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CHAMORRO
FERNÁNDEZ , Mª Inés: Tesoro
de villanos: Diccionario de germanía.
Lengua de jacarandina: rufos, mandiles, galloferos, viltrotonas,
zurrapas, carcaveras, murcios, floraineros y otras gentes de la
carda. Barcelona: Herder, 2002; 829 p., 1 h. grab.
Acaba
de publicarse este corpus del habla del Siglo de Oro. La autora
ya ha realizado diferentes trabajos de autores clásicos dentro
del campo de la literatura de esta época entre los que destacan
entre otros: H. de Luna Segunda parte de la vida de Lazarillo
de Tormes... (Madrid: Ciencia Nueva, 1967), Feliciano de
Silva, Segunda comedia de Celestina (Madrid: Ciencia Nueva,
1968), Rodrigo de Reinosa, Coplas (Madrid: Taurus, 1970),
Rodrigo de Reinosa, Poesías de germanía, (Madrid:
Visor, 1988), De las bubas (Madrid: Visor, 1998).
El
lenguaje de germanía surge y se desarrolla en los siglos
XVI y XVII, y constituye uno de los aspectos más notables
del habla y de la literatura del Siglo de Oro. Se crea en el marco
de la vida de los rufianes y delincuentes, creando una jerga de
extraordinaria riqueza y brillantez. Los principales autores de
la picaresca -Reinosa, Quevedo, Cervantes, Delicado, Mateo Alemán...-
y otros anónimos -los autores de Estebanillo González,
Lazarillo de Tormes, Vida del pícaro, Segunda parte de la
vida del pícaro...- se han servido de este lenguaje para
dar una existencia singular a sus protagonistas, ofreciendo matices
que sin el conocimiento de la jerga resultan incompresibles. El
mismo Cervantes es maestro inigualado en el uso del lenguaje de
germanía en obras como Los Rufianes, (El rufián
dichoso, y el rufián viudo), Rinconete y Cortadillo,
El coloquio de los perros, etc.
El
lenguaje germanesco perfila un mundo dominado por la ambición
y el riesgo, pero también por la sexualidad y unas especiales
relaciones entre las personas, muchas veces violentas y despiadadas,
pero que no por ello carecen de una profunda humanidad.
En
Sevilla se reunían rufianes, esclavos, galeotes, convictos,
penados, pero también prostitutas, dueñas, y, en lenguaje
germanesco, murcios, birlos, galloferos, jaques, mandiles, coimas,
zurrapas, carcaveras, putarazanas, trotonas, viltrotonas, hurgamanderas
... Todos los cuales constituían una sociedad marginal llena
de vida, de costumbres tan arraigadas como procaces, que dio pie
a la jerga que en este Tesoro se estudia.
El
primer vocabulario de germanía fue realizado en fecha tan
temprana como 1609 por Juan Hidalgo, que se convierte así
en el punto de partida de una serie de estudios como los de Cesar
Oudin Tesoro de las dos lenguas española y francesa,
(París, 1675), G. Mayáns y Siscar, Orígenes
de la lengua Castellana, (Madrid, 1737), Rafael Salillas, El
delincuente español. El lenguaje (Madrid, 1896), Hampa
antropología picaresca, (Madrid, 1898), R. Salillas,
Poesía rufianesca: jácaras y bailes. En R.
H. (París, 1905), Los rufianes de Cervantes: El rufián
dichoso y el rufián viudo..., estudio de Hazañas y
la Rúa. (Sevilla, 1906), y ya en el siglo XX, con el
primer estudio riguroso de John M. Hill, Poesías germanescas,
y Voces germanescas (Bloo-mington, Indiana, 1945-1949) que está
en la base todos lo estudios y vocabularios actuales.
El
presente Tesoro de villanos se apoya sobre los estudios precedentes.
Se ha seguido el criterio de ofrecer el significado de cada uno
de los términos a partir de las fuentes originales, transcribiendo
las citas en las que se encuentran, y dando cuenta de su lugar de
procedencia, con lo cual se ha podido redactar un verdadero diccionario
de autoridades de la jerga de germanía.
El
vocabulario reúne 5.517 palabras, muchas de las cuales son
inéditas, lo que permitirá la mejor comprensión
de un patrimonio literario de difícil acceso y el conocimiento
de una vida y de una cultura que, a pesar de su riqueza, no han
tenido el interés que merecen.
©
Mª
Inés Chamorro Fernández / Herder
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