14
septiembre 2002

 

Santiago
 
  Calleja
 
  Arrabal


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Microfísica
del poder
en Foucault

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(Un acercamiento
a su teoría del poder)
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14
septiembre 2002

Santiago
 
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Microfísica del poder en Foucault
(Un acercamiento a su teoría del poder)

 

       Así podría definirse la acción que inicia Foucault respecto del discurso sobre el poder. Es el suyo un nuevo, hasta entonces, punto de vista. Reflejo absoluto sobre una noción a-política del poder pero que sí tendrá al final de su recorrido una repercusión política en lo social. Pues en Foucault el poder se genera desde la relación social como una genealogía y como topografía pues cada rincón, cada ámbito de lo social está bañado o se verá afectado por el poder en sus más invisibles fibrosidades. De ahí que el microscopio foucaultiano penetre, atisbe, irrumpa con inusitada fuerza sobre esta noción, y de la que sólo tenemos noticia a través del acto político (pero sobretodo a través del modo coactivo) Como señala el filósofo francés, su discurso se enmarca dentro de los discursos no políticos pues se trata, el suyo, de un pensamiento que va desde dentro hacia afuera, que circunda la noción de poder, la abarca desde dentro, desde sus cimientos y nos la explica -mal que nos pese- en un discurso bello y sin cisuras que por cierto, también implica un acto de apropiación de la verdad como dirá Jean Baudrillard en su obra Olvidar a Foucault [1], siendo, por ello, un acto de poder a su vez.

       Foucault habla sobre el poder como fenómeno inmanente en la sociedad, como algo imposible de desvincular de toda sociedad. Cabe pensar que si el poder le es natural a la sociedad toda sociedad (y el conjunto de sus ciudadanos/as) debería conocer los meandros y los intercisos propios sobre los cuales se funda el poder. Llevar al poder hasta sus últimas consecuencias, obligar al poder a ser "si mismo", pues está en el ánimo filosófico de Foucault conseguir la libertad del hombre y ésta tan sólo se podrá enunciar a través de un desenmascaramiento de los procesos de poder.

       Foucault despliega su disección sobre el poder en la obra Vigilar y castigar de 1975 [2]. El lugar de partida del poder es la misma sociedad que será el laboratorio sobre el cual fijará su análisis. El poder lo rodea todo, lo afecta todo dentro de la realidad. Es algo enigmático, a la vez visible e invisible, pues también interesa hablar del poder como símbolo y por supuesto de los procedimientos simbólicos de poder. Foucault se manifiesta escéptico respecto del poder, no cree en él, lo detesta por su hiper realidad por ello sólo puede hablar de él en los límites de su discurso, allí, la fascinación oculta le atrapa dando lugar a un análisis categórico asombroso. Un trabajo de exégesis turbador. Tanta desconfianza contra tanta admiración, se preguntará el lector.

       Así, el poder forma parte de la existencia del hombre ya que es necesario y está presente en cualquier manifestación humana: las relaciones laborales, el mundo de la ciencia, la cultura, el matrimonio, el sexo, el arte, el discurso mismo, como se dirá en su obra El Orden del discurso [3], 1970: Todo está afectado por relaciones de poder. O también se afirmará que todo puede ser definido como relaciones de poder y es desde una concepción descriptiva del poder desde donde se podrá organizar una sociedad. Muy al contrario, es desde lo concreto y cotidiano, desde las fuerzas que enlazan estos ámbitos de lo real -por citar unos cuantos tan sólo, pero también desde su sintaxis simbólica- desde donde se iniciará su análisis y desde donde habrá que prestar atención en un primer momento a su actuación. El análisis del filósofo es atroz y se enmarca dentro de aquel grupo de penadores que como T. Adorno fundaron un pensamiento crítico politizante (que no político) y que vivió su auge desde el nazismo hasta el Mayo francés. Auge del idealismo de izquierda, discurso todavía válido de los marxismos e impronta cultural posnietzscheana y psicoanalista.

       La filosofía francesa en el continente, a diferencia de la inglesa en aquellos momentos preocupada por cuestiones de pensamiento analítico, lógica y post-estructuralismo, básicamente, se ocupaba por entonces de problemas éticos y existencialistas más que de problemas epistemológicos y de lenguaje- Este es el caso de la filósofa irlandesa Iris Murdoch fallecida en 1999 [4].

       Más tarde la filosofía de Foucault estudiará la relación entre estos ámbitos de poder que implicará preguntarse cómo se interrelacionan y a qué nivel para, finalmente, ver que relación mantienen o que no-relación mantienen con el poder propiamente político. De este análisis detallado (que implicaría un estudio riguroso sobre el tema y no tan sólo una reseña) se obtendrá una noción sobre la sociedad contemporánea inhóspita y al final falaz respecto de los mecanismos que desde el poder actúan sobre ella. Está red de inter-manifestaciones de poder, de cualquier poder, incluso el político, será el campo de acción de Fouclault sobre el cual deberemos estar bien atentos a las conclusiones, pues las mismas generan un sentimiento de profunda desconfianza y de profunda desilusión respecto del contexto social. El filósofo es, de alguna forma y salvando las diferencias formales, heredero de los tres grandes maestros de la sospecha : Freud, Marx y Nietzsche. Como recientemente indica José Antonio Marina en su libro Hablemos de la vida [5].

       Debido al carácter subjetivo y crítico de su teoría sobre el poder para algunos autores esta fantasmagoría, esta tesis que nos habla de la capacidad camaleónica del poder, no interesa, si de lo que se trata es de crear el orden de la ciudad sobre un poder racional legítimo [6], pues el discurso del filósofo no descansa en una racionalización planificadora e integradora necesaria si de legislar se trata o de establecer los límites racionales de una sociedad. Al contrario, Foucault nos insta a vislumbrar y a comprender que los cimientos del poder son interesados y lo son pues su naturaleza así lo exige. Él distingue entre poder y mecanismos de poder -o de control- entre verdad y efecto de verdad. Asistimos a una exégesis sobre el poder en todos sus planos y en especial en lo psicológico y simbólico del mismo. Se trata de una intelectualización crítica muy bien construida entorno a cómo funciona el poder desde dentro y desde una óptica ciega que produce un efecto turbador que alimenta los demás poderes allí donde se despliegan. Es decir en todo ámbito de lo humano. De lo que nunca puede el hombre escapar es del poder y su vástago, nos dirá Foucault.

       En Vigilar y castigar, el poder se desmenuza a partir de una ilustración histórica de la locura durante la edad media y de cómo es gestionada la cordura por parte de los padres del orden racional. Se institucionaliza la enfermedad a través de los centros de salud, se crean centros mentales (prisiones) y al final se recluye a gran parte de la población afectada, incluyendo indigentes o sin techo pues molestan al orden hegemónico imperante. Asistimos históricamente a la criminalización del poder de la razón sobre el status de la cordura. Así se inicia la sospecha de la gestión del poder sobre otros discursos, grupos, ámbitos —en definitiva. Una gestión histórica de la realidad que es siempre un trámite interesado y que se erige en detrimento del resto.

       Otro tipo de orden jerárquico se establece en la obra El orden del discurso, donde el discurso científico o el conjunto de discursos sabios configuran una jerarquía de poderes que actúan esta vez sobre el conocimiento irradiándolo con las pulsiones propias que suscita todo control. En este caso, el discurso será un arma poderosa en si misma y justifica su eficacia a través de la exigencia de ciertos criterios para mantener su valor hegemónico. Este texto pretende poner en jaque a las categorías sacrosantas del saber, las nociones de sujeto, conciencia e historia; al poner de manifiesto la debilidad de tales conceptos creados por los discursos sabios e interesados aunque frágiles, a fin de cuentas, si se contraponen a otros que actúan desde la sombra. Pues el acceso de éstos a la palabra, la voz que les hace fuertes les está vedada gracias a la acción coadyuvante de poder discursivo.

       La locura, la delincuencia, lo irracional la marginalidad en su más amplia acepción son verdades mudas o discursos en potencia todavía por decir que con Foucault encuentran una salida filosófica y, al hacerlo precisamente, cuestionan todo rincón respecto del poder y de cómo Occidente ha venido gestionando y ejerciendo dicho poder racional sobre los individuos y sobre las sociedades (todo tipo de sociedades) Evidentemente, este tipo de pensamiento crítico tiene unas connotaciones políticas e ideológicas factibles que molestan al poder hegemónico, sea cual sea su índole, pues habla en su contra ya bien desde el momento en que Foucault lo puso en circulación, o bien en contraposición con nuestro momento actual, especialmente retrógrado.

       Pues con Foucault aprendemos a pensar críticamente respecto del poder. Se nos devuelve la secreta hegemonía del lector sobre el texto, del ciudadano sobre la sociedad, fuertemente mediatizada a través de los poderes, y del individuo sobre su propia sexualidad, a través del uso de los placeres. Se inicia en definitiva: el acto filosófico de la reflexión bajo el signo de la sospecha y del pensar subversivo.

       A través del análisis de las variadas formas de acceso de la palabra al discurso se pone de relieve la controvertida voluntad de verdad de la cultura occidental y de sus modelos sociales, cuya solidificación se da bajo la forma de sus instituciones. En Foucault lo marginal es usado como forma de manifestar lo caduco de nuestros modelos culturales, políticos, vitales. Algo hace aguas desde dentro, algo que el mundo occidental y la racionalidad del hombre no pueden soportar y por tanto es reprimido bajo formas muy sofisticadas como: la no-producción de discursos erigidos desde el inconsciente, lo marginal, lo periférico -en definitiva- "fuera del orden establecido" y manifestado en un plano simbólico.

       La realidad descansa en su hiper-realidad o en una suprarrealidad irracional e inconsciente que actúa en todos los ordenes como pulsión. Es el momento de dar voz a dicha marginalidad para que desde allí pueda aflorar una nueva visión real en lo real. Una realidad que asuma su propia irrealidad y su caos.

       A todas luces con Foucault asistimos a una rebelión polémica que planea todavía sobre nuestras cabezas. Fue un pensador que, al igual que Nietzsche, se adelantó a su tiempo ya que su discurso resuena justo en los límites de una época. Como E.M. Cioran [7] -otra nube negra y máxima de la filosofía contemporánea-, supo planear la duda allí donde más falta estaba haciendo, en los intersticios, en lo periférico, desde lo caduco de una época que ya es la nuestra.

       La crítica sobre lo establecido, sobre lo interesadamente establecido por una élite de poder aquí política, allí cultural o en los confines de la libido privada que genera todo sentimiento moral o ético, incluso alimentando el tanden de la culpa, mantiene su eficacia como tensión sobre aquello "posiblemente fundable". Su análisis es absoluto y necesario para nuestra compresión contemporánea y por ello harto incómodo para todo aquel pensamiento que se acerque con ánimo de vislumbrar una verdad válida.

 

Notas:

1. Oublier Foucault, J. Baudrilard, Editions Galilée, 1977 (ediciones españolas de 1987 y 1986) Libro a todas luces imprescindibles si se desea profundizar en una audaz lectura de nuestro filósofo desde la óptica de Baudrilard.

2. Surveiller et punir, M. Foucault, Gallimard, París 1975

3. L'Ordre du discours, M. Foucault, Editorial Marginales 1973, 1987, 1999. Original en 1970, Barcelona y París, respectivamente.

4. La Irlandesa Iris Murdoch, una de las pocas filósofas contemporáneas, fue discípula de Wittgenstein. Desde 1938 hasta 1942 amplió estudios en la prestigiosa Sommerville College de Oxford, allí entra en contacto con la filosofía del lenguaje y la lógica formal de B. Russel y el Círculo de Viena. Pero su interés se decanto hacia el existencialismo francés llegando a realizar un estudio muy profundo sobre la obra de Sartre Romantic Rationalist. Tras escribir dos novelas y diversos libros de poesía, publicó en 1958 la obra The Bell, donde analiza la homosexualidad, el incesto, el narcisismo y la impotencia, obra que le da la reputación definitiva como escritora, novelista, poetisa y ensayista. Fue distinguida por Elizabeth II de Inglaterra con el título de "Dame" y el 1993, fue investida doctora honoris causa por la Universidad de Alcalá de Henares. Fallece de Alzheimer en 1999 en Londres. (Fuente en Diario "Avui" edición a 9 de Febrero de 1999, Barcelona)

5. Hablemos de la vida, J. A. Marina, Ed. Tiempo de encuentro, colección Temas de hoy, Madrid, 2002

6. Tesis de J M Bermundo en su libro Filosofía Política I, donde expone un amplio análisis sobre nociones políticas y menciona la imposibilidad real de aplicar la noción de poder de Foucault a la hora de construir una democracia basada en el consenso entorno ya que por razones filosóficas (imposibilidad de fundamentar el poder sobre algo), su teoría no llega a la aplicación práctica o real del hecho político ya que además las tesis de Foucault sobre el poder no dejan lugar a la esperanza.

7. "A fuerza de permanecer sentados al borde de los instantes acabamos no distinguiendo ya en ellos sino una sucesión sin contenido, tiempo que ha pedido sustancia, tiempo abstracto, variedad de nuestro vacío (...)". Comentario en La caída en el tiempo, edición de marzo de 1994, Éditions Gallimard, 1964, traducción de Carlos Manzano, Tusquets, Barcelona, 1993.

 

Santiago Calleja Arrabal

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