13
julio - agosto 2002

 

Juan
Barbagelata

  


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Otra historia argentina

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13
julio - agosto 2002

Juan
Barbagelata

  


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Otra historia argentina

 

Un día de estos, uno cualquiera, alguien debería decidirse y contar la verdadera historia de nuestro país.
No la de los libros que leímos en la escuela.

Si los sucesos actuales se relataran de la vieja manera, como nos contaron la campaña del desierto de Julio A. Roca, serían mas o menos así :

"...entonces las fuerzas de la Policía Federal Argentina, apoyadas por la Prefectura, avanzaron comandadas por el comisario Fulano, bajo el mando del Ministro del Interior Mengano, logrando desplazar a los piqueteros. Las hordas de salvajes piqueteros asolaban las autopistas del país en claro acto de barbarie y anarquía que desestabilizaron el sistema democrático, corriéndose el riesgo de que sitiaran y aislaran la capital del país..."

Una verdadera historia Argentina tendría que hablar del amor, del dolor, de la solidaridad.

De funcionarios que nunca escucharon.

Una verdadera historia debería hablar de 30.000 ausencias. De 30.000 proyectos de país que no están. De 30.000 utopías inconclusas.

Nuestra historia debería contar la frivolidad de la clase dirigente, la ceguera de los nuevos ricos, los casamientos televisados, las casas en Miami, las cuentas bancarias en Suiza del Ministro de Economía, los barrios privados, el vertiginoso enriquecimiento de sindicalistas que no pueden deletrear su nombre, de las rubias teñidas casadas con políticos, de la globalización "inevitable"...

Debe contar cómo nos hicimos los distraídos por unos dólares, por comodidad, por ese microondas que siempre quisimos comprar.

Una verdadera historia de nuestro país debería hablar de Ariel. De cómo cambió su trabajo de camarero de bar por una parcela de tierra, dos vacas, dos caballos y producir alimento.

Debería contar de cómo Argentina se comió las vacas. También contaría cuando a la hora de cosechar, las cebollas valían menos que cuando se sembraron.

No puede quedar afuera de este relato cuando tuvo un inicio de brote psicótico por no poder darle de comer a sus dos niñas. Y no se debería olvidar la desesperación de Graciela, su mujer, para que no fuera internado en un psiquiátrico público.

Alguna vez estuviste internado en un hospital argentino? Equivale a prisión perpetua, a olvido social.

Necesitamos que alguien relate estas historias.

Para no olvidar.

El que esté libre de culpa, que tire la primera piedra.

 

Juan Barbagelata

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