7
enero 2002
   
Néstor
 
  Ventaja


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De Islario Sudeste:


CIUDAD

La ciudad, campo
santo, blanco, inmaculado,
inoculado de canas, alfileres y mercados;
esqueleto construido con deshechos,
pompas y oropel a flor de tierra
gusanos
 
              en el fondo de la hamaca
largas siestas
      de estos y aquellos
                                       savia
      al antojo derramada.

En las barrancas del Bajo
en las villas escondidas
                                          por pudor

toda vez que el pueblo

Ay!..., el pueblo!
¿Puede ser dicho el pueblo en los dos mil?

arma en la baraja
      un juego decente,
la historia
                              la encuentra
• ciudad, paraje, pampa, pajonal -
virgen al día
      anterior al nacimiento, cuerpo
                     tan joven asusta
soñar empiece a hablar
                                          después del sexo.


Cualquier verdad (la verdad, otro fantasma)
en las calles
arbitraria
      en tanto trascendente,
                        huye al laberinto
      de un futuro
                           anterior
                                         al hormiguero y la colmena
el río arrebataba por el bajo,
desedificados los dockes y en el centro
unos chatos arroyos
                        amasados
cascotes de mezclas indigentes.
Riachuelo empetrolado,
turbio sopor de entrañas marginales,
unitaria avenida
      del manco Paz
                              país
                        de moles huecas
con vocación identitaria,
                  adictos espectadores
formateados a décadas
      de bastones abanicados y circo.


Microcosmos adúltero,
      geografía hipertensa,
            millones
                              anónimos,
brazos prescindibles,
sin rostro
                  interior.


Pulso de un espacio
         al borde del vacío
con todos los ídolos
                             caídos
con todos los nombres por nacer.


Una ciudad,
                  cualquiera,
                                          pero esta.

 

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Néstor
 
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De Fuegos de la Tierra:


MUNDOS DE MEMORIA INFINITA

A Perez Celis

Un llanto de fuego
empapa la noche,
llanto desposeído
sobre un mar de ocres
rugosidades de luz.

El tiempo trabaja la tela
más allá
de la mano el artista
hundido en las estrellas
inagura
galaxias de tinta;
tragado por el cuadro
suda colores
enciende
humos de abril
con sus cristales heridos.

 

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Néstor
 
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De Fuegos de la Tierra:


LA CASA ENTRE DOS MUNDOS

La casa de la abuela sostenida
en el aire escaso
de tiempo de la tarde;
mitad isla del Tigre, mitad barrio
Lugano de zanjas y baldíos.

-Dobranosh flisqui fli nanos.
(lo escribo tal cual suena,
memoria de mi niño)
ese soplo de voz
de noches blancas
destierra en infancia todo invierno.

- Paraduji parpaduji
Astafasqui nadabasqui.

Los ojos cerrados
detienen el viento.


Abuela río
abuela barro,
fina tajada de jamón
compartido
acontecer de una verdad.

La Europa guerra
borrada en nietos,
en la misma cama
donde parió a mi madre,

la muerte

apenas después
de la última
merienda de inocencia;

sólo para chicos ya
la niebla enlutaba la mirada
en la humanidad de nuestra cuadra.

Anticipo de despojo
la inundación se llevó
corral y patos,
del pueblo en la montaña,
aroma a nieve
en las laderas de sus sienes.


De esa mujer
alguna fé
para creer imposibles
más allá del mar,
de las lenguas y los pueblos;

el cuchillo rasga la feta,
desmiente su textura,
la abuela guarda la pieza,
casi intacta,
leve, intangible,
manos de pergamino,
muy blanca y dormida,
- beso de nube -
en esa caja
de madera marrón.

 

Néstor Ventaja

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