica de Francis Ford Coppola, Roger Corman y Jonathan Taplin —manager de Bob Dylan y The Band—, el rodaje se pudo llevar a cabo y la Warner se hizo cargo de la distribución de la cinta.

Malas callesLa educación como seminarista que Scorsese recibió en su juventud ha sido un factor que ha dejado una huella permanente en toda su obra desde sus mismísimos orígenes. Por lo tanto, las obsesiones religiosas que, poco después, dieron lugar a historias de culpabilidad moral y redención tan populares como Taxi Driver (1976) o Toro Salvaje (1980) no podían dejar de estar presentes también en Malas calles.

Malas callesLa acción de la película se desarrolla en el neoyorquino barrio de Little Italy durante las fiestas de San Gennaro. Tras los títulos de crédito, el film se abre con la presentación de los cuatro principales protagonistas —con sus respectivos nombres sobreimpresos en la pantalla. Todos ellos son amigos y figuras representativas de la vida urbana en el barrio: el primero de ellos, Tony (David Proval), es el propietario del bar donde se reúnen; el segundo, Michael (Richard Romanus), es un gangster de poca monta que se dedica al contrabando; el tercero, Johnny Boy (Robert De Niro), es un joven rebelde e imprevisible, de carácter infantil e irreflexivo, que debe dinero a todo el mundo; y el cuarto, Charlie (Harvey Keitel), es el sobrino de un importante capo mafioso, que, gracias a este parentesco, goza de gran respeto y popularidad entre la gente. Pero, en realidad, Charlie es el eje articulador de todo el relato y una especie de alter ego del propio Scorsese en un sentido espiritual. Por eso, el cineasta focaliza la narración de los hechos desde la perspectiva de Charlie y nos lo presenta, por vez primera, rezando su penitencia en una iglesia. Esa actitud del personaje se extrapolará, a partir de ese momento, a casi todas las acciones que lleve a cabo y, en consecuencia, cada una de ellas cobrará un carácter religioso y sacramental.

Malas callesHay dos personajes más, aparte de los ya mencionados, que son importantes para comprender la actitud del protagonista de la historia y el desarrollo de los acontecimientos: se trata de Teresa (Amy Robinson) y Giovanni (Cesare Danova), respectivamente, la novia de Charlie y el tío a quien antes se ha hecho alusión. Teresa es prima de Johnny Boy, hacia el cual Charlie siente la obligación de responsabilizarse aceptando este cometido como un acto de penitencia más auténtico que la oración. En realidad, Charlie, desde buen principio, manifiesta la necesidad de imponerse él mismo una penitencia para expiar sus propios pecados porque duda del efecto redentor de las palabras. A su vez, Teresa, pese a su parentesco con Johnny, no le tiene ningún aprecio, por lo que Charlie se ve escindido en su intento de aproximarse a estos dos personajes. Las cosas adquieren un carácter más complejo cuando el tío de Charlie le aconseja mantenerse lejos de ambos para conservar su propia integridad, de la que tiene que hacer gala si desea, en el futuro, ser dueño de un restaurante que actualmente supervisa Giovanni. Pero la dificultad que tiene Charlie para mantenerse simultáneamente a los dos lados supera su capacidad de sacrificio: le resulta imposible responsabilizarse de las deudas de juego de Johnny y hacer frente a su relación sentimental con Teresa sin comprometer su valioso porvenir como socio en los negocios de su tío. Su papel de intermediario entre Michael y Johnny por el asunto de los pagos se le revelará como la cruz más dura de sobrellevar de cuantas se ha impuesto. Incapaz de hacerse cargo de las culpas ajenas, Charlie verá fracasar ese propósito personalmente autoimpuesto a través del cual intenta alcanzar la redención de sus propias faltas.

Malas callesEl excéntrico principio sobre el que Martin Scorsese trata de asentar las bases de un catolicismo poco ortodoxo en la práctica resulta muy eficaz para retratar con brillantez un alma mortificada por el peso de las reglas de los bajos fondos. En modo alguno, podemos hablar de Malas calles como de un simple film sobre mafiosos, aunque sea el mundo de la mafia el que se nos brinde como telón de fondo. A estas alturas y con más de treinta años de carrera cinematográfica a sus espaldas, Martin Scorsese ya tiene más que demostrada su habilidad para combinar cualquier tipo de argumento con sus propias preocupaciones religiosas (hecho presente incluso en remakes como El cabo del miedo). Por otra parte, no es de extrañar que Malas calles se convirtiera en una obra revolucionaria desde el momento de su estreno ya que su innovadora puesta en escena incluye desde largos planos—secuencia de cámara en mano muy difíciles de rodar hasta un montaje de ritmo endiabladamente ágil, sin olvidar la originalísima superposición de la voz en off sobre las imágenes o la significativa utilización de temas musicales en la banda sonora. La improvisación de escenas también tuvo un importante lugar en la película: la conversación entre Charlie y Johnny Boy en el almacén del bar fue improvisada por Keitel y De Niro, así como algunos gestos de este último durante la citada pelea en la sala de billar.

Malas callesLas dificultades a las que tiene que hacer frente todo cineasta joven introdujeron un elemento paradójico en la filmación de esta historia: por razones presupuestarias, una película que hablaba sobre la gente de Nueva York se acabó rodando, en su mayor parte, en Los Ángeles. De este modo, de los veintisiete días de rodaje, veintiuno tuvieron lugar en esta última ciudad —los correspondientes a los interiores y a algún exterior nocturno difícil de identificar—, mientras que tan sólo seis tuvieron a Nueva York como escenario. Afortunadamente, esos días fueron aprovechados para filmar los exteriores de la procesión y las fiestas de San Gennaro —del todo tradicionales en Little Italy—, gracias a lo cual apenas se hace perceptible el cambio de ciudad al ver la película. Una película que, por otra parte, no ha hecho más que consolidarse, con el paso de los años, como una de las obras cumbres de la filmografía de Scorsese a la vez que tuvo la suerte de contar con un magnífico reparto, encabezado por unos jovencísimos Harvey Keitel y Robert De Niro absolutamente brillantes en sus respectivos papeles.

Martin Scorsese

 

Carlos Giménez Soria

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