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Otra
historia argentina
Un
día de estos, uno cualquiera, alguien debería decidirse
y contar la verdadera historia de nuestro país.
No la de los libros que leímos en la escuela.
Si los sucesos actuales se relataran de la vieja manera, como nos
contaron la campaña del desierto de Julio A. Roca, serían
mas o menos así :
"...entonces
las fuerzas de la Policía Federal Argentina, apoyadas por
la Prefectura, avanzaron comandadas por el comisario Fulano, bajo
el mando del Ministro del Interior Mengano, logrando desplazar a
los piqueteros. Las hordas de salvajes piqueteros asolaban las autopistas
del país en claro acto de barbarie y anarquía que
desestabilizaron el sistema democrático, corriéndose
el riesgo de que sitiaran y aislaran la capital del país..."
Una verdadera historia Argentina tendría que hablar del amor,
del dolor, de la solidaridad.
De
funcionarios que nunca escucharon.
Una verdadera historia debería hablar de 30.000 ausencias.
De
30.000 proyectos de país que no están. De 30.000 utopías
inconclusas.
Nuestra historia debería contar la frivolidad de la clase
dirigente, la ceguera de los nuevos ricos, los casamientos televisados,
las casas en Miami, las cuentas bancarias en Suiza del Ministro
de Economía, los barrios privados, el vertiginoso enriquecimiento
de sindicalistas que no pueden deletrear su nombre, de las rubias
teñidas casadas con políticos, de la globalización
"inevitable"...
Debe contar cómo nos hicimos los distraídos por unos
dólares, por comodidad, por ese microondas que siempre quisimos
comprar.
Una verdadera historia de nuestro país debería hablar
de Ariel. De cómo cambió su trabajo de camarero de
bar por una parcela de tierra, dos vacas, dos caballos y producir
alimento.
Debería contar de cómo Argentina se comió las
vacas. También contaría cuando a la hora de cosechar,
las cebollas valían menos que cuando se sembraron.
No puede quedar afuera de este relato cuando tuvo un inicio de brote
psicótico por no poder darle de comer a sus dos niñas.
Y no se debería olvidar la desesperación de Graciela,
su mujer, para que no fuera internado en un psiquiátrico
público.
Alguna vez estuviste internado en un hospital argentino?
Equivale
a prisión perpetua, a olvido social.
Necesitamos que alguien relate estas historias.
Para no olvidar.
El que esté libre de culpa, que tire la primera piedra.
©
Juan
Barbagelata
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