14
septiembre 2002

 

Manuel
 
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Poemas

EL SORTÍLEGO

ST. JEAN DE PIED DE PORT

WALTER PATER

EL CLARO REGRESO

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EL SORTÍLEGO

 

 

De un soplo hice el desierto que miras.
¿Qué no haría entonces con el escorpión que de ti nace?

 

 

 

 


Manuel Lozano  

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ST. JEAN DE PIED DE PORT

 

Enviejados dinteles
de puertas que ya no abrirían
sino a sórdidos escondites,
fantasmas de un héroe de carnaval.
Hojas secas y Babel en la cruz
                                     /de tus ojos.
¿Hasta donde el llagado engendró
                                     /este desierto?
Se arroja a su lejanía
desde los jeroglíficos que miraste
hasta arder en la mesa
                                     /del desperdicio.
¿Y por qué el río no mana de tu sangre
la mortaja triunfal?
Caballos veloces, seduciendo
la terrible verdad bajo el murmullo.
Flora caníbal en el cerebro del oficiante.
Y yo que fundé el desierto
                                     /en las palabras,
y el grito sin temor,
y el vacío indivisible subiendo
                                     /por mi carne,
y también sus astillas.

 


Manuel Lozano  

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WALTER PATER

 

       Hablabas de la emoción. Tan desgarrado por las dinastías del enigma, juntabas los desperdicios sublimes que el sol nace y descubre al contraluz de la pérdida, otra pérdida.

       Era el pensar. Era toda la profanación de tus años como un crimen movible: hembra y macho incrustándose en la forma de un niño hasta comerlo. Era un emperador lunar en la soledad de los prostíbulos. Eran los perros carniceros que persiguen mis huellas. Era el hermafrodita llevado en su carroza y adorado como un dios musical. Era Miguel Angel, poeta, crispando tus yertas flores de áloe. Era Leonardo, fijando para siempre el rostro del Cristo y el de medusa. Era el abrirse de una violeta en la tumba de Apolonio de Tyana. Era el fósforo, la cal, el desaliento. ¿La indeclinable larva de las vírgenes?

       Escribo sobre la emoción con cuchillos envenenados. Pasa una muchedumbre junto a las alcantarillas. Mírame. Incluso la lluvia puede parecer una fiesta.

 

Buenos Aires, fines del invierno de 2002  
Manuel Lozano  

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EL CLARO REGRESO

a Blanca del Moral


Cuando el río sube con sus desperdicios
(en la difunta alegría de lo que ha sido
                                     /revelado),
la mujer abre la jaula.
Una fotografía de impaciencia dirá ser
                                     /su verdugo,
pero es otra la tormenta entre bambúes;
hubiera sido preciso desterrarse
hasta el no-castigo, hasta la parálisis
de quienes moran la noche
con forma de camelia y maneras
                                     /de pelícano.
Es probable la escarcha,
como el amor es probable su ácido
y las lívidas rotaciones plegadas
                                     /sobre el porvenir.
Acaso el testigo,
siempre el acaso merodeador
guardará la muralla.
El altísimo, acaso, ligeramente
profanara las enredaderas
                                     /de tu heroica pureza.
Se inclina un insecto.
Simulado Artaud barre los desperdicios:
la vajilla está rota,
Nishapur está en llamas.
No te prepares para el encuentro.
¿Cómo creer que lo ignora,
como si hubiera arrojado los granos
de la más fría soledad en su totem?
Nunca más recuerdos para lamer,
ni almendras dispersas.
Jamás un himno para estos perros del ayer.
Que me instiguen a huir.
Anudo la desposesión frente al prodigio.
Dejo las vanidades de este mundo.
Atrás las palabras indulgentes,
transformadas de arriba abajo
                                     /por el sacrificador.
¿Hablábamos de paraísos?
¿Cuándo me embriagaron con el nacimiento?
Aquellas fueron las frutas de tu linaje.

 

París, diciembre 1996/Buenos Aires, septiembre 2002
(Este poema integra el libro Mansión Artaud)

Manuel Lozano  

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