16
noviembre 2002

 

Nadia
Contreras

  


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Una selección personal

Retratos de mujeres

Mar de Cañaverales

Lo que queda de mí

Ciertas luces

eom
Volver a Aire

 

 

 

 

 

 

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Nadia
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Volver a Aire


Una selección personal

 

Retratos de Mujeres

Libro publicado por la Secretaría de Cultura de Gobierno del Estado de Colima, en la colección Costa Nativa, en junio de 1999.

 

I
GABRIELA

Le basta llamarse Gabriela

Tocar sus senos al amanecer
Saber que hoy
Alguien vendrá a comprarle alientos

Se levanta con la palabra que necesita
Y todo le pesa:
Las pinturas las mallas el vestido corto

Y la vida parece levantarle el ánimo
Conducirla al sitio donde el amor
Un día extendió su imperio

Pero regresa en llamas
Enferma de recuerdos

Y la vida     de repente     nada le ofrece
Sólo el redoble de un tambor
Que le anuncia el abismo.

 

II
LAS MONJAS

Las monjas cantan himnos al caer la tarde
Se agitan como flores
A la caricia de un viento fuerte

Han librado la batalla
El fino vestido de aquel aparador
El hombre     los grandes banquetes
El vino     y el cigarro

 

Altivas   mujeres de salmos y ayunos

Al alba caminarán en hilera
Las espera el paraíso
Pero ¿dónde está Dios?

 

III
LA VIUDA

Camina el tiempo
Vestida de negro
Y con el llanto en los ojos

El destino le arrebató al hombre
Que dibujó en su vientre el signo del amor

De ella
Se despide un sabor ausente
Y amarga de toda esperanza
Se dirige al campo
Donde yacen las cruces

¿A quién habla esa mujer
Cuando lentamente mueve sus labios?

¿Quién la espera en la puerta del abismo?

 

IV
LA ANCIANA

Bajo el sol camina risueña
Una anciana

Ayer salió de paseo al mar
Sus ojos azules se iluminaron

 

 

Cuando miró la tranquilidad de las olas

Entonces lejana de toda amargura
Mojó sus largos cabellos
El rostro: toda ella

Y el mar aulló
Porque en ese instante
Sus aguas se hicieron aladas.

 

V
MEMORIAL

Colegiala
Niña de suaves trenzas al hombro
Y gestos sin prisa

Hay algo que te observa
Desde la punta del tiempo
Y no es la muerte

Amiga     este es mi mensaje:

Dejar que se acerque a ti
Sólo la ternura.

 


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Una selección personal

 

Mar de Cañaverales

Libro escrito con el apoyo de una beca para Jóvenes Creadores (1998-1999) otorgada por el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes. Publicado posteriormente por La Luciérnaga editores, en junio de 2000.

 

I
TRACTORES

Mi pueblo está anclado lejos del mar

Despierto
Y no miro a pescadores desenredar sus redes

Pero los cañaverales
Guardan el mar

El mar de las mantarrallas
De los dorados
De las estrellas

Despierto
Y más allá de la ventana
Descubro tractores como buques
Y hombres
                 Que trabajan
                       Para la molienda

 

II
TIEMPO DE SIEMBRA

Cuando llega el tiempo para la siembra, los hombres preparan sus granos. Entonces los vemos tras el arado, formando surcos, con los pies marcando el camino. Después las lluvias, las fuertes tormentas. Y el campo crece, se extiende en hojas de milpa hacia las cuatro puntas del tiempo. Luego las cosechas. El campo hormiguea de canastas piscadoras. Sólo hasta ese día, en ese instante preciso, las mujeres se lavan la cara, con la luz fresca del atardecer.

 

III
CONFIAR AL ÁRBOL

Hay hombres
Que confían a la sombra de los árboles
Sus borracheras

Una mañana
Aparecen saturados de alcohol
Porque no hay mujer en su cuerpo

Solos
          Entre ellos
                            Se quieren

Cuando muere uno
El resto entristece aún más

Lloran
Hacen público al amigo

Pasa el tiempo
Tal vez otro se una al grupo
Porque confían a los árboles su sombra

 

IV
CASA PLATEADA

La araña teje sus hilos
En las ramas de mi ciruelo
Construye su casa de paredes plateadas

La miro cruzar sus calles sus puentes
Luego se queda quieta


Contempla la primavera
Y sabe
Que su cuerpo no es amarillo ni rosa
Pero no se lamenta

Su casa
Le llena los ojos
De infinitas transparencias

 

V
CIRUELO

El ciruelo enfermó de lluvia.

Su corazón comenzó a romperse
Como el vestido de novia
Olvidado por los años.

Vimos sus hojas descender
Una a una,
Amontonar tiempo en el jardín,
Cruzar con el viento la cocina,
El pasillo
               Hacia la calle.

Dijiste que también padecías, padre.
No te hicimos caso
Y al día siguiente olías a ungüentos.

Y la mañana, una vez más, arribó con la lluvia.

Nadie se atrevió a hablar
Del ciruelo que lentamente
Caía a pedazos.
No volverá a haber frutos en esta casa.

No hablaremos
De quien nos dio sombra
Por más de veinte años.

Un día familia extraña
Golpeó el tronco.
Le lloró una resina
Que cubrió con orégano
Mi madre.

Tú, padre, lo curaste con cal.

Entonces hicimos fiesta.
Hubo ponche, cerveza, refresco.

Ahora el ciruelo
Nos sorprendió a todos.

Tú, padre,
Guardaste silencio.

 

VI
EN LOS ÁRBOLES

Las mujeres lavan
En el río cercano al pueblo

En grupos las más viejas
Hablan
De sus maridos
Que ya no revientan en olas

Las más jóvenes cantan alegres
Y tienden sus ropas en piedras
En ramas frondosas de árboles.

Cuando todo se ha secado
Regresan a su casa
Más abiertas que las flores

 

VII
TESTAMENTO

Aquí, en el pueblo
Nunca nos falta el agua.
Aquí, son buenos los temporales
Y las cosechas.

Aquí, la tierra es buena.
Cada año
Los campos se llenan de milpa
                                                    Y caña.

La vida es distinta, aquí.

Un día vendrás -te lo aseguro.
Sabrás entonces que no es mentira.

Por las mañanas te despertará el Ingenio,
Su molino de aspas,
Sus vapores.

Conocerás pasillos de fierro viejo,
Moliendas para hacer azúcar,
Hombres y años en sonoras cavernas.

También conocerás los verdes campos
Y luego
El tizne perfumado de la caña.

Ven
Y verás:
Aquí la tierra es buena.

 


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Una selección personal

 

Lo que queda de mí

Libro que recibiera mención honorífica en el Premio Nacional de Poesía Elías Nandino 2001, y que será publicado en breve por el Fondo Editorial Tierra Adentro.

 

I

HOY ME DESPERTARON
Las voces todas del pasado.
Pero existe el pasado, madre.

En qué momento, entonces, dijiste
            Que volvías
Y era el adiós más prolongado
            De tus 17 años.

Tú no te diste cuenta,
Pero luego
Las noches fueron
                        Más oscuras.

Y fue como cerrar
Las ventanas a la vida.

Me dicen
Que hubo alguien que me sacó de ahí,
Que me puso en otros brazos.

Yo no lo recuerdo.
Pero sé que la luz me lastimó
Los ojos.

Crecí luego
Como los árboles crecen
En primavera
Y del hecho
Nadie dijo palabra alguna.

 

II

ES UNO CONMIGO EL PAISAJE,
Los árboles,
En su infinito rumor de hojas.

Te contemplo, madre,
Pero sé que nada es cierto.

No puedo tocarte y eso basta.
Es abril de este año cualquiera.

Cómo me hubiera gustado nacer un día
            Como hoy.
O un día para ti importante.

¿Quién estuvo presente
A la hora del alumbramiento?

Mi padre,
La familia de mi padre.
O sólo tú y la soledad quemándote
            Los huesos.

Cómo me nombraste:
Luz, Marta, Ángela, Griselda, Estefanía.

Quiero, madre, imaginar que fuiste feliz,
Imaginar que a ti me parezco,
Que tengo tus manos, estos ojos
Que a lo lejos no ven más que sombras.

Pero luego te perdí.
Y otra fui, mezquina,
En el barrio más alto de la amargura.

 

III

NUNCA TE DIJE, MADRE,
Que ella llegó
En el momento más preciso.
Y supo cuidarme hasta el cansancio
                        Y el desvelo.

Ella, la más bendita entre todas.
La mujer que viene
A sentarse junto a mí
En la hora más amarga.

La quinta de una familia
Que es los abriles, las canciones todas.

La única que conserva la mirada del abuelo
Porque él ya no está
Desde que a enterrar lo llevamos.
Y esa fue la tarde más triste.

La que bajo ninguna circunstancia me deja
Porque su hija única soy.
La única hija
Que imaginó en sueños
Y un día
Después de 18 años,
Presente se hizo como la primera gota
De esta lluvia que cae.

La mujer que me mostró el mundo,
Las colinas más altas de esta ciudad que es
            Mi cuerpo.

La mujer que ante todo es amor
Y de mí habla

Porque el orgullo, también, es muy alto.
La mujer que a diferencia de ti
Hijos no tuvo,
Pero su sangre, su raíz me dio.

Y soy desde entonces
Del árbol la rama que florece.

 

IV

ACASO TE HABLÉ
De lo que es despertar
Sin el rostro
Que todos conocen.

Soy yo la que se desgaja.
La que una mañana
Despertó en mitad de las
            Sombras
Y al abandono
Logró sobrevivir.

Yo, la que rescataron
De la condena
Y crecí hombre-mujer,
En dirección contraria al valle
            De la dicha.

La que prometió, en nombre de dios,
De la noche y sus desvelos
Nombrarte jamás.

Yo, la que creció sin infancia
Y reinos tuvo que construir para salir
            En soledad
Victoriosa.

La que nadie visita
Porque al mundo no pertenece,
Ni a esta vida ni a la otra.

Esta que soy, amarga, fea entre todas
Las mujeres.
            Lo que queda de mí.

 

V

ES LA HORA MÁS TRISTE DE LA TARDE.
Desde cuándo en mí
Esta tristeza.
Por qué no puedo nombrarte
Como se nombran las cosas y florece
            El Universo.

Por qué, madre, es el amor tan lejano.

María, Violeta, Amor,
En qué instante abrirás la puerta.

Rosa, Inés, Estela, Sofía,
Sólo quiéreme y ya.

Que sea tus palabras
Para comenzar el día, mi piel, la felicidad
                        Que no tengo.

Qué todo vestigio de dolor se vaya.
Que de aquí en adelante la vida sea perfecta.

Cristina, Hilda, Elena, Isabel.


Que ya no sean el sol y los pájaros.
Sino tus brazos,
Antes de que la noche se haga presente.

 

VI

EL MAR, SUS OLAS A LA ORILLA DEL SUEÑO.
Aquí, estamos madre, frente a frente.

El mar en soledad es azul.

Cuántas tardes transcurrieron para el encuentro,
Cuántos inviernos.
Y tú nada dices.

Tienes 42 años. Lo sé.
Pero de pronto eres una niña en las calles
            De una ciudad
Sin nombre.
Y te vas por ahí, entre la prisa circular.

Ante tus ojos que son mis ojos
Se abren calles infinitas, avenidas
Como tus piernas hacia el centro del deseo.

Dime quién sembró en la marea alta de tu vientre
            Esta ola que cae.

Qué pasó luego -te pregunto.
Se te acabó el pan, el agua
Como a mí las ganas de vivir.
Y la puerta es tan estrecha.

Ya no eres una niña, madre.
Vienen las horas, los días, los años y el cielo
                        No es azul


Ni blanca la luz del mundo.

Pero dime ¿qué soy para tu vientre?
Tengo ahora veinticuatro años
Y nunca las noches fueron tan oscuras,
Soledad en llamas
                         Desbordada.

Estamos aquí, madre, por primera vez.

Este es mi reino, el mar, sus orillas.
Quédate conmigo a vivir.
No importa
Que al amanecer
Sea tu figura un presagio.

 


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Ciertas luces

Libro que en breve será publicado por el Fondo Editorial Tierra Adentro.

 

 

Soy Olga Lucía. Es la última estación del año en Bogotá. Han emigrado los pájaros al norte. Llevo una maleta, ningún recuerdo familiar. Atrás quedan los amigos que no tuve, mi primera vida como un círculo que no pudo cerrarse.

Santa Fe de Bogotá. Diciembre 31, 1994

 

I
IMPRESIÓN

Olga Lucía es la mujer,
Tiene los ojos negros,
Alegres como abril.

En cada parpadeo se oculta un paisaje
0 la ciudad más hermosa.

Sus manos
Largas como un sueño
Caen sobre la flor abierta que soy.

Es alta, Olga Lucía, como un edificio.
No tiene perro ni gato que la aguarde.

Olga Lucía sabe lo que es despertar con luna
Los cinco días de todas las mañanas.

Pero no de mi presencia que la observa,
De mis ojos que resbalan por su espalda lisa
Como piedra de río.

La noche comienza en la punta de sus pies.

 

II
A LA CIUDAD MÁS GRANDE

No anticipó el viaje.
Después de lavar el último plato
De la comida
Y cerrar la llave del fregador,
Juntó sus pertenencias:


Dos faldas, la ropa interior que no usa,
El vestido color verde
Y las fotografías que voluntariamente olvidó.

6: 00 p.m.

Olga Lucía voló de Bogotá
A la ciudad más grande del mundo.
No le importó el pasado
Tan sólo conquistar
Los pasillos de esta casa.

 

III
REFLEJO

Olga Lucía, su mirada,
Es una puerta entreabierta al final del pasillo
Y un espejo.
Dentro, la imagen de una niña que duerme
En posición fetal.
La misma niña que desde la ventana del miedo
Inventa estrellas de diversos colores
Y cae la noche más triste.

 

IV
DESCRIPCIÓN AL MARGEN DE UN CUADERNO
DE OLGA LUCÍA I

Amaneció con los ojos en otra parte,
Herida de muerte entre la oscuridad
De la casa.

Su juventud es la vejez anticipada.
No tiene pasado ni muertos por quien llorar.


Le digo que hagamos una fiesta.
Y un abismo se abre entre sus ojos
                                                  Y los míos.

 

V
DURANTE EL SUEÑO

A media noche tu sueño es tranquilo. Antes de dormir me prometiste flores y acordamos caminar por el centro. Te contemplo palmo a palmo de mi deseo, Olga Lucía. De pronto, me dices que tienes sed, que hace calor, que abra la ventana. Dices que te duele, que es como tener una llama por dentro quemándote los huesos. Dices que te ayude, que le de un golpe con la lámpara en la cabeza, que llame a la policía. Te digo que es un sueño y luchas también conmigo ahora que sostengo tus brazos. Me dices que ya no puedes, que estás cansada, que un poco más y desgarrará tu cuerpo en pedazos.

 

VI
CONVERSACIONES II

Mientras tú, Olga Lucía,
Lavabas tu ropa adolescente,
Yo vivía entre muñecas
Y te nombraba en mis adentros.
Ineludible el destino nos reunirá
Veinte años después.

 

VII
DECLARACIÓN DE ODIO

Nunca le dijiste cuánto lo odiabas,
Cuántas veces estuviste a punto de darle
Un tiro en la cabeza.


El cansancio de tu padre era tu condena,
Olga Lucía.
Mirarlo sobre la cama,
Los ojos hinchados, las piernas;
Mientras él sin ternura ni piedad
Hurgaba en tu sexo.
Te hubiese gustado acortar las distancias,
Decirle que eras tú quien estaba
En el centro de la tormenta,
Mostrarle tu cuerpo penetrado sin cesar
Gota a gota de tu sangre.
Pero nunca estuvo allí.
Sólo tú ante el espejo.

 

VIII
DE TU CUERPO QUE NO ES MÍO

Días hay, horas, segundos
Que tus labios, Olga Lucía,
Son inalcanzables.

De tu cuerpo quiero el mar,
Una montaña.
De tu cuerpo que ya no es mío
Sino de Sandra, Marta, Luz Marina.

Yo te busco, Olga Lucía.
En cambio eres tú faltando a la mesa
Los domingos.

Hay entre tus manos y mis manos
Un instante largo que se llama distancia.
Hace días, semanas, meses que sin ti
           Voy a tientas
Como quien aprende a caminar
Y no sabe a dónde ir.

 

IX
POEMAS CON PREGUNTAS PARA OLGA LUCÍA

Cuántos años tengo, Olga Lucía, pregunto mientras lentamente te desplazas por la habitación y paso a paso me dejo llevar por el movimiento de tus piernas. Cuántos años tengo para mí, para ti, para aquellos que de lejos me miran y no me saludan porque extraña soy para esta vida y para la otra. Cuántos años desde que abriste la puerta y yo sólo vi el sol filtrándose, con los mismos ojos de siempre, mi rostro, mis canas de anticipada vejez.

 

X
LA NIÑA PARECIDA A TI

Olga Lucía no quiere hablar del pasado.
Sólo dejar las cosas,
Tal como fueron en otro tiempo.
Bogotá es un libro cerrado.
Háblame de su gente, sus puentes,
Sus altos edificios.
Olga Lucía guarda silencio.
Porque hay historias que debemos borrar
Antes que ensucien la memoria.
En cambio soy yo la que se queda,
Pegado el rostro a la pared.
Afuera cae la tarde
Y hay una niña
Que dices se parece a ti.

 

XI
ANIMAL A CUATRO PATAS

Te he mentido Olga Lucía.
Ahora que tú me escuchas desde el espejo

En que te contemplo desnuda
Quiero decirte que para ti la vida no ha sido
           
                         Tan mala.

También fui yo la que se quedó sola.
No el dolor entre las piernas
Pero sí el abandono como una mina estallando
Mi cuerpo.

La puerta se cerró, Olga Lucía.
La misma puerta que tú cierras cuando dices
No volver.
¿Sabes lo que es el encierro involuntario?

¿Lo que es estar allí, sin más alimento
Que la propia carne,
Creciéndote el pelo, las uñas?

Tú estabas de fiesta cuando la policía llegó
Al lugar,
Cuando la luz me lastimó los ojos.

¿Has viajado en ambulancia
Cuando miles de ojos te observan
Y tú no eres otra cosa que un animal que camina
A cuatro patas?

Yo tampoco, Olga Lucía, estoy entre los vivos.

 

XII
POEMA ÚLTIMO

Hay en mí algo que tú no conoces:
Este afán de palabras,
De infinitamente escribir


Hasta no lograr trazo alguno.

¿Dónde estás, Olga Lucía, que no te encuentro?

Tú no sabes
Que en cada verso
Envejece de mí una parte.

Tengo ganas de morirme,
Que lentamente se me duerman los pies,
Que anticipado el corazón
                                    Deje de latir.

¿A dónde voy sin ti que eres asombro
            De mariposas?

Son las seis de la tarde.
En la ciudad más amarga
Que ya no me ve contigo.

El mundo sigue vivo a mi alrededor.

Soy yo
La que no se sorprende
De las altas torres de los templos.

Cómo me gustaría borrar tu nombre
De mi cuerpo
Y cada una de sus partes.
Es su lugar escribir "cae la lluvia,
Crece el árbol, pantalón azul".

0 cerrar las páginas de este libro
Y mirar cómo despacio
Sin volverte
Te pierdes entre la noche y el olvido.

 


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