14
septiembre 2002

 

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Centenarios


Aparece esta nueva entrega de la revista EOM cuando se cumplen los cien años exactos del nacimiento de Cernuda y no le dedicamos este ejemplar, no porque su obra no lo merezca sino porque son ya tantos los ejemplares dedicados a la realidad que preferimos quedarnos en la sombra del deseo.

No se puede afirmar que los centenarios carecen de interés, en todas las acepciones del término, lo tienen y mucho, éste en especial. Las circunstancias que dieron forma a la vida de Cernuda fueron variadas y muchas de ellas han sido y son objeto de etiquetados sistemáticos. Los centenarios agradecen el etiquetado y lo sustentan. Así nos encontramos con una serie de conceptos -generación, homosexualidad, exilio...- que servirán de excusa para la celebración por piezas de una ausencia.

Sabido es que no hay poeta más celebrado que el que ha muerto, o tiene ya la muerte en el zaguán y mermada la lucidez o ancho el cansancio; circunstancias todas que hacen posible, a los buitres, la conjunción entre la realidad y sus deseos.

Así, entre sinceros homenajes reconocibles por su sencillez y su alejamiento de la palabrería tópica y fácil, se deslizan algunos poetas oficiales, algunos críticos con demostrable fidelidad editorial y, en lo alto de la pasarela, esos políticos grises que gustan hacerse un traje con paños de cultura.

El político se aferra al exilio del autor, puesto que, aunque dice celebrar su dimensión literaria, entiende más de divi-den-dos (o donde digo digo, digo Diego); además, la homosexualidad lo pone contra las cuerdas de la realidad y su deseo, no vaya a ser que alguien le recuerde leyes para las sutilmente denominadas "parejas de hecho" pero con pocos derechos.

El crítico celebra las nuevas ediciones de la poesía del poeta y suele olvidarse de la crítica del crítico, pues las comparaciones pueden ser odiosas.

El poeta oficial piensa en su propio centenario y se escribe epitafios ante el espejo, aprovechando la circunstancia de que los suplementos culturales (o, en realidad, editoriales) le subvencionan los reflejos.

A pesar de lo expuesto y de la práctica que aúna el ocio y el negocio, no todo es tan positivo para el espectador, el centenario también nos recuerda los textos que no hemos leído y deberíamos leer porque esa es la mejor forma de recordar al autor.

Celebremos la presencia de los autores vivos,
EOM ya está aquí, recomendamos entrar ya y no esperar su centenario...

por si acaso (o por si las moscas).

 

Francisco Javier Cubero

 

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