11
mayo 2002

 

Carlos
Giménez

  Soria


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Annie Hall: 25 años
de un clásico
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Carlos Giménez Soria 
eom
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11
mayo 2002

Carlos
Giménez

  Soria


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Éste y otros carteles de cine

Annie Hall:
25 años
de un
clásico


Hacer el amor
contigo
es una experiencia
kafkiana


Shelley Duvall a Woody Allen
en Annie Hall

 

En 1977, Woody Allen dejó a un lado su habitual faceta de gagman para llevar a cabo una labor de madurez y realizar la que fue considerada como su primera película "seria": Annie Hall. Han transcurrido ya 25 años desde el estreno de esta película y la admiración de los cinéfilos por ella sigue manteniéndose tan fresca como el primer día.

Después de una serie de comedias no exentas de un sentido del humor al estilo del Hollywood más burlesco (Toma el dinero y corre, Bananas, El dormilón), emparentado muy directamente con la comicidad del absurdo y la verborrea de los Hermanos Marx, Allen tomó de nuevo la cámara para transformarla en canalizador de sus experiencias personales. La cámara adquiría un nuevo significado: se convertía en un objetivo ante el cual el propio cineasta era capaz de mostrarse al desnudo, de forma casi impúdica, como si se tratara de un streap-tease. Para un servidor siempre ha resultado fascinante el modo en que Allen es capaz de revelar su vida personal al espectador, de narrarle sus experiencias profesionales y conyugales, de abrirle paso a través de su propia persona.

Annie Hall nos narra las experiencias de Alvy Singer, cómico de music-hall y alter ego del propio Allen, desde su inquieta infancia hasta el presente de la película, justo cuando acaba de romper con su actual pareja. La muchacha es una joven aspirante a cantante, tan insegura y psicológicamente inestable como él y, quizás por eso, se atraen. La actriz que encarna este personaje es Diane Keaton, seudónimo de Diane Hall o de Annie Hall, si ustedes lo prefieren. Alvy la conoce a través de un amigo y, aunque aparentemente no tiene nada en común, congenian. Es el eterno dilema de las relaciones humanas en su exponente cinematográfico más brillante. Inicialmente no comparten gustos ni aficiones: Alvy es un hipocondríaco obsesionado con la muerte, paciente habitual del mismo psicoanalista desde hace quince años, enemigo de las fiestas multitudinarias, amante del cine denso y del existencialismo, y un hombre en continuo conflicto con su origen hebreo; por el contrario, Annie es una chica de mundo, que utiliza un vocabulario de instituto, que sabe tanto del cine de Ingmar Bergman como de la literatura de Thomas Mann (es decir, nada), que disfruta alternando con la gente y que fuma marihuana antes de hacer el amor. Aún así lo pasan bien juntos: para Annie resulta agradable y divertido convivir con las excentricidades de Alvy, y para Alvy resulta estimulante estar con una mujer tan dispuesta a reír con su sentido del humor y a compartir su afición por la vida tranquila, su idea de la miseria humana y su pasión por las películas documentales sobre el Holocausto. Pero hemos hablado de relaciones humanas y quien más o quien menos sabe lo complejas que éstas resultan. Hacia ahí es donde Allen conduce este personal análisis de su propia vida, solitaria y neoyorquina: hacia el campo de batalla en que puede convertirse una relación sentimental.

Allen no pone fronteras en su afán por liberarse catárticamente de lo que para él han supuesto sus dos fracasados matrimonios y los problemas que, por aquel entonces, atravesaba en su relación con Diane Keaton. El substrato de la película es, por lo tanto, su propia experiencia sentimental y el guión está compuesto de fragmentos de cada etapa de su vida: desde su educación en la escuela o en el seno de su familia hasta su personal descubrimiento del terreno sexual, pasando por su formación como cómico, su devoción por el cine, su preocupación por el ser y la nada y su obsesión por el antisemitismo.

La película se abre con el archiconocido primer plano frontal de Allen que se dirige a nosotros para narrarnos cómo ve su propia vida (con cuarenta años a sus espaldas) y el modo en que le ha afectado la ruptura de su relación con Annie. La progresión del film nos conduce por todo un desarrollo de situaciones que nos parecen, sobre todo hoy en día, muy propias de la forma de pensar del director. Como he dicho anteriormente, Allen se sincera con nosotros, como si estuviese deseoso de contarnos sus problemas, pero a todo esto hay que hacerle ciertas objeciones. Ni Allen es tan franco con nosotros como parece ni su visión de las relaciones humanas es tan pesimista como podría deducirse de lo dicho hasta ahora: incluso en las obras de los cineastas más honestos, la intimidad del artista siempre permanece a buen resguardo porque, como es lógico, la voluntad de crear no puede llegar hasta el extremo de comprometer el territorio privado del individuo. Por eso, Allen utiliza el sentido del humor como arma para enfrentarse a la escritura de algo personal, filtrando exclusivamente lo que el autor cree que es necesario plasmar para llevar a cabo su ejercicio de autocatarsis y reservándose así su espacio íntimo. Conocemos, pues, de Allen lo que Allen desea que conozcamos de él, ni más ni menos. Pero, con todo, ya es mucho.

Recurrir a la comicidad es el modo más natural que tiene este cineasta de distanciarse respecto a los problemas y las inseguridades que, tarde o temprano, atenazan a todo intelectual. A diferencia de su idolatrado Bergman, Allen es capaz de reírse de la complejidad de los grandes enigmas de la vida humana. No obstante, un año después de Annie Hall, el cineasta neoyorquino rodaría un film dramático de poderosas resonancias bergmanianas: Interiores. Este film, atípico y de gran dureza, fue muy mal acogido por el público y la experiencia de aproximación al cine de autoanálisis más severo no volvería a repetirse de un modo tan directo.

Además del problema de las relaciones conyugales, hay en Annie Hall otros elementos que convierten esta historia de amor en un relato de contenido abiertamente irónico e, incluso, mordaz. A tal efecto, resulta inevitable citar la escena en que Alvy Singer hace aparecer de detrás de un cartel publicitario al sociólogo Marshall McLuhan para que rebata las estupideces del clásico intelectual neoyorquino, pedante y engreído, cuya aparición se ha hecho ya habitual en los films de Allen, y también es obligado aplaudir ferozmente ese desternillante y paranoico sentido del humor con que este heredero de la comicidad de Groucho afronta las dudas existenciales, la naturaleza de los sentimientos humanos y las absurdas experiencias de la vida.

Ya me perdonarán -espero-, pero a un servidor le resulta imposible despedirse de esta obra sin mencionar la reflexión final que hace Alvy Singer después de reencontrarse con Annie al cabo de algún tiempo de haber finalizado su relación. E incluso les confesaré que se trata de uno de esos momentos que me han hecho permanecer absorto en la bútaca del cine, con los ojos fijados en la pantalla, largo rato después de que la sala de proyección se hubiese vaciado. Sólo confío en que el paso del tiempo trate tan bien a esta película como lo ha hecho estos últimos 25 años.

Alvy (voz en off): No obstante, volví a verla. Volví a ver a Annie. Fue en la parte alta del Oeste de Manhattan. Había vuelto a Nueva York. Vivía en el Soho con un chico y, cuando la vi, lo estaba arrastrando a ver el documental La Pena y la piedad, así que lo tomé como un triunfo personal. Annie y yo almorzamos poco después, y hablamos de los viejos tiempos. Después se nos hizo tarde: los dos nos teníamos que marchar, pero fue magnífico volver a ver a Annie. Me di cuenta de lo maravillosa que era y de lo divertido que era tratarla, y recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: "Doctor, mi hermano está loco. Cree que es una gallina". El doctor le contesta: "¿Lo ha llevado a un médico?". Y el tipo le dice: "Lo haría, pero necesito los huevos". Pues eso, más o menos, es lo que pienso sobre las relaciones humanas, ¿saben? Son totalmente irracionales, locas y absurdas, pero... supongo que continuamos manteniéndolas porque, la mayoría, "necesitamos los huevos".

 

Carlos Giménez Soria

 

Filmografía de Woody Allen y fotogramas de sus películas en:
http://members.tripod.com/bestfilms/woody.htm

Carteles de cine en: http://royshort.com/BestPix.htm

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