Cotidiano
I
Despertarás
hoy igual que ayer.
Tendrás prisa
incontenible
de salir al sol.
Nada podrá detenerte en tu arrebato
hacia la luz.
Luego te vestirás con ropa discreta
como casi todo
ser humano
allá afuera.
Consultarás el reloj una vez más
como buscándote
a ti mismo
en absurdas manecillas.
Olvidarás lo que ayer hiciste y renunciarás.
Renunciarás.
Después
comerás la misma porción de soledad,
de hermetismo que comes
cada mañana.
Limpiarás coches de antiguos ensueños
y de culpas.
Lavarás dientes de blancura y de ausencia
y saldrás
a la jungla
que te espera
en laberinto
eterno.
Correrán manadas de otro a un lado.
Te integrarás.
Serás uno más del montón.
Te adherirás diciendo muuu o beeee.
Correrás junto con ellos hacia donde vayan en su carrera.
Olvidarás cosas que son importantes a veces.
Pero solamente a veces.
O sea, en realidad
casi nunca.
II
Deja
ya a los fundadores por la paz,
deja que se elogien mutuamente,
deja que descrezcan,
que socialicen,
que crean
lo que nadie cree -sólo ellos-,
sabes bien
que no hacen otra cosa
porque no tienen algo más qué hacer;
si al menos encontraran algo más interesante.
Son perfectos
animales
de cerebro extraño,
son hierba que sobrevive sin agua
y en espacios arbitrarios de tierra tradicional.
Mejor
penetra en tu mundo interno,
explóralo, viértelo al exterior,
hacia el universo.
Sé un poeta,
no seas
escritor de versos:
éstos pueblan rincones del mundo
mientras que aquéllos no nacen con frecuencia.
©
Ramiro
Rodríguez
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