¿Se
acuerdan de Liz Taylor? Fue famosa estrella de cine de Hollywood
allá por los años cincuenta y sesenta; luego retirada
de los sets, hoy continúa siendo noticia con motivo de
sus obras de bien público. ¿Y se acuerdan de Larry
Fortensky? Americano, de profesión albañil, ella
y él...
Pero
no nos adelantemos. Digamos antes, atendiendo a la segunda parte
del título, que los conflictos sociales, después
de cubrir milenios en la historia de la humanidad, se pintaron,
al menos esa impresión dio en los años noventa.
Bueno, siempre hay gente que grita y protesta pero los conflictos,
los verdaderos conflictos sociales, se eclipsaron. ¿Cuándo
ocurrió? En 1991... ¿Cuando la caída de
la URSS?
No,
otro acontecimiento, sucedido ese mismo año, hizo de
parteaguas: la boda de Liz Taylor y Larry Fortensky, quienes
se habían conocido en una clínica de desintoxicación
alcohólica. Claro, la gente se fue al chisme, divulgado
con lujo de detalles por los medios. Que si él era veinte
años más joven y ella lucía avejentada,
que si él se veía alto, guapo, que si había
sido una influencia muy positiva en la cura antialcohólica
de Liz, pero que era un desconocido de extracción plebeya,
compensando unas cosas con otras, etcétera. En fin, el
chisme. Pero las verdaderas significación y trascendencia
del acontecimiento se daban en otro plano.
Verán.
Se
había logrado, nada menos, la unión de la estrella
de cine y el proletario, la princesa de los cuentos y el caballero
de los ladrillos, la fama y el anonimato, la riqueza y la pobreza,
la élite y las masas, el jet set y la "naquiza"...
Y ante esa aplastante evidencia, los conflictos sociales tuvieron
que despedirse. ¿Cómo habrían podido prosperar
con tremendo ejemplo paradigmático en contra?
Era
el octavo matrimonio de Liz, y ella declaró: éste
es el bueno. Y en efecto, por años fueron felices. Ella
preparaba los desayunos por las mañanas, él sacaba
la basura, ella lavaba los trastes, él iba al super,
ella sacudía los muebles, él se ocupaba de la
gotera del grifo, tarea que le encantaba dada su profesión.
En
fin, lo que antes se dirimía en el plano de los conflictos
sociales, pasó a resolverse en la cama, adiós
huelgas y barricadas, adiós guerrillas y revoluciones.
Pero
un día... ¡Liz anunció la separación!
Y
desde entonces todo se puso patas arriba, la gente comenzó
a protestar muy duro, como hacía tiempo que no se escuchaba.
Muchos nos preguntamos: ¿Vuelta a los conflictos sociales?
No
quiero ni pensarlo.