15
octubre 2002

 

José María
Memet

  


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Selección de
poemas
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Volver a Aire

 

 

 

 

 

 

15
octubre 2002

José María
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Volver a Aire


El tigre mental

 

En el vacío, sólo el tigre permanece.
En oídos finos, no existe el bullicio.

Escuchar a la fiera carnicera
que camina ensimismada en su vaivén,
descendiendo invisible y perfecta
por las hojas de los lotos que cubren la laguna,
es una utopía comparable a la sombra
que ejercemos con fervor de novatos
en el arte de hablar desde la jaula.

En el vacío, sólo el tigre se desplaza..
En oídos finos, no existe el bullicio del follaje.

El felino no es doméstico, es un gato mayúsculo;
como ha vagado demasiado
por la inmensidad de la mente
creemos escuchar rugidos en las noches.
Son temores, lector. Sólo zarpazos.

Para crear mitos, el miedo es necesario;
crear uno,
se vuelve imprescindible.

 

 

Poema inédito del libro: El Rastreador de Lenguajes,
que será publicado a fines de 2002.

José María Memet  

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Gallo blanco sobre un fondo blanco

 

Aunque la ausencia de color es real
quitemos el rojo con que se colora el gallo,
quitemos sus patas amarillas,
el pico negro,
la sangre reseca de sus ojos.

Quitemos el paisaje donde acostumbra a pasearse,
el verde intenso del follaje,
dejemos en el blanco al gallo blanco.

¿Lo ves ahora?
Es casi inmaterial su estampa, pero está allí.
Parado debajo de ese helecho imaginario
canta con fuerza,
resplandece.

¿De qué color es el canto del gallo ahora?
¿El color de la ausencia lo define?

Es tarea de seres humanos apreciar que la vida existe:
El mar es enorme y la vida canta desde las profundidades.

 

 

Poema inédito del libro: El Rastreador de Lenguajes,
que será publicado a fines de 2002.

José María Memet  

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El día que salimos de la casa
del poeta Mauricio Barrientos

 

¡El magma, el magma!, gritaba un muchacho en la esquina
de Granados con San Isidro a las 4 de la tarde
y mientras más gritaba más casas se caían.
Con Artigas y Barrientos nos mirábamos perplejos:
¿qué magma? Este huevón está loco,
aquí no se van a poder borrar las cicatrices,
es medio terremoto.
La gente salía como hormigas de las casas
y nosotros con nuestras botellas de cerveza vacías.
Seguimos caminando otras dos cuadras
y llegamos a la botillería: por la puerta
un río de vino; por la cuneta, un mar de vino a las cloacas.
Don Seferino nos miró con ambas manos en cabeza,
pero entendió la intimidad en medio del desastre:
-¿Cuántas?
-Bueno, queríamos seis. Pero denos 12. Le dejamos por los envases.
El regreso no fue mejor, era mucha la gente que lloraba,
pero según avanzábamos era claro como el agua
que víctimas no había.
De pronto reparamos que el dolor era por cosas materiales
y nos emputecimos. La gente se aferra en el lado erróneo
de la existencia buscando progresar.
Al entrar a la casa nos dimos cuenta
que el aire refrescaba las habitaciones
y que la pared izquierda de la casa no existía.
Para tres poetas un derrumbe es una bendición,
todos necesitamos un cambio de escenario.

 

 

Poema inédito del libro: El Rastreador de Lenguajes,
que será publicado a fines de 2002.

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Experiencia de vida

 

Tu mano es hermosa tocando     otra mano
las huellas de las manos     son ríos antiguos
en otro tiempo mis líneas     estarán borrosas
una estación de trenes     en la niebla

Es notable ver     como la vida     pierde fuerza
todo es claro     la cabeza del reptil     mira ancestral
podrías ser feliz     con solo proponértelo
el andén existe     cuando el tren llega

El rumbo hacia el agua     es el regreso
salmones que remontan     son nuevamente mar
Hermosa es la tierra     en el espacio
cuando no la quieres     destruir

Salmones que remontan
son nuevamente sueños

 

 

Poema inédito del libro: El Rastreador de Lenguajes,
que será publicado a fines de 2002.

José María Memet  

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Elegía a un ciclista

 

Viéronle correr por estas calles,
escapado, en punta.
La neblina cubría los cerros,
la vida, su mirada
y en su mirada la ciudad quedaba atrás,
tal vez hasta Dios quedaba atrás.

Las nubes, los árboles fijos al espacio
- al subir esa montaña que es la idea -
lo ven pasar en embalaje,
lo ven doblar, perderse,
la recta lo devuelve hasta la hoja
en que yo escribo.

Viéronle correr a la distancia,
a la distancia el pelotón y la rodada.
Al entrar al cementerio
el escapado pedalea más aprisa.
Las tumbas y los nichos se abren todos
y los muertos ven pasar esta carrera;
por los lados se abren fosas y más fosas,
- nadie entiende -
cientos, miles de ojos ya al vacío
van a tierra...

...la quietud se logra al avanzar
todos los trechos,
si el hombre es el momento
la libertad se justifica.

Ya no logra detenerse. Sigue y sigue,
los pedales van al rojo.
Se alzan cruces por doquier
aunque van a campo abierto,
eso indica que la muerte se propaga
emparejada a este poema,
al cual -ya amenazado, casi censurándose-
no le queda sino huir
a un lenguaje más confuso.

 

Se avista la llegada. Se oyen vivas
y banderas que se alzan.
Apresúranse los rezagados,
los que siempre creyeron
- incluso en los momentos de más sangre -
que el camino es táctica y amor.

Las llantas van humeando
pero la fricción no puede ya dañar
estas palabras.
Ya no existe el escapado,
todos van allá en la punta,
el lenguaje es el recurso con que corro
en esta vía;
la meta es inminente,
la victoria será nuestra.

 

 

(del libro: Cualquiera de Nosotros, 1980)

José María Memet  

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La misión de un hombre

 

Un hombre es un hombre
en cualquier parte del universo
si todavía respira.

No importa que le hayan
quitado las piernas
para que no camine.

No importa que le hayan
quitado los brazos
para que no trabaje.

No importa que le hayan
quitado el corazón
para que no cante.

Nada de eso importa,
por cuanto,

un hombre es un hombre
en cualquier parte del universo
si todavía respira

y si todavía respira
debe inventar unas piernas,
unos brazos, un corazón,
para luchar por el mundo.

 

 

(del libro: Bajo Amenaza, 1979)

José María Memet  

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Un granuja en las calles

 

Como un truhán de poca monta
voy por bares y por calles empedradas,
silbando sin asombro
y respondiendo a quien lo dude,
que aún soy dueño del mundo

no me importa el desenfado,
la ceguera de los tontos
o la comodidad de los burgueses;
veinte hogares he empezado
y veinte han sido las herencias

los puentes me conocen, las amantes
en las esquinas no quieren
despedirse, vuelvo a ser
el último poeta de la aldea:
tal vez los tiempos se repiten

¡vago!, ¡vago!, apellídanme las madres,
me dan con puertas en narices
al instante en que pregunto por ustedes;
no podría corromper a mis iguales,
por ende, feliz sigo mi rumbo

y en mi camino hacia la aldea
de la noche y a quien aún desee
conversar, le narro intenso que una vida
es importante si puede alzar la vista al cielo
y ver las nubes de la infancia.

 

 

(del libro: La Casa de la Ficción y otros Poemas, 1986)

José María Memet  

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Aullidos

 

En noches como éstas
resulta ligero morir,
rezar afuera de una iglesia,
fácil coger por el talle
a las doncellas e ir a los hoteles,
dura la soga de donde el cuello pende

en noches como éstas
hombre y perro aúllan,
aférranse a los vasos los cobardes,
surgen las pandillas y el jadear
de los muchachos al violar
se esparce en la ciudad

en noches como éstas
levántanse las copas de cristal en recepciones
y al sonar esos cristales en el brindes
cae el sostén de la muchacha en el café
y otra llena su boca con un pene
por monedas

en noches como éstas
escúchanse disparos, golpes y patadas
en las puertas, gente que la arrastran
a un furgón, gritos que atraviesan
las paredes, bultos que caen
al océano

en noches como éstas
aúllan los huesos y su carne,
sigilosos en las sombras nos movemos,
lobos somos esquivando cepos,
zorros, en un barrio donde la tropa merodea
intendo hacer la caza

en noches como éstas
suben las señoras a los autos
con las hienas en sus brazos
y los sobrios caballeros alzan tono
cuando quiebran la botella ya vacía
en el pavimento

en noches como éstas
el poeta camina en la ciudad,
saluda a las ánimas, apoyado
en los árboles a todos les sonríe:
sabe que la noche
termina en la mañana.

 

 

(del libro: La Casa de la Ficción y otros Poemas, 1986)

José María Memet  

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José María
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Vidas ejemplares

 

Tres fósforos yacen acostados
en una cama de cartón.
Es tarde en la noche
y el calor del verano los sofoca;
conversan del destino
y de lo hermoso que es arder
acercándose a dos velas
cuando los enamorados
se miran con dulzura
antes de cenar.
Están concientes que sus vidas
se acercan al ocaso y no le temen;
la vida es eso,
una llama que surge
y que se apaga
al intentar asir su fuego.
Tranquilos aguardan
y en el tedio de la espera,
juegan a soñar que hay otra vida
que nace cuando mueren.

 

 

(del libro: Un animal noble y hermoso cercado entre ballestas, 1995)

José María Memet  

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