8
febrero 2002
   
Manuel
 
  Lozano


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ARS POÉTICA

 

Quemarme con las criaturas de la arena

/de sangre de su manto.

El viajero vuela sobre el bosque.

Habíamos despertado las puertas nocturas.

 

 

La Habana, 2-I-2002
Manuel Lozano

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LA DANZA

 

Paréceme una cueva donde guardar los hilos
que estallarían el aceite y la saliva
extendidos como sudarios por el júbilo negro.
Me río en la albura de esta profanación:
¿Son manicomios los que ríen
por mi perdida sangre, por tu perdida
                                        /osamenta,
por el tejido de llagas?
Entre ellos va cayendo una mansión.
El germen vela a la hija más fría
de Xangó con su perro entre los pastizales.
¿Ante qué liquen era el milagro
de tu muerte hundida por un tigre que vuela?
La sed pregunta por la herida,
discurre en percepciones de rocas
de un planeta exhalado para el amor,
para otros altares.
No hay víctimas sin red,
ni lajas sepulcrales sin declives.
El soplo desnudo es un caballo.
Paréceme trepar como gramilla lejana,
tal vez humo.


Cuba, Trinidad, 15-I-2002
Manuel Lozano

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TODO ANIMAL NOCTURNO


Y dijo al varón vestido de lino, que
estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo
será el fin de estas maravillas?

DANIEL, 12:6


In memoriam Walter G. Weyland

 

Han excavado de repente en el dolor
                             /y no es posible,
la semilla ha crecido hasta la tarde
de cuanto era en el mundo.
¿Con qué fulgurante esplendor
                             /fue abierta la entrada
al templo cuyo pórtico entreviste?
Angel con espada de azucenas,
álzate del vértigo y ayuda al que tiembla
                             /con su voz en esta puerta.
No llores sobre esta red inconclusa,
                             /sustentada en humo
por un tiempo, y tiempos,
                             /y la mitad de un tiempo.
¿A qué cauce de cenizas arrojarás la herida
                             /de este hombre?
¿Qué cortejo increíble ocultará la pérdida?
Se sustituyen las máscaras de piedra,
                             /de desechar y de oro,
de cansada carne escuchando el llamado.
En la memoria del día duelen tanto los viajes
                             /al prodigio.
Ya no arrastres tu piel en la lenta fiesta
                             /del espejo.
El vallado se deshace y evidencias la desbordada,
                             /brillante
fortaleza de tu revelación.
La Rueda huye hacia otro llanto.
Una fotografía es un vidrio gastado
                             /como un muelle.
Debajo del sol (de un sol de escalofrío)
nos comen las langostas, trabajan sanguinarias
el despavorido corazón de los vivientes.
¿Cómo reconocerme en el antes
                             /si mañana despierto?
Ya no más.
Que no se les conceda vida a esas escorias.
¿Y quién terminará con su mal
                             /sobre esta superficie?
Oye las palabras del que queda.
Aunque el desierto se callara
                             /con gotas de sangre,
él cantaría.


New York, mayo de 1995
Manuel Lozano

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LA TRANSFIGURACIÓN DE LOVECRAFT

 

Cuando no sean necesarios los jirones
del blanco esplendor de tu vacío en fuga
-el cercano en la piedad, tal vez el pavoroso-,
ni acariciar la mano ardida de la fiesta
porque aquello ha de cumplirse en esta brisa,
gotas del nombre escarchado bajarían
                                              /por la piel.
Las telarañas del delirio se clavaron aquí
por tu languidez de espinas, pródigo errante.
Acudiste hacia la lepra,
por la voz de una lepra hirviente
entre los juramentos del dios olvidado.
Crujen y mastican en sus cuevas.
La perpetua geometría
lame ahora el muelle donde embriagas
la caída fabulosa de los otros.
Hay un rebaño de ausencia en el encuentro.
¿Qué estuche artificial acentuará las demoras,
si señalar el fuego es tu ley,
si cubrirte de escamas tu costumbre?
Oíste el himno:
¿Pero qué acantilado recibe a las mareas?
¿Qué pálido violín con raíces frenéticas
para el nadador de naufragios?
Va perdiendo lo que alcanzas.
Así desplegarías tu hechizo,
la absolución de miserias.
Desertaste del hombre.
Fiebre, moscas y sueños.
Un tibio, dulce olor a crimen
reconoce en mí al desolado.


París, 16 de octubre de 2001
(del libro Mansión Artaud)

Manuel Lozano

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A QUATRO HEURES D'ETE L'ESPOIR

 

Alzate sombra, hoy sin convicción,
durmiendo como pez en los océanos
En el borde esparzo las monedas verdes
a la vista de todo el enemigo
en este falso universo,
permeable a los insomnios,
quebrantado a veces por la gloria de amor.
¿Humeas el hirviente escándalo de tu voracidad?
¿Gira el paisaje mental en que naces,
ojos de fruta madura bajo hornallas,
apenas esbozada sonrisa de mi muerte?
Si hubiera dicho la aurora,
la escalofriante duración de toda despedida.
El sacrilegio entra en sus zarpas.
¿Giran los robustos y débiles,
los soleados y agrios mendigos
de un dios a su guarida?
Pero álzate sombra.


Cuba, Remedios-Santa Clara, 12-I-2002
Manuel Lozano

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