I
HOY ME DESPERTARON
Las voces todas del pasado.
Pero existe el pasado, madre.
En
qué momento, entonces, dijiste
Que
volvías
Y era el adiós más prolongado
De
tus 17 años.
Tú
no te diste cuenta,
Pero luego
Las noches fueron
Más
oscuras.
Y
fue como cerrar
Las ventanas a la vida.
Me
dicen
Que hubo alguien que me sacó de ahí,
Que me puso en otros brazos.
Yo
no lo recuerdo.
Pero sé que la luz me lastimó
Los ojos.
Crecí
luego
Como los árboles crecen
En primavera
Y del hecho
Nadie dijo palabra alguna.
II
ES UNO CONMIGO EL PAISAJE,
Los árboles,
En su infinito rumor de hojas.
Te
contemplo, madre,
Pero sé que nada es cierto.
No
puedo tocarte y eso basta.
Es abril de este año cualquiera.
Cómo
me hubiera gustado nacer un día
Como
hoy.
O un día para ti importante.
¿Quién
estuvo presente
A la hora del alumbramiento?
Mi
padre,
La familia de mi padre.
O sólo tú y la soledad quemándote
Los
huesos.
Cómo
me nombraste:
Luz, Marta, Ángela, Griselda, Estefanía.
Quiero,
madre, imaginar que fuiste feliz,
Imaginar que a ti me parezco,
Que tengo tus manos, estos ojos
Que a lo lejos no ven más que sombras.
Pero
luego te perdí.
Y otra fui, mezquina,
En el barrio más alto de la amargura.
III
NUNCA TE DIJE, MADRE,
Que ella llegó
En el momento más preciso.
Y supo cuidarme hasta el cansancio
Y
el desvelo.
Ella,
la más bendita entre todas.
La mujer que viene
A sentarse junto a mí
En la hora más amarga.
La
quinta de una familia
Que es los abriles, las canciones todas.
La
única que conserva la mirada del abuelo
Porque él ya no está
Desde que a enterrar lo llevamos.
Y esa fue la tarde más triste.
La
que bajo ninguna circunstancia me deja
Porque su hija única soy.
La única hija
Que imaginó en sueños
Y un día
Después de 18 años,
Presente se hizo como la primera gota
De esta lluvia que cae.
La
mujer que me mostró el mundo,
Las colinas más altas de esta ciudad que es
Mi
cuerpo.
La
mujer que ante todo es amor
Y de mí habla
Porque
el orgullo, también, es muy alto.
La mujer que a diferencia de ti
Hijos no tuvo,
Pero su sangre, su raíz me dio.
Y
soy desde entonces
Del árbol la rama que florece.
IV
ACASO TE HABLÉ
De lo que es despertar
Sin el rostro
Que todos conocen.
Soy
yo la que se desgaja.
La que una mañana
Despertó en mitad de las
Sombras
Y al abandono
Logró sobrevivir.
Yo,
la que rescataron
De la condena
Y crecí hombre-mujer,
En dirección contraria al valle
De
la dicha.
La
que prometió, en nombre de dios,
De la noche y sus desvelos
Nombrarte jamás.
Yo,
la que creció sin infancia
Y reinos tuvo que construir para salir
En
soledad
Victoriosa.
La
que nadie visita
Porque al mundo no pertenece,
Ni a esta vida ni a la otra.
Esta
que soy, amarga, fea entre todas
Las mujeres.
Lo
que queda de mí.
V
ES LA HORA MÁS TRISTE DE LA TARDE.
Desde cuándo en mí
Esta tristeza.
Por qué no puedo nombrarte
Como se nombran las cosas y florece
El
Universo.
Por
qué, madre, es el amor tan lejano.
María,
Violeta, Amor,
En qué instante abrirás la puerta.
Rosa,
Inés, Estela, Sofía,
Sólo quiéreme y ya.
Que
sea tus palabras
Para comenzar el día, mi piel, la felicidad
Que
no tengo.
Qué
todo vestigio de dolor se vaya.
Que de aquí en adelante la vida sea perfecta.
Cristina,
Hilda, Elena, Isabel.
Que ya no sean el sol y los pájaros.
Sino tus brazos,
Antes de que la noche se haga presente.
VI
EL MAR, SUS OLAS A LA ORILLA DEL SUEÑO.
Aquí, estamos madre, frente a frente.
El
mar en soledad es azul.
Cuántas
tardes transcurrieron para el encuentro,
Cuántos inviernos.
Y tú nada dices.
Tienes
42 años. Lo sé.
Pero de pronto eres una niña en las calles
De
una ciudad
Sin nombre.
Y te vas por ahí, entre la prisa circular.
Ante
tus ojos que son mis ojos
Se abren calles infinitas, avenidas
Como tus piernas hacia el centro del deseo.
Dime
quién sembró en la marea alta de tu vientre
Esta
ola que cae.
Qué
pasó luego -te pregunto.
Se te acabó el pan, el agua
Como a mí las ganas de vivir.
Y la puerta es tan estrecha.
Ya
no eres una niña, madre.
Vienen las horas, los días, los años y el
cielo
No
es azul
Ni blanca la luz del mundo.
Pero
dime ¿qué soy para tu vientre?
Tengo ahora veinticuatro años
Y nunca las noches fueron tan oscuras,
Soledad en llamas
Desbordada.
Estamos
aquí, madre, por primera vez.
Este
es mi reino, el mar, sus orillas.
Quédate conmigo a vivir.
No importa
Que al amanecer
Sea tu figura un presagio.