11
mayo 2002

 

Ulises
Varsovia
   


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Cuatro      
     poemas
de:
Nocturnal

 

Ulises Varsovia

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11
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Ulises
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eom
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Cuatro poemas de Nocturnal

 

Nocturnal

Lleno el nocturnal corazón
de los desfallecimientos
de las hojas temblorosas,

lleno, lleno de una poción
destilada del umbroso
atardecer de alas rotas,

cualquiera de tus párpados,
cualquiera de tus guaridas,
otoño de gris melena,

cualquiera de tus tránsitos,
o de tus quebradas sendas
entre la amnesia y el sueño,

para mi umbroso corazón
atrapado en tus atardeceres,
lleno de claudicaciones.

 

 

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11
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Ulises
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eom
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Cuatro poemas de Nocturnal

 

Alta tarde

Hoy las seis de la obscuridad
del señor otoño,
hoy las tardecida y tantas
de su rodaje humedad,
y nadie sonoridad,
nadie entreabiertos ojos
o lentas guitarras.

Hoy las innúmeras y altas,
hoy las ya irreconocibles
del tráfico astral,
lentas, lentas sus pisadas,
y perdiéndose en la urdimbre
de la niebla abismal.

Las seis de la desbandada,
las tardías del corazón:
señor otoño, piedad
en las tantas que otredad
pasando por el reloj
de horas malhadadas.

Las póstumas, las desnudas,
las temblorosas de frío
en la intemperie astral:
hoy lentas, hoy inconclusas,
hoy suma de los destinos
en el sino monacal.

Hoy las dieciocho crecientes,
hoy las totales menguantes,
hoy telaraña humedad:

Señor otoño, piedad
a las tantas de la tarde,
a las nunca de la muerte...

A lo obscuro de lo viviente,
a lo trágico de la muerte,
a lo eterno de la humedad.

 

 

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Cuatro poemas de Nocturnal

 

Desde el corazón del otoño

Reunir alguna vez los dispersos,
reunir lo fijo y lo transitorio,
lo que desde ti su vano llamado
como niños ahogándose hacia adentro,
ahogándose en llanto, en obscuros cuartos.

Reunirlos en el corazón del tiempo,
en el corazón del otoño, rodeado
de toda la dispersión imaginable,
de todo el senescente desamparo
agitando en el viento su agonía.

Reunir sus pasos perdidos, sus huellas
dispersas por todas, todas las rutas,
llamarlos en alta voz por sus nombres,
por sus señas, por sus claves dormidas,
en alta voz, en altos atardeceres.

Recoger sus polvorientas cenizas,
su polvorienta voz, su caligrafía
por la extensión de los años dispersa.

Llamarlos desde el corazón, desde el cruce
de las despedidas, en la dispersión,
en la senectud de las hojas, llorando.

Reunir por fin su ausencia dividida,
su inconclusa ausencia, sus pasos truncos,
lleno de fervor, en la encrucijada.

Y seguir llamándolos en el otoño,
en la dispersión, en el frío desamparo,
seguir pronunciándolos dispersamente,
ensordecedoramente, ceniciento,
polvoriento, desde los atardeceres,
desde el corazón húmedo del otoño.

 

 

 

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Cuatro poemas de Nocturnal

 

Arco

Que tu espíritu un arco
de fría luz testimonial
entre el ser y su entorno,
entre el ojo indagador
cautivo en tu frente
y el exterior en brumas.

Ajena y hostil la luz
dándole forma a las cosas,
equívoco el contorno
del relieve fantasma
en su tránsito detenido,
engañosa la disposición
de los cuerpos en el espacio.

Sólo el ojo invisible
a través de la intemperie
con su sensor midiendo,
otorgando peso y distancia,
elucidando conducta,
función, actitud, destino.

Sólo el espíritu en arco
de luz óntica indagatoria
tendido entre el ser y las cosas,
tenso de esfuerzos reunidos.

 

 

 

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